¿Qué le pasa a la Democracia Cristiana? Es lo que seguramente muchos se preguntan. Casi con extrañeza. Lo que resulta al menos llamativo, porque es algo que se veía venir. Más que nunca, cabe el concepto: Crónica de una muerte anunciada. De hecho, lo anticipé hace más de 5 años, cuando presenté mi renuncia al partido: La DC no puede convivir bajo un mismo alero con el Partido Comunista, porque estos no creen en la democracia, nunca ha sido democrático. Por lo mismo, jamás han hecho la menor declaración en contra de los terribles genocidios cometidos en Alemania Oriental, Cuba y ahora Venezuela. No hay que olvidar que en 1970, la DC le exigió a Allende un Pacto de Garantías Democráticas para respetarle su primera mayoría relativa, lo que demuestra claramente los recelos que su permanente actitud provocaba. Los hechos lamentablemente le dieron la razón, porque en cuanto asumió el poder, Allende reconoció que era el presidente sólo de los chilenos que lo apoyaban (léase UP) y comenzó una provocación declarada que hubiera terminado en una sangrienta guerra civil si no intervienen la FFAA. En ese momento, si la mayoría de los líderes de la DC apoyó la intervención militar  fue porque el régimen de Allende había sido declarado ilegítimo tanto por el Congreso como por la Corte Suprema. Posteriormente la DC inició su acción opositora cuando se perpetuó una dictadura personal, que comienza cuando Pinochet se auto designa Presidente. En la actualidad, es evidente que el resto de los partidos que conforman la NM (con muy pocas excepciones individuales) e incluso la propia Presidenta Bachelet se sienten ideológicamente más identificados con el Partido Comunista que con la Democracia Cristiana. ¿Porqué, existiendo diferencias tan profundas y absolutamente insuperables la DC aceptó “dormir con el enemigo”, en un pacto en el que llevaba todas las de perder? Es una pregunta que merece otra reflexión más a fondo. Puede ser el peso que han ido adquiriendo los izquierdista al interior del partido, el ansia por conquistar y mantener el poder, controlar espacios en el Estado y conservar puestos de trabajo en el aparato estatal. Por algo la agenda del gobierno en el último periodo se llevó adelante gracias al apoyo de los diputados y senadores DC. Si miramos las votaciones en el Congreso, cuesta distinguir un democratacristiano, incluso conservador, de un comunista. ¿Puede un partido político sobrevivir a tanta incongruencia? La respuesta y los hechos son contundentes: definitivamente NO

/Columna de Waldo Mora Longa publicada en la página editorial del Mercurio de Antofagasta

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