La mejor señal de la tremenda calidad, contundencia y equilibrio del gabinete que presentó Piñera es la crítica destemplada que ha hecho la izquierda más dura. La paradoja es que esa izquierda, al parecer, esperaba el gabinete de Guillier, o de sus ideas, precisamente las que tuvieron una derrota electoral contundente. En particular, ha sido “curiosa” -por llamar de alguna manera- la respuesta de los jóvenes de viejas ideas fundamentalistas. Simplemente mostraron sus permanentes prejuicios y opinaron taxativamente antes de que empezara la gestión. Hicieron “on” al casete como en casi todo lo que opinan. Particularmente triste fueron los comentarios de Beatriz Sánchez, que ya sabemos se irá borrando lentamente de la escena política nacional.

Lo más notable es que jamás se les escuchó el mismo tenor de crítica a los ministros de Bachelet, digamos como Arenas, que demolió el crecimiento; Helia Molina, que no hizo nada en salud; Eyzaguirre, que dijo no saber de educación a pesar de ser el ministro; Insunza (que no alcanzó a durar un mes); Javiera Blanco, de triste recuerdo; Peñailillo y su oscuridad política; Barraza y Dominga; Campos y sus notarías, Ximena Rincón y el error laboral-sindical, etc. Un gabinete que cambió muchas veces y que parecía de la tercera división, lo que contrasta demasiado con este nuevo gabinete. Y aún faltan los subsecretarios, intendentes, superintencias y otras reparticiones críticas para el país. Muy distinto reaccionó la izquierda moderna y renovada que fue prudente y republicana, tal como lo ha sido la DC en este tema en general. Lagos marcó la línea. Ahí se abre una puerta de esperanza para la inprescindible necesidad de lograr acuerdos amplios y de largo plazo. Al menos es la intención del nuevo Presidente. Ya sabemos, sin embargo, que el tango se baila de a dos.

La solidez del gabinete es muy elocuente. En primer lugar, hay ministros realmente sobresalientes por su trayectoria y experiencia anterior de gobierno, como son Chadwick en Interior (garantiza diálogo), Felipe Larraín en Hacienda (garantiza dinamismo económico), Cecilia Pérez en la Secretaría General de Gobierno (garantiza seriedad y tolerancia), Fontaine en OO.PP. (garantiza eficiencia y mucha inversión), Moreno en Desarrollo Social (aúna esfuerzos públicos y privados para lo social), Ampuero en RR.EE. (un canciller de lujo). No solo son grandes profesionales sino también exministros que harán aportes desde el día uno, ya que conocen el aparato público por dentro y por fuera. También hay figuras políticas contundentes, como Espina, Hernán Larraín, Cubillos, Prokurica, Ward, Nicolás y Cristián Monckeberg, quienes le dan al gabinete una solvencia política indiscutida y respetada. También hay figuras nuevas como Valente en Economia, Plá en la Mujer, Walker en Agricultura, Santelices en Salud, Blumel en Segpres, Kantor en Deportes, Hutt en Transporte, Alejandra Pérez en Cultura, Varela en Educación. De estas últimas, las carteras más complejas son educación y salud. De Varela sabemos poco qué piensa de la educación del siglo 21, y ya veremos qué propone. Pero Santelices es un enorme acierto si la intención es hacer cirugía mayor en salud. Aquí se requiere no solo acuerdos transversales sino cambiar la manera de hacer las cosas. Más de lo mismo resultaría en el mismo desastre de gestión que tenemos hoy.

Quizás lo más importante es el afiatamiento que tendrá este gabinete con el Presidente, que ya sabemos es inagotable y muy exigente con sus ministros. No hay gabinetes perfectos y comúnmente hay ajustes en el período. Depende de las circunstancias nacionales y del tenor de la oposición.

Piñera dio un verdadero golpe a la cátedra con este gabinete y mostró su mano hacedora tradicional y gran sabiduría política. Demostró que sí aprendió mucho de su primer mandato.

/Columna de Sergio Melnick para el diario La Tercera

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