La izquierda en Chile, en especial sus líderes, lleva mucho tiempo inculcándonos que mejorar la distribución del ingreso es un objetivo de política social totalmente opuesto y en disputa con el crecimiento económico. Esta retórica, de la cual la ex presidenta Bachelet es una de las mayores exponentes, no sólo lleva muchos años repitiéndose en cada discurso y política pública, sino que además ha convencido a una gran parte de los chilenos y, por tanto, ante el simple planteamiento de una política pública cuyo objetivo es el crecimiento económico se sienten agraviados, pues están convencidos que ello sólo generará mayor desigualdad.

Lamentablemente, para el apoyo a políticas públicas que se encaminan a permitir el desarrollo sostenido de nuestro país, este es un gran y terrible error conceptual, que sólo se basa en el ejercicio de una ideología de clases en lucha perpetua. La realidad, esa que se verifica claramente en el contraste de los datos de crecimiento económico y distribución del ingreso en distintas economías del mundo, muestra exactamente lo contrario (los números no mienten). El crecimiento, requisito básico para que los países puedan alcanzar mejores niveles de ingreso per cápita, no sólo permite a sus individuos un mayor nivel de desarrollo humano y mayores niveles de felicidad; también permite mejorar los niveles de distribución del ingreso en el mediano y largo plazo.

Quienes arguyen que son políticas contrarias se basan en resultados de muy corto plazo, donde el quitar más a los que más tienen permite dar más a los que tienen menos; eso mejoraría la distribución del ingreso, pues la torta quedaría mejor repartida. El problema es que después de cambiar la distribución de la torta, los que ahorran e invierten para hacer que la torta crezca tienen incentivos a llevar sus ahorros e inversiones a países en que les quiten menos (menos impuestos), por tanto, la torta deja de crecer. Y cuando la torta deja de crecer, estamos todos peor; se produce desilusión, pérdida de esperanza y con ella vienen los estallidos sociales.

Al contrario de la ideología de izquierda, quienes abogan por el crecimiento como política pública persiguen como objetivo una mejor distribución del ingreso sostenible en el mediano y largo plazo, donde el crecimiento es el que permite recaudar más sin generar desincentivos al ahorro y la inversión, y con estos mayores recursos públicos financiar no sólo transferencias a los más desposeídos, sino que mayor y mejor inversión en educación, salud y capacitación para mejorar la calidad del empleo, única vía para que la mejoría en la distribución del ingreso se sostenga en el tiempo. Es decir, más importante que cómo se reparte la torta, es cuán grande es o cuánto la podemos hacer crecer, pues si es suficientemente grande, todos estaremos contentos con el pedazo que nos toque.

Esta verdad tan negada en nuestro país volverá a ser la discusión central cuando el coronavirus empiece su retirada, pues el incremento en el gasto fiscal que ha sido necesario para sostener a este país y su economía en tiempos de pandemia ha significado incremento en el endeudamiento público que deberemos pagar. En ese momento, volveremos a escuchar la retórica altamente ideologizada de izquierda cuya propuesta, muy probablemente, será subir los impuestos a los más ricos para pagar la deuda, cuando el mundo y en especial los países exitosos han demostrado que políticas de impuestos relativamente bajos atraen inversiones y con ello incrementan el crecimiento económico, permitiendo que la torta crezca lo suficiente para que sea el crecimiento el que financie el pago de la deuda y sostenga una mejoría continua en la distribución del ingreso y, más importante, en el bienestar de toda la sociedad.

Preparémonos para ese momento teniendo lista una reforma tributaria que baje el impuesto a la renta de las empresas para incentivar la inversión y el empleo, y demostremos que en Chile, al igual que en el resto de los países del mundo, las mejores políticas públicas no son las que regalan bonos, sino las que enseñan y entregan incentivos a pescar.

Michèle Labbé, economista, para ellibero.cl

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