El jueves de la semana pasada el Ministerio Público ingresó un escrito ante el tribunal de garantía de Temuco, para no persistir en la llamada “Operación Huracán” -acusando que Carabineros había alterado o falsificado una serie de pruebas para sustentar el caso-, lo que no solo generó una cascada de acusaciones cruzadas entre ambas instituciones, sino que también una justificada conmoción pública, ante lo inédito de esta situación y sus repercusiones. No obstante ello, el general director de Carabineros, Bruno Villalobos, decidió igualmente partir de vacaciones al extranjero el día sábado, desentendiéndose de la crisis.

Una vez que el gobierno tomó conocimiento de este viaje, y en tanto hay una investigación administrativa y penal vinculada al caso, le ordenó al general que suspendiera su feriado legal así como el inmediato retorno al país, lo que debería ocurrir durante el día de hoy. Su presencia, sin embargo, a estas alturas es poco lo que puede aportar. La ominosa falta de criterio que ha demostrado para dimensionar una de las peores crisis que ha afectado a Carabineros hace que su presencia en el cargo sea insostenible y, por lo mismo, debería presentar su renuncia a la Presidenta de la República cuanto antes. Si no lo hace, el gobierno debería solicitarla, porque de lo contrario el daño a toda la institución seguirá profundizándose.

Las acusaciones de falsificación de pruebas que el Ministerio Público ha formulado en contra de Carabineros son ciertamente muy graves, pero lo son aún más considerando que de probarse efectivas, se pone en entredicho nada menos que la esencia misma de la institución, que es la fe pública en que sus delicadas labores de prevención, investigación y brindar seguridad a todos los ciudadanos, se llevan a cabo no solo en el marco de la ley, sino además apegadas a rigurosos estándares éticos. El general Villalobos, como máximo responsable de la institución, debería tener como primera prioridad que una acusación de esta naturaleza se despeje a la brevedad, lo que exige su personal supervisión de todo el proceso. Si no fue capaz de advertir la dimensión de este problema, quiere decir que ya no es apto para seguir liderando esta institución.

El contexto en que ocurren estas denuncias son ya muy desfavorables para Carabineros, pues está en pleno proceso de investigación el millonario desfalco que quedó al descubierto al interior de la institución, donde de acuerdo a lo que se ha podido acreditar en la investigación, se han malversado cerca de 30 mil millones de pesos, y hay decenas de formalizados en esta causa, incluidos varios oficiales de primera línea -próximamente lo será también un ex general director.

Este desfalco reveló graves fallas en los controles internos de la institución, y mostró que la corrupción se había enquistado a todo nivel. Este episodio ya había resentido profundamente la confianza ciudadana en Carabineros -así lo han mostrado diversos estudios de opinión-, y es previsible que la acusación de manipulación de pruebas dañará aún más la confianza en el quehacer institucional. Este contexto hace aún más inexplicable la desaprensión del general director.

/Editorial del diario La Tercera

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