El Presidente de Francia, Emmanuel Macron, anunció el restablecimiento del servicio militar obligatorio y el incremento gradual de la inversión en defensa, fundado en motivos de seguridad y respaldo a la gravitación de su país. Para el mandatario, el servicio militar es “una experiencia ciudadana de la vida militar, de la mezcla social y la cohesión”. Su objetivo es ofrecer a los jóvenes, tanto a los hombres como a las mujeres, una formación militar elemental, disciplina, capacitación y conocimiento de las prioridades estratégicas del país.

En Chile, el servicio militar, aunque es obligatorio por ley, en la práctica, desde 2007, ha devenido en parcialmente voluntario, con una creciente recurrencia al llamado obligatorio, mediante sorteo. El Estado y la sociedad civil nacional han mostrado poco interés por hacer más atractivo el servicio militar y mejorar significativamente los ingresos de los reclutas, lo que se puede hacer abriéndoles a estos, simultáneamente, oportunidades de capacitación mediante convenios con institutos técnico-profesionales y universidades. Pendiente está, asimismo, la reformulación de la carrera militar, con el propósito de extender los años de servicio y posponer su temprana edad de jubilación.

Otra tarea postergada es resolver el financiamiento de las capacidades estratégicas de las Fuerzas Armadas. Ello es consecuencia del amplio consenso sobre la derogación de la Ley Reservada del Cobre, entrampada en el Congreso por casi una década. Transferir esos financiamientos a la Ley de Presupuesto, con un piso garantizado y presupuestos plurianuales, parecería necesario.

Se suma a lo anterior, la recuperación y modernización del material de guerra. Las adquisiciones importantes de estos medios se realizaron en décadas pasadas, y algunos están próximos a experimentar el término de su vida útil, depreciados, con crecientes gastos de mantención y dificultades para conseguir sus repuestos. Indispensable es materializar un plan para la reposición de fragatas, aviones, blindados y material complementario.

Sin perjuicio de adoptar todas las medidas que aseguren la transparencia y la rendición de cuentas de los recursos para la Defensa Nacional, parece necesario revisar los procedimientos para las compras de material de guerra. Razonable parecería establecer una distinción entre las propuestas técnicas -que corresponden al conocimiento y requerimientos especializados de cada una de las instituciones castrenses- y su negociación, en una instancia separada de estas, también especializada y debidamente fiscalizada. La confusión de ambos procesos, la falta de transparencia y el descontrol se han prestado a graves irregularidades que han afectado seriamente el prestigio y la imagen de esas instituciones.

Las sucesivas catástrofes naturales que han azotado al país han demandado una creciente participación de las Fuerzas Armadas, lo que requiere de una mejor regulación, preparación y compatibilización con los estados de excepción constitucionales. Todo ello cautelando la misión principal de estas, la Defensa Nacional, que es una dimensión vital para Chile.

Después de más de diez años de participación en la costosa y excesivamente prolongada Minustah, en Haití, las Fuerzas Armadas han dejado de contribuir con tropas significativas a la política exterior en su cooperación a la paz internacional. Los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores deberán analizar esta situación y proponer nuevas misiones internacionales de paz, según más convenga al interés nacional y a la seguridad de sus soldados.

Grandes e ineludibles desafíos enfrenta el Ministerio de Defensa Nacional

/Editorial del diario El Mercurio

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