Carlos Eduardo Gajardo Pinto (44). Oriundo de Curicó y ex alumno del Instituto San Martín de los Hermanos Maristas de esta ciudad. Es descrito por sus cercanos como un abogado “audaz”, “directo” y “respetuoso”. Reconocido como miembro de una “escuela” de fiscales “investigadores”. “De esos que van quedando pocos”, admiten quienes compartieron con él parte de los 13 años que ejerció como fiscal y que culminaron ayer tras su renuncia al Ministerio Público.

“Es el fiscal que uno siempre quisiese tener como víctima. Que siempre va para adelante, muy inteligente”, señaló José Antonio Villalobos, quien trabajara con Gajardo en su paso por la Fiscalía de Ñuñoa y Providencia.

Titulado de Derecho en la Universidad de Chile en 2001, durante sus inicios el hoy renunciado fiscal obtuvo el único fallo condenatorio en contra de un miembro de la familia Pinochet. Fue en 2004, mientras se desempeñaba en la Fiscalía Local de Curicó, que obtuvo una sentencia de 541 días de cárcel para Augusto Pinochet Hiriart como responsable del robo de un automóvil y porte ilegal de armas.

Pese a que el cumplimiento de la pena sería remitida, este hecho sería el inicio de una carrera de Gajardo al interior del Ministerio Público, que lo enfrentaría a diversas causas de notoriedad pública. Entre estas se encuentran las irregularidades en la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), el caso Fragatas y la condena en contra de María del Pilar Pérez, reconocida como la “Quintrala”. Hasta el ex entrenador de la selección de fútbol, Jorge Sampaoli, declaró ante él por la presunta realización de “clases fantasmas”, por las que el DT habría recibido de la ANFP millonarios pagos.

Sin embargo, la causa que lo reconoció ante la opinión pública fue el caso Penta. “Dicen en el campo, su señoría, que uno es tonto hasta las 12. Pero después de las 12 se nos pasa. Son más de las 12”, diría durante la audiencia de formalización que culminaría con la prisión preventiva de los dueños del grupo Penta, Carlos Eugenio Lavín y Carlos Alberto Délano, entonces acusados de recibir boletas ideológicamente falsas con el objeto de financiar campañas políticas.

“El cargo de fiscal es una mezcla entre abogado y detective. Cuesta encontrar persecutores que tengan las dos características. Carlos es parte de un grupo que reúne ambas”, indicó Vinko Fodic, ex fiscal que fue el superior de Gajardo en Ñuñoa.

Su particular forma de litigar no solo lo diferenció de sus pares, sino también le permitió el reconocimiento de la opinión pública. Desde aquella aparición en el caso Penta, su presencia no pasaría inadvertida en actividades públicas. Fanático del fútbol y del rock, los aplausos se reiteraban durante su asistencia a estos espectáculos. Bien recordada es la ocasión en que el propio Álvaro Henríquez, músico de Los Tres, le pidió una selfie al término de un concierto en que Gajardo asistió.

Su activa participación en Twitter es otro de sus sellos. Quizás el más polémico de ellos. Reconocido por sus mensajes directos y sin filtro, no dudó en expresar su opinión sobre distintos temas. Una de sus últimas críticas ocurrió luego de que los diputados retrasaran su ingreso tras Año Nuevo para las 16 horas. “Lo que molesta es el privilegio. En ningún otro trabajo, público o privado, puedes decidir a qué hora entrar a trabajar el 2 de enero. No es tan difícil de entender”, cuestionó en 120 caracteres.

Juan Enrique Vargas, profesor de Derecho de la Universidad Diego Portales, cree “imposible” que un fiscal evite un nivel de exposición como el obtenido por Gajardo, dados los casos que este lideró. No obstante, enfatiza que eso debe ir acompañado de “sobriedad y lealtad a la institución”, así como también no utilizar esta “fama” en beneficio propio.

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