El exdirector del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), removido el pasado lunes, profundiza en su destitución y adelanta los elementos centrales del informe que debería ser publicado la próxima semana: “De los 405 niños que encuestamos, la mitad denunció o evidenció algún tipo de vulneración, desde abusos sexuales hasta desescolarización”. Además, explica por qué demoró tanto la realización del documento y apunta al Sename, a la nueva directora y a otros consejeros, como “obstaculizadores” de su trabajo.

La Comisión de la Cámara a la que asististe ayer te brindó su respaldo de forma transveral. ¿Cómo interpretas este gesto?
-Sentí el apoyo de parte de los integrantes de la Comisión de Familia a la gestión que realicé en el Instituto, que intentó superar visiones específicas en materias de derechos humanos y constituirse en un referente transversal. Cuando hay reconocimiento de todas las bancadas y varios partidos políticos a este trabajo, es una señal de que se hizo bien.

¿Esas señales no se manifestaron desde el interior del INDH?
-Por lo que ha ocurrido, el consejo del Instituto –no en su totalidad, algunos miembros- no concibieron que se estaba haciendo un buen trabajo, cuando todos los signos externos daban cuenta que fue una gestión adecuada y exitosa. Tuvimos mucha mayor participación y presencia nacional, más efectividad en la resolución de temas judiciales. Son cosas concretas que a mí me dejan satisfecho por el año y medio que tuve como director.

En la Comisión comentaste que comenzaste tu período como director con cuatro votos en contra, ¿cómo se expresó esa postura durante tu gestión?
-Cuando uno empieza con esos votos, que es totalmente normal en un cuerpo colegiado, también ve y entiende cómo trabaja la oposición. Estos cuatro votos, lamentablemente, trabajaron de manera bastante obstruccionista.

¿Por qué?
-Revisando las actas del Instituto, que son públicas, es posible percatarse que las pugnas que se planteaban por parte de estos cuatros votos siempre fueron obstrucciones, como ralentizar el trabajo, cuestionar mis atribuciones de gestión administrativa y de contratación. En definitiva, obstaculizar el buen trabajo de la institución. Al final siempre había obstáculos. Yo puedo entender que existan distintas visiones e ideologías, pero el consejo era el espacio para ponernos de acuerdo, no para obstaculizar nuestro trabajo.

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