Cada cierto tiempo, Andrés Zaldívar recuerda una anécdota que sacó de las memorias de Henry Kissinger, conocida como “la diplomacia del ping pong”: en abril de 1971 una delegación de jugadores de EEUU viajó a la China de Mao para un partido de exhibición, terminando con el bloqueo de décadas. Perdieron con el anfitrión, visitaron la gran muralla, fueron al ballet y regresaron. Fue la reapertura de las relaciones entre ambas naciones. “Ahí también hubo cocina, pues”. “En eso de Corea y la reactivación de la línea telefónica también hay cocina, ¡y qué bueno que así sea!”, afirma.

Zaldívar insiste en que le ha dolido el trato que ha recibido tras ser ratificado en el Consejo de Asignaciones, y que varios de los que votaron en su contra el miércoles por la mañana, fueron a darle explicaciones por la tarde. Sabe que se ha convertido para bien y para mal en el símbolo de una generación política de los acuerdos, tesis que reivindica -que plasmará en un libro- y que por lo mismo no va a renunciar a su futuro cargo ni tampoco va a dejar la política. “No me voy a ir ni a un convento, ni a un monasterio, ni al desierto”.

Le quedan exactos dos meses para dejar de ser senador. ¿Pensó que su salida sería distinta y no como está siendo? ¿Por la puerta de atrás?

-Sí, sobre todo por que se ha transformado un tema que no tenía ninguna trascendencia y que en las últimas 48 horas ha convocado a casi toda la política. Eso no tiene sentido, no pasó por mi mente que esto se fuera a producir porque en primer lugar yo no busqué la nominación. Estaba claro que me iba a mi casa, tomaba mis cosas personales y me preparaba para el futuro. Pero se produjo esto, porque la unanimidad de los senadores me plantearon la necesidad de que yo participara en el Consejo de Asignaciones porque estimaban que era bueno que hubiera una persona con la experiencia de la actividad parlamentaria. No con el objeto que algunos han pensado de querer tapar cosas o no hacer transparencia. Y yo dije que estaba disponible siempre que se hiciera sin mayor conflicto, y así me lo aseguraron. Bueno, cuando se produjo la nominación con la comisión bicameral entendí que había un acuerdo político de todos los sectores. Lo que se produjo después, y es bueno clarificarlo, no se produce por mi persona.

Y entonces por quién…

-Yo no ocupaba ninguna vacante de ex parlamentario sino que se me propuso como ex ministro de Hacienda, para evitar que se produjera esa discusión. Pero bueno, los diputados socialistas se sintieron marginados y reclamaron, dicen que el voto fue de reclamo, el PS estimó que había sido marginado. Eso me puso en medio de la tormenta porque el cuestionamiento es ya no al hecho de mi designación sino que a mi persona. Algunos dicen ‘¿por qué este señor sigue metido en la política, por qué no se va para su casa?’, pero en ese caso les digo algo muy claro: no me voy a ir al monasterio, no me voy a encerrar en un convento ni me voy a ir al desierto al anonimato, voy a seguir siendo parte de este país y voy a seguir entregando mi actividad a la política desde fuera del Parlamento. Ha habido una actitud muy injusta y me ha dolido.

¿Dolido de quiénes? ¿De su propia coalición?

-Siento como que he sido víctima de una agresión indebida, una agresión que se lleva al hecho de que estoy apernado, o que estoy buscando una pega, que no me quiero retirar de nada, que quiero seguir teniendo influencia, que voy a estar en el Consejo de Asignaciones para tapar las cosas del Senado. No voy a ser tapadera de nadie. Se da el argumento de que el senador Zaldívar se opuso a entregarle los antecedentes a la Fiscalía lo cual no es cierto. ¡Ese fue un acuerdo unánime! Lo único que hice como presidente del Senado es representar un acuerdo unánime del Senado. Jamás he negado información personalmente, estoy dispuesto a que se entreguen los antecedentes, pero tengo que cumplir la ley y la Constitución.

En una entrevista radial dijo que no renunciaría a su nominación porque renunciar era reconocer algo incorrecto que, a su juicio, usted no ha hecho. De todos modos, en el estado actual de la política e independiente de que, como dice usted, no hay una irregularidad en la nominación, ¿no hubiese sido mejor declinarla?

-No, porque hubiera sido reconocer que hubo un procedimiento que no corresponde o que estoy inhabilitado para desempeñar una función de ese tipo, o que ando buscando cosas torcidas. No lo voy a hacer, por ningún motivo. Es como cuando uno le dice ‘mire, renuncie a tal cosa porque le vamos a perdonar la vida’ y no estoy disponible porque se puso en juego mi honorabilidad, mi pasado limpio de servicio público. La designación se hizo ajustada a la ley. Ahora dicen que se hará un reclamo al TC, yo le digo que tienen todo el derecho, y si el TC dice que no procede seré el primero en acatarlo. El que me ataca yo lo ataco, ahí pierdo mi pasividad. Soy una persona muy pacífica, busco los acuerdos, pero quien me quiera dar la pelea me va a encontrar dando la pelea.

Desde el “no todo el mundo puede estar en la cocina”, que usted es el símbolo del político que hace acuerdos en privado, en lo oscuro, de espaldas. ¿Fue un error decir lo que dijo?

-Sí, se le dio una interpretación muy distinta a la que corresponde. Lo que siempre he sostenido es que los acuerdos no pueden hacerse en la plaza pública; los acuerdos se empiezan a tejer siempre entre la gente que está más cercana al problema. Y para tener éxito una negociación tiene que partir con una cierta capacidad de privacidad. Porque si tú andas gritando por las calles el acuerdo estoy seguro de que no llegarás nunca a ningún acuerdo. Eso está dentro de la estrategia más mínima de lograr acuerdos y consensos. Ahora, cuando se dijo es cierto que no todo el mundo puede estar en la primera fase. En ese sentido se habló de la cocina mía y además sin ninguna justificación porque se trataba de la reforma tributaria, y la reforma tributaria no se arregló en mi cocina, se hizo en la casa de Andrés Allamand, donde estuvo Fontaine que fue quien propuso la fórmula que se aprobó. La cocina no es mía, porque podría aducir un cierto derecho de llave y ponerle a un restaurant ‘la cocina de Zaldívar’. Pueden pretender que sea el símbolo de la política antigua, de entendimientos en privado, de esconder las cosas, pero no soy nada de eso, todo lo contrario. Soy contrario a la política del conventillo, del núcleo donde se resuelven las cosas. Me ponen a mí como símbolo de la no renovación, y en parte la votación de noviembre pudo tener esa influencia.

Pero ante los últimos resultados electorales, podríamos decir que, al menos, a los defensores de los acuerdos -o de los matices- no les fue muy bien.

-Es cierto y ojalá que no triunfe esa tesis. Estoy convencido de que la democracia no sólo necesita un voto más, necesita amplitud de los acuerdos. Son temas que tienen que perdurar en el tiempo. Una gran reforma educacional requiere acuerdo, una gran reforma previsional requiere acuerdos. Eso no quiere decir que se inmovilice, pero hay que llegar a un denominador común donde puedan hacerse esos acuerdos. Si vamos a tener una nueva Constitución se requieren grandes acuerdos. Ninguno tiene fuerza por sí mismo y si ninguno tiene se necesita un entendimiento.

¿A qué atribuye usted que su generación hoy sea reconocida como la gran responsable del estado actual de la política? Hay nulo o muy poco diálogo con las generaciones más jóvenes.

-Es un gran error. Cuando entré a la política se hizo ese diálogo entre una generación que venía y otra que había abierto el camino. Yo tenía 30 años de diferencia con Frei Montalva, pero teníamos un diálogo. Yo fui ministro a los 30 años, pero tenía ministros de 50 y 60 años. Eso no pasa ahora y hay que abrir espacio. No puede ser que los partidos tradicionales no tengamos presencia en el mundo universitario, ninguno, ni el PC. Hay poca presencia. En nuestro tiempo la presencia era abrumadora, hoy estas generaciones quieren desplazar a los viejos y se equivocan. Hay un dicho campesino que siempre repito: ‘en vasija antigua y con vino nuevo se hace el mejor vino’.

Pero tiene que haber una autocrítica de su generación para llegar a este punto. Me cuesta creer que sólo sea culpa de quienes, a su juicio, intentan desplazar a los viejos.

-Me hace sentir como que estoy en deuda de no ser capaz de tener más relación. Tengo buen diálogo con los jóvenes pero siempre me pregunto cómo poder llegar más, tener otra relación. Lo otro es que el mundo emergente es un mundo más anárquico en cuanto a su expresión y eso puede ser una cosa que va en contra de lo que pretenden. En nuestro tiempo la juventud era más cohesionada, la nuestra y la marxista. Este otro sector lo veo más desintegrado.

Desprendo que ese “otro sector” es el Frente Amplio.

-El Frente Amplio quiere echar a los viejos para la casa, esa idea ha tenido éxito pero creo que es un error, porque la política es una tarea de todos, de los que tengan más y menos edad. Lo importante es que los que vengan no sientan que les ponen la pata encima. Y tiene que ver mucho el sistema electoral. Si bien el último cambio provocó la apertura para que ingresen, creo que el mejor sistema electoral fue el que rigió después del 53 cuando se estableció un sistema proporcional representativo donde cada partido estaba obligado a llevar su lista completa. No había subpactos ni pactos, eso duró hasta el 73. Ganaba la lista con más votos en una cifra repartidora. Santiago elegía 18 diputados y la DC llevaba 18 candidatos, jóvenes, mujeres, dirigentes sindicales. En la primera elección se eligieron 2 diputados que tenían 21 años: Ricardo Hormazábal y Luis Maira. El sistema tiene que ser más estructurado para que la gente se sienta representada.

¿Cree que gracias al sistema, algunas fuerzas, como el FA, obtuvieron más, y la DC obtuvo menos?

-La gran perjudicada con el sistema fue la DC porque iba sola.

Pero eso no es culpa del sistema.

-Por supuesto, debimos tratar de que hubiera lista única, no la hubo, y el resultado fue ese. En cambio, el FA estructuró una lista con muchos candidatos. La DC no se preocupó de llenar todos los cupos, el FA lo hizo y ganó espacio. Se da el siguiente resultado: la DC saca casi 700 mil votos y saca 14 diputados; el FA saca 360 mil votos y logra 20 diputados. No es que esté haciendo una comparación odiosa, es la realidad del sistema. Si la Nueva Mayoría iba en lista única sacaba al menos 15 diputados más y al menos 4 senadores más. Es un error que se debe aprender.

¿Ahí perdió la elección la NM?

-Cuando ya era un hecho que tendríamos dos candidatos, entregué un documento de cómo hacer una campaña convergente para lograr el mejor resultado, pero mi tesis no fue escuchada. Dije ‘hagamos una campaña donde cada uno de los candidatos ocupe el espacio y hagamos una campaña en lealtad. Nosotros en el centro y ustedes en la izquierda’. Para eso necesitábamos tener una lista única parlamentaria. Se me dio como excusa que con la ley de cuotas era imposible. Era posible, no se hizo y ese tema provocó el desastre.

Pero la DC no quiso primarias.

-Siempre fui partidario de tener candidato presidencial que surgiera de una primaria plural donde fuera Lagos, Insulza -o quien fuera del PS- la DC con Carolina Goic y Guillier por el PR. Pero en el momento en que el PS descarta a Lagos y el PPD no es capaz de sostener esa candidatura, todos arrinconan a la DC. Si Lagos se hubiera mantenido hubiéramos hecho una primaria entre los cuatro, hubiéramos salido fortalecidos y el candidato hubiese sido Ricardo Lagos.

¿Está seguro que Lagos ganaba esa primaria?

-Sí, mucha gente nuestra, del centro, hubiera votado por Lagos. Cuando fui candidato a la primaria con Lagos mucha gente nuestra votó por Lagos. Así es la vida.

El FA calificó como un “chantaje inaceptable” la suspensión de las negociaciones en la Cámara.

-Ese juicio del FA es prematuro, no es conveniente hacerlo. No puedes hacer una reacción sobrecaliente. Va a pasar febrero, dejen que se aquieten los ánimos y vean qué hay que hacer. Para ser oposición no se necesita hacer alianza y ningún partido de la Nueva Mayoría está propiciando una alianza ahora. Tenemos tiempo para ver cómo proyectar una alianza futura, pero ahora no tenemos que actuar como bloque, no es ni siquiera conveniente.

¿Y no cree que la sobrereacción vino de la bancada DC? El acuerdo tenía importantes grados de avance…

-Yo le agradezco a la DC. Se había tomado un acuerdo y cuando se toman los acuerdos se cumplen.

Le insisto en que, según todos los involucrados, el acuerdo estaba cerca de cerrarse.

-¡No había nada encaminado, no había nada claro! Ni siquiera dentro del FA. La oposición tiene claro que si actúa en común puede tener la presidencia de la Cámara. Pero acusar al otro de chantaje es demasiado duro. La DC tiene razón de hacer un parelé (golpea la mesa) y que nos respeten, porque si no, no hay forma de tener confianza. Tampoco hay que magnificar cosas que no son. En materia de gestión del Senado siempre ha habido apertura, cuando uno está en el gobierno trata que su coalición sea la que gobierne la Cámara y el Senado, pero uno no puede pretender en ambas cámaras tenerlo todo. Si dices que harás un acuerdo político para presidir el Senado requieres un acuerdo político y tienes que hacerlo con fuerzas afines. Pero si dices que harás un acuerdo administrativo que me permita gobernar el Senado porque no tengo las mayorías estables, haces un acuerdo administrativo. No es la primera vez que se haga, tampoco lo llevaría al extremo.

Vale decir, bien puede lograrse un acuerdo con el FA como con Renovación Nacional, por ejemplo.

-Puede ser con el FA, con RN, con independientes, habrá que verlo. Es anticipado calificar de chantaje. El FA tienen que cuidar los términos. Escuché a Giorgio Jackson decir que no íbamos a estar en el gobierno, que seríamos oposición desde el gobierno. Le digo que no se olvide que cuando salió elegido, RD estaba incorporado al gobierno de Bachelet y él estaba en la oposición. Hay que ser cuidadoso en los términos.

/Entrevista de Hernán López para Pulso

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