Las noticias, esta vez, no dudaron ni usaron el verbo condicional: Nicanor Parra falleció hace poco más de una semana, el 23 de enero, a los 103 años. Sin embargo, curioso o no, murió la persona, pero no el poeta (o el antipoeta, como lo definieron sus críticos): sus obras quedaron inmortalizadas y, de esta manera, él vivirá mientras se lea y hasta vivirá además en el fútbol, debido a que Colo Colo pasó también por su pluma.

Nicanor, referente de la literatura latinoamericana, matemático, académico y físico, entre otras profesiones, se refirió al club de Macul en su poema “El discurso del buen ladrón”, que formó parte de su libro Obra Gruesa, publicado en 1969.

Así armaba esas líneas:

Acuérdate de mí cuando estés en tu reino

Nómbrame Presidente del Senado

Nómbrame Director del Presupuesto

Nómbrame Contralor General de la República.

Acuérdate de la corona de espinas

Hazme Cónsul de Chile en Estocolmo

Nómbrame Director de Ferrocarriles

Nómbrame Comandante en Jefe del Ejército.

Acepto cualquier cargo

Conservador de Bienes Raíces

Director General de Bibliotecas

Director de Correos y Telégrafos.

Jefe de Vialidad

Visitador de Parques y Jardines

Intendente de la Provincia de Ñuble.

Nómbrame Director del Zoológico.

Gloria al Padre

Gloria al Hijo

Gloria al Espíritu Santo

Nómbrame Embajador en cualquier parte

Nómbrame Capitán del Colo-Colo

Nómbrame si te place

Presidente del Cuerpo de Bomberos.

Hazme rector del Liceo de Ancud.

En el peor de los casos

Nómbrame Director del Cementerio.