Miguel Crispi Serrano es uno de los nuevos diputados y uno de los principales líderes del Frente Amplio (FA). Reconocido como uno de los pilares de Revolución Democrática (RD), fue su primer coordinador nacional entre 2012 y 2013. Es también uno de los líderes del grupo “pantalones largos”, “los más conservadores” de RD, como lo reconocen desde el partido de banderas verdes. Sociólogo de la PUC, fue electo presidente de la FEUC en 2009, logrando derrotar al gremialismo en dicha casa universitaria tras varios años de hegemonía, al fundar la Nueva Acción Universitaria (NAU), espacio estudiantil que también vio nacer políticamente al diputado Giorgio Jackson.

Miguel ganó su escaño parlamentario disputando el difícil distrito N°12, o “bastión de la derecha”, que incluye a comunas populosas como La Florida y Puente Alto. En esta disputa compartió lista con la periodista Pamela Jiles (PH), quien obtuvo la primera mayoría frenteamplista. Sus compañeros de militancia lo describen como un hombre “serio, en extremo estudioso”, de fuerte carácter y un tanto obsesivo con el trabajo. Fue militante del Partido Socialista hasta el 2012 y trabajó como asesor en el Ministerio de Educación, en el último gobierno de Michelle Bachelet, cargo al que renunció cuando RD decidió dar el paso para la conformación del FA.

El nuevo diputado de RD asegura que a un año de su creación, el FA está en un momento clave, que debe superar el origen de pacto electoral que sentó sus bases en 2017 y que este 2018 se debe apostar a construir una nueva base del frenteamplismo como proyecto a futuro, principalmente en los territorios. Además, agrega que se debe crear un equilibrio entre el poder que tengan los representantes institucionales, los territorios organizados en macrozonales del FA y la Mesa Nacional, que representa a las organizaciones y partidos frenteamplistas.

Respecto de la política nacional, afirma que no es tiempo para hablar de alianzas en función de un próximo gobierno, y que el desafío de ser oposición hoy radica en un momento de la responsabilidad, principalmente a nivel institucional. Señala que el FA no puede “esperar a que la Nueva Mayoría decante su crisis y se ponga de acuerdo”, sino que debe tomar la iniciativa: “No nos podemos quedar tomando palco”.

-¿Esto quiere decir que hasta el momento el FA ha sido pasivo como oposición?

-Hay una labor particular que tiene que ver con la tramitación de proyectos de ley. En ese ámbito nosotros no podemos tomar palco y tenemos que actuar como oposición. La acción expectante que hemos tenido hasta el momento, no le ayuda a las personas que votaron por nosotros. Solo nos sirve a nosotros para estar tranquilos porque no estamos tranzando nada. Entonces, así como se ha dicho que este es un momento ideológico, o es un momento estratégico, bueno, también este es el momento de la responsabilidad. Yo invitaría a ahuyentar a los fantasmas, sentarse en la mesa y rayarle la cancha a la Nueva Mayoría. Decir que nosotros estamos disponibles para ser oposición conjunta, por ejemplo, en el ámbito laboral en estos puntos, en esta agenda, y decir: invitamos a los parlamentarios de la Nueva Mayoría a conversarlo.

-Esta oposición “responsable” y colaborativa con la Nueva Mayoría en el ámbito parlamentario, ¿la diferencias de los espacios sociales en los que confluyen?

-Yo distingo dos planos: una cosa es ser oposición desde la institucionalidad, en este caso la mayor participación del FA está en el Parlamento y en el desarrollo de la oposición social. En la oposición institucional este es el momento de la responsabilidad y nosotros tenemos que ser capaces de generar las coordinaciones para el trabajo que nos permita enfrentar la agenda neoliberal y de retrocesos de Sebastián Piñera, porque es evidente que el FA solo no tiene la capacidad para enfrentarse a un gobierno de las características del de Sebastián Piñera. Es un espacio más de trinchera; ahí vamos a estar más a la defensiva, evitando el retroceso. Ahora lo que pasa en la sociedad, ahí tenemos que ser oposición a los sentidos comunes que heredamos de la dictadura y muchos de esos consolidados en democracia. Ahí la pregunta sobre la política de alianzas es totalmente extemporánea y está en una dimensión distinta. Creo que nosotros no tenemos que tenerle miedo al diálogo con otras fuerzas políticas, pero dejar cada una de las discusiones en su lugar. Y hoy día las señales precipitadas de políticas de las alianzas son extemporáneas.

-¿Con esas señales se refiere a los llamados a armar una alianza desde la DC hasta el FA, que ha dado la Nueva Mayoría?

-Quizá son señales de buena fe y en un acto loable, y también desde la naturaleza de cómo han habitado en la política, pero el Partido Socialista no se imagina fuera de una coalición y no se imagina sin ser gobierno, porque cuando no fueron gobierno tenían a Bachelet, que quizá fue el peor remedio que pudieron haber tenido porque no los invitó a una reflexión real de qué significa ser oposición. Sabían que iban a ser cuatro años solamente, después venía Bachelet. Pero hoy día sí se están haciendo la pregunta real, porque Piñera podría estar cuatro u ocho años más, entonces, creo que esos atajos que se están buscando desde sectores de la Nueva Mayoría, yo pienso que son extemporáneos. Creo que hay que ser efectivos para evitar el retroceso de la agenda de Sebastián Piñera, pero es tirar la pelota demasiado lejos que se suponga que a partir de esa conversación hay diálogo de políticas de alianzas para un próximo gobierno. No es el momento y no es el objetivo de hoy.

El FA debe superar su origen como pacto electoral

-Este fin de semana celebraron el primer año de esta precoz criatura que es el FA, luego de haber tenido el primer encuentro entre los territorios y la Mesa Nacional. ¿Cuál es su balance a un año de su creación?

-El primer año, por donde se le mire, es exitoso, pero tenemos que tener plena conciencia de que el FA se constituye, se bautiza, como una máquina electoral, y eso es un riesgo para el proyecto de futuro del FA. Una máquina electoral muy efectiva puede ser muy poco eficiente a la hora de trascender ese nacimiento. Tenemos que llenarnos de participación, construir efectivamente una forma que evite que seamos un cascarón vacío como terminó siendo la Concertación, y que el rol de los representantes sea de representantes del FA. Ahí el rol que jueguen los zonales, macrozonales, cómo se genera un diálogo permanente, el romper con el clivaje base-cúpula, es importante. Yo creo que tenemos que salir de esa dicotomía. Por ahí siempre van a haber tensiones, sospechas, conspiraciones. Ahora tenemos dos años sin elecciones, en que creo que nos jugamos gran parte de la capacidad de trascender un momento electoral, y entrar a construir un momento histórico para Chile.

-¿Cuáles son los cambios que deberían materializarse en estos dos años que vienen y cuán importantes son los tiempos electorales para su planificación?

-Tengo tres miedos, o desafíos a superar del FA. El primero es que la discusión del FA no sea centrípeta, que no nos hablemos a nosotros mismos, que permitamos que en la discusión interna le hablemos al país. Creo que en este mes y medio que ha pasado de las elecciones, el FA se ha estado hablando a sí mismo, perdió la capacidad que tuvo en las elecciones de hablarle a Chile y tratar de organizar un poco la esperanza, y no solo el malestar. Lo segundo que considero un desafío central, es que podamos salir de la agenda clásica programática de la izquierda y que, sin dejarla, nos metamos en los temas del futuro, como el calentamiento global, la inteligencia artificial, la desigualdad como un problema para conformar la sociedad. Y lo tercero es que existe un riesgo tremendo de que los representantes nos volquemos a ser autoridades, que es lo que le pasó a la política tradicional, y esa labor de representación es fundamental en una democracia participativa, que es la que queremos construir.

-Con este volcamiento a la discusión ensimismada, ¿se refiere a la pelea por la presidencia de la Cámara?

-El error no es tener esa discusión, a mí me parece relevante. Yo, al menos, desde RD creo que estamos en la disputa del poder y vamos por todos, y en este caso nos fue muy bien en una elección parlamentaria. Podríamos optar por tener la presidencia, y el Parlamento también es una instancia a democratizar, por tanto no es lo primero de la tabla, pero es importante. Ahora que nosotros hayamos permitido que esa discusión haya estado en el centro de la visibilización del FA, ese es el error. Porque hacia afuera, ¿qué es lo que le interesa a la gente? Hay mucha gente que no votó por Sebastián Piñera y tiene temor por las políticas que él va a implementar. Si el entorno de Piñera ya está hablando de cambiar la Reforma Tributaria, están hablando de horas de reemplazo respecto al derecho a huelga, de distintas políticas que generan incertidumbre, y respecto a eso tenemos una vocería que debemos ocupar y que es defender a ese millón trescientas mil personas que votaron por nosotros. Entonces, no se trata de evitar una discusión, de evitar la diferencia, se trata de que no nos hablemos a nosotros mismos, no nos quedemos en nuestras asambleas, y que seamos capaces de darle algunos espacios de certeza a la ciudadanía.

/Entrevista de Macarena Segovia para El Mostrador

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