En el apogeo anticlerical mexicano, allá por la década de 1920, el gobernador de Tabasco mandó a hacerse tarjetas de visita donde se identificaba como “enemigo personal de Dios”. Era la época del Presidente Plutarco Elías Calles, cuya piel se irritaba ante la sola mención del Creador y su Iglesia. El gobernador y el mandatario habían pasado por trances difíciles que explicaban su actitud: la muerte de un hijo en un caso; un padre ausente y alcohólico en el otro.

No se sabe qué experiencias traumáticas han sufrido los críticos acérrimos de la visita del Papa a Chile, pero sí que no dan cuartel para dejar establecido que el vicario de Cristo pierde el tiempo viniendo a un país secularizado, que su presencia resulta muy cara, que su magisterio social es desinformado e incluso erróneo… Con menos poder que Calles y sus seguidores, pero similar fervor, insisten en la irrelevancia del Papa y el mensaje cristiano.

¿Por qué molestarse en derrochar tinta y ganas en un personaje al que consideran de escaso impacto? El solo hecho de que presten tanta atención a Francisco pone en cuestión sus palabras y arroja luz sobre sus verdaderas intenciones.

Uno de los críticos más perseverantes de la visita papal ha predicho con certeza de adivino que, más allá de una efímera pirotecnia emocional, el viaje del Pontífice a Chile no dejará huella significativa, pues el país navega en dirección contraria a la de su mensaje.

¿Habrá que recordarle que Jesús no logró ser profeta en su tierra y murió crucificado? A nadie puede extrañar que el mensaje cristiano vaya a contracorriente de la cultura mayoritaria. Al tratar de seguir el camino que trazó Cristo, la Iglesia entra en contradicción con el mundo. Si no lo hiciera, estaría incumpliendo el encargo de su Fundador.

Pese a que rechazan explícitamente la mundanidad, las enseñanzas de Jesús y sus pastores son una referencia cultural y sobrenatural muy influyente en la vida cotidiana de nuestras sociedades y las de millones de individuos que luchan por acercarse al ideal cristiano.

El Pontífice ha llamado a evitar las tentaciones de la vida mundana. A menudo incomoda a católicos y personas de buena fe, convocándolos a “hacer lío”, abandonar el conformismo y ser coherentes. En vez de descartar a priori su mensaje, lo sensato sería atender al Papa con mente y oídos abiertos. Francisco tiene algo que decirle a Chile y es recomendable prestarle atención.

¿Están dispuestos los críticos contumaces a escuchar y -quién sabe- dejarse seducir? Como parece que no, resulta oportuno resaltar la vigencia de unas palabras que el teólogo y sacerdote Romano Guardini publicó hace ya más de medio siglo: “Hay un momento en el que, si los ángeles pudieran burlarse, estallaría en el cielo una solemne carcajada por la insensatez en la que incurren los poderosos, los sensatos, los cultivados, ¡precisamente cuando se vuelven impíos!”.

/Columna de Juan Ignacio Brito para La Tercera

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