El flamante timonel de la Democracia Cristiana, Fuad Chahín, electo hace unos días, nos ha obsequiado con grandes noticias. Hizo declaraciones que no solo, como dice la jerga orwelliana de la izquierda, “van en la dirección correcta”, sino además nos llevan a pensar con genuina esperanza y serena firmeza de que apenas se reconstituya, reunifique, refresque y hasta resucite, entonces su partido estará en condiciones y hará lo posible para que en nuestro país impere “la justicia, la paz y sea acogedor”. Estas últimas son literalmente sus palabras.

¿Quién podría aspirar a algo mejor? Tal vez los supervivientes de la ShutzStaffel no suscribirían ganosamente esa bella declaración de principios, pero todos los demás sí. Solo hay un problema; las expresiones usadas en dicha declaración, en especial lo del “país acogedor”, son un inescrutable enigma. ¿Es acogedor un país que recibe a cualquiera o es acogedor el que hace la vida grata a sus actuales habitantes? No se nos dijo, pero algunos quizás considerarán injusto pedirle precisiones a una entidad que últimamente ha pasado por tantos vía crucis. Un poco de caridad, señor mío. A eso contestamos que la tienda de Chahín no es, como el FA, una agrupación recién formada y repleta de sensibilidades a veces bastante distintas y hasta opuestas pese -salvo algunos carcamales de ambos sexos– a la comunidad de edad, anhelos y pinitos aspiracionales; al contrario, la decé tiene la mar de años y hasta presuntamente también tenía una doctrina, el “humanismo cristiano”. Dicho sea de paso, esta última es otra de esas expresiones que para los no iniciados en los misterios gozosos y dolorosos de la colectividad configura una sentencia difícil de definir operacionalmente, aunque de seguro los enterados podrían citar algunos párrafos escogidos de las encíclicas del “Papa Bueno” y hasta de Pío X y así darnos un atisbo de su sabor.

O habrían podido hacerlo en otros tiempos, en esos benditos y gloriosos años 60 cuando el reich de la Flecha Roja iba a durar un milenio. Hoy no ocurre tal cosa. Como ha sucedido ya otras veces, porque forma parte de la mecánica social y cultural de ese partido, una fracción ha decidido reemplazar al Papa por Marx y/o sus actuales mistagogos, otra se ha quedado en la Tierra de Nadie de la indefinición total y una tercera parte ha emigrado parcialmente a tierra derecha, pero con cierta mala conciencia nacida del hecho de no atreverse a declarar lo que realmente creen o más bien saben que funciona porque, como sucede con los neuróticos, una lejana experiencia formativa y deformadora los ha dejado anclados en una postura que no pueden superar, a saber, la de aparecer y parecer diferentes al sector de la “Fuerza oscura” según lo definió el pintoresco lenguaje de madame. Eso los detiene en seco. ¡No vaya a ser que los acusen de fachos! Es, el pensamiento de los idos, como el amor descrito por Oscar Wilde, ese que “no se atreve a decir su nombre”. En esa antinomia moral y hormonal han vivido toda la vida y lo hacen especialmente hoy para daño de su partido y aun más daño para el país.

No atreverse

No atreverse es el lema del momento. La cobardía impera hoy en un grado aun mayor de lo que ha sido siempre normal. Tal es el dominio psicológico de los grupos de interés -“movimientos sociales” según el diccionario del progresismo– extorsionando moralmente a todo el mundo que ya no queda ni un milímetro disponible para la disidencia y un poco de saludable indecencia. Los memes que circulan en internet, suerte de samizdat disfrazados de chistes, dan prueba indirecta de eso. En política se manifiesta en la tendencia cada vez mayor a rendirles pleitesía a los lugares comunes prevalecientes o, en su defecto, cerrar herméticamente la boca. ¿Cómo podría hoy un democratacristiano decir que la teoría del Estado benefactor, del Estado gestor, del Estado solidario, del Estado educador y del Estado sanador no es otra cosa que una impostura, el disfraz semántico del Estado arruinador, aplastador y paralizador? ¿No es acaso el Estado, en las concepciones prevalecientes, el benévolo instrumento de la VOLUNTAD de la COMUNIDAD?

En la decé, como en el resto de la clase política, no abunda el valor y menos aun la honestidad intelectual. En parte por cobardía y en parte por tener techos de vidrio los próceres decé más audaces solo se atreven a declarar que evaluarán los proyectos del actual gobierno pensando en el bien del país. Y aun esa módica declaración de independencia la diluyen de inmediato con otra diciendo “no me sumaré al gobierno”. Es lo más lejos que pueden llegar.

Lástima
Es una lástima por Chile. Los partidos políticos, como el propio Fuad Chahín lo dijo -quizás sin evaluar lo que decía– “tienen que trabajar por el interés de los partidos”. He ahí en todas sus letras y estampada a fuego la razón de ser de la política. A sus practicantes les interesa la “cuestión del poder”, no la cuestión del país. Ese afán se titula hoy “defender el legado”. Alguna vez se llamó “reconstruir la democracia”. Otras veces ha sido “preservar las conquistas históricas de los trabajadores”. Quién sabe qué será mañana.

/Columna de Fernando Villegas para el diario La Tercera

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