La conmoción reinaba este sábado en Pakistán un día después de un sangriento atentado suicida que mató a 128 personas en Baluchistán y que coincidió con la detención del ex primer ministro Nawaz Sharif por corrupción. Estos sucesos estremecen la ya tensa campaña electoral para los comicios del 25 de julio.

“Carnicería en Mastung”, titulaba el diario Express Tribune. “Masacre”, escribía otro, The News.

Un video difundido en las últimas horas muestra el momento posterior al atentado. Los adjetivos no alcanzan para describir el horror de los cuerpos amontonados, la desesperación de los sobrevivientes por recibir atención y la desazón de los primeros en llegar.

(AFP)

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Los familiares de las víctimas del atentado, que es el más cruento en Pakistán desde el ataque a una escuela de Peshawar que dejó más de 150 muertos en diciembre de 2014, empezaron a enterrar este sábado a los muertos en Mastung, en el sudoeste del país. Una ceremonia estaba prevista por la tarde en Quetta, la capital de la región.

(Reuters)

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El atentado, reivindicado por el grupo yihadista Estado Islámico, es el tercero que afecta este semana a una reunión electoral en Pakistán. En total 150 personas han muerto en esos ataques, entre los que figuran dos candidatos en las elecciones.

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Estos acontecimientos hacen resurgir el espectro de la inestabilidad y la violencia en un país donde la situación de seguridad parecía mejorar respecto a los anteriores comicios de 2013.

“Nunca ha sido tan cierto que el ‘stablishment’ militar paquistaní debe concentrarse en la seguridad, y no en la política” tuiteó el analista Mosharraf Zaidi. El ejército es a menudo acusado de interferir indirectamente en la vida política del país, lo que desmienten los militares.

El portavoz del ejército, el general Asif Ghafoor, advirtió por su lado que “fracasarán los intentos de las fuerzas hostiles de que descarrilen las actividades democráticas” en el país.

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