La “situación” que tenemos con Bolivia a propósito de la aspiración marítima de ese país ha vivido momentos muy distintos y algunos de ellos francamente curiosos.

Estuvo, desde luego, al famoso “Abrazo de Charaña”, en que los generales Banzer y Pinochet, que gobernaban respectivamente Bolivia y Chile, acordaron canjear mar por tierra. Los chilenos entregaban una porción de su mar a cambio de una porción de territorio boliviano. El acuerdo no prosperó por oposición de Perú.

También se exploró tiempo después la fórmula de “gas por mar”, en que Chile nuevamente aportaría con un trozo de franja costera que sería retribuida con parte del rico gas de los yacimientos del país altiplánico. Pero tampoco resultó.

Y ahora estamos en esto. La machi Francisca Linconao, la más simbólica de los imputados por el crimen del matrimonio Luchsinger Mackay -quemado vivo en su propia casa una noche de enero hace cinco años- , viajó a Bolivia pocos días después de que la corte de Temuco ordenara rehacer el juicio en esa causa, y pocos días antes de que se revisaran sus medidas cautelares. Es decir, la acusada aprovechó una ventana perfecta para volar vía Latam a la nación de Evo Morales.

Y ocurre que los chilenos ya estamos curtidos con este tipo de situaciones. Ya nos ocurrió que la ex Presidenta Cristina Kirchner le dio refugio al comandante Salvador del FPMR en Argentina para evitar que fuese juzgado en Chile por el crimen de Jaime Guzmán. Varios países europeos hicieron lo mismo con otros prófugos de la justicia chilena. En todos los casos el argumento para justificar la medida fue algo así como que en nuestro país no existían garantías de un juicio justo. Es decir, se puso en duda la solvencia de nuestro estado de Derecho.

Si Argentina o Suiza actuaron de ese modo, ¿qué podemos esperar de Evo Morales?

Mi apuesta es que Morales tomará de rehén a nuestra entrañable machi. Ella creerá que la invitación que recibió para viajar, y todas las atenciones que de seguro está recibiendo ahora mismo en tierras bolivianas, son una muestra de cómo quieren en Bolivia al amigo cuando es forastero. Por un momento pensará que la solidaridad de los pueblos que son hermanos en la Pachamama es la que la cobija. Estará presa de una mezcla entre la ensoñación de la unidad latinoamericana de pueblos originarios y el síndrome de Estocolmo.

Nuestra pobre machi no se dará cuenta de que si Evo Morales decide darle refugio político será menos por cariño que por cálculo político. La machi es un regalo para el gobernante boliviano. Ella será su “monedita de oro”. Le servirá para armar un caso que le sirva para enfrentar el juicio contra Chile en La Haya este año; para revivir los sentimientos que hicieron a sus compatriotas llevarlo alguna vez al poder, y así asegurarse la reelección que le ha sido esquiva; para meterle más presión al Papa Francisco y así conseguir que hable del mar para Bolivia incluso cuando esté en Temuco, porque estando ahí se acordará de la machi, que seguirá de visita en Bolivia… Ufff.

Pero lo más importante es que la machi será también “moneda de cambio”.

“¿Quieren a su machi?”, preguntará Morales. “Ok, se las devuelvo, pero pasando y pasando: Mar por Machi”.

/columna de Joe Black para El Mercurio

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