Hoy se cumplen 69 años desde que el binomio chileno integrado por Alberto Larraguibel y su caballo Huaso rompieron el récord mundial de salto hasta ese entonces establecido, detentado por el italiano Antonio Gutiérrez, quien marcó 2,38 metros.

Sin embargo, con 2,47 metros de altura, el salto del capitán de Ejército Alberto Larraguibel se convirtió en el récord mundial inscrito el 5 de febrero de 1949 como la altura máxima a derribar.

Es uno de los records más antiguos en la historia del deporte, sin ser batido.

Para poder triunfar en un concurso hípico de saltos, tiene que haber una íntima comunión entre jinete y caballo: “Yo quiero; tú puedes”, pareciera ser la consigna. Pero para lograrlo tiene que primar la agudeza mental del jinete, con su íntima comunicación de brazos y piernas con el animal, tiene que haber también una respuesta positiva del caballo; tiene que haber una serie de elementos a ponderar, que pasan por el diario ejercicio tanto del jinete como de la monta. Mesura, buen trato, asimilación de normas, alimentación, mansedumbre y correcta colocación de los cuartos delanteros y traseros durante el salto, son aspectos que deben velar tanto jinete como ordenanza a cargo.

Son normas que se han ido aprendiendo, que las han incorporado las mejores escuelas de equitación del mundo. Sin ellas no hay binomio ganador, sin ellas no se logran resultados. Muchas veces está el jinete, pero el caballo por distintos motivos, no logra traspasar las vallas como es debido. Falla el binomio, fallan las previsiones y el esfuerzo de años de entrenamiento, simplemente se pierde.

Afortunadamente no fue eso lo que le ocurrió al binomio Larraguibel – “Huaso”, cuando el 5 de febrero de 1949, en el jardín se saltos del Regimiento Coraceros de Viña del Mar, durante el Concurso Hípico Internacional obtuvo el Campeonato Mundial de Salto Alto a Caballo, con 2,47 mts. Una altura formidable, debidamente homologada, nunca más batida, estrella ecuestre de nuestra caballería montada, galardón ganado por un hombre y un caballo, pero en cuya preparación hubo también otros integrantes del Ejército y más directamente de la Escuela de Caballería, quienes apoyaron desde las tribunas la monta del capitán Larraguibel en aquel día glorioso para el deporte ecuestre militar y nacional.

Dos de Araucanía

larraguibel y huaso record mundial de salto identidadyfuturo.cl¿Pero cual era la identidad y la historia del binomio que ese día se lució ante el Presidente de la República don Gabriel González Videla, los guardiamarinas del buque escuela francés Jean D’arc y cinco mil espectadores?, ¿De donde venía ese jinete y de donde su caballo? Eran ambos de la tierra, de la altiva y orgullosa Araucanía, donde el Húsar campeaba en sus briosas cabalgaduras y donde los criaderos de caballos suelen producir campeones en los distintos ámbitos del deporte ecuestre.

El entonces capitán Larraguibel había nacido en Angol, vivía en las cercanías de la Pampa Freire del Húsares y desde niño pudo ver las competencias hípicas, el piafar de los caballos que tiraban los armones militares, el valor de los jinetes que salían montados a los campos de ejercicios del pozo lastre, los despliegues de las caballerías por las pampas del regimiento, los banderines tricolores luciendo gloriosos en las lanzas durante los desfiles y la banda marcando al compás el himno del regimiento: “Soy un Húsar aguerrido de la muerte…”

Y fue así como terminados sus estudios se fue a la Escuela militar, quería vestir el uniforme, lo logró y quiso ser de caballería y también lo logró, porque tenía las cualidades y eso le permitió obtener muy buenas calificaciones que le ayudaron a cumplir su sueño de niño. Ser soldado, Ser Húsar y lucir la calavera con las tibias cruzadas en su cuello. Una estrella solitaria reflejaba en sus hombros su calidad de subteniente. Casi dos años estuvo en su primera destinación. Acá participó en varios concursos, demostrando su jerarquía y buena monta. Era un predestinado.

Huaso, aunque con desiguales pergaminos, también lucía sus méritos. Hijo de “Henry Lee”, de gran trayectoria en Argentina y de “Trémula”, también Argentina, nació como “Faithfull” (fiel), el año 1933, en el criadero “La Mañana”, de Vilcún, de propiedad de Andrés Lamoliatte Darracq. El año 1935, el potro fue subastado en la suma de $15.000, por el stud Los Chongos, donde fue preparado como caballo de carreras por don Florentino Rojas.

Como todo caballo de hipódromo “Faithfull” fue catalogado según los logros obtenidos y sólo logró ganar cuatro carreras entre 1939 y 1940, situación poco afortunada que lo deja fuera de competencia, oportunidad en que es adquirido por el capitán Gaspar Lueje, quien pensaba dedicarlo a su especialidad: el adiestramiento, pero durante uno de sus entrenamientos el caballo resultó herido por un hierro en la nalga izquierda, lo que casi lo lleva a ser sacrificado. Sólo pudo salvarse gracias a los esfuerzos por curarlo del médico veterinario de la Escuela de Caballería capitán (O.V.) Gastón Galleguillos.

El noble caballo colorado, con su 1,71 mts. de alzada y una estrella blanca en la frente, una vez que se hubo mejorado, hizo una demostración que llamó la atención de los presentes. Salvó limpiamente un cerco del picadero en un salto que fue considerado superior a los 2,30 mts. Observaban los capitanes Rafael Monti y Eduardo Castro, ambos maestros de equitación, quienes consideraron que el salto de altura debía ser el futuro del animal.

Así el caballo fue ganando competencias sobre los dos metros, hasta que en 1947 fue adquirido por el Ejército para la Escuela de Caballería. Ya en esa fecha, conducido por el teniente Carlos Pizarro había batido el récord nacional con 2,20 mts.

Con el fin de lograr mejores resultados, buscando batir los récord de altura Sudamericano y Mundial el coronel Benjamín Rodríguez, director de la Escuela, dispuso que el teniente Alberto Larraguibel se hiciera cargo del caballo “Faithfull” y el teniente Luis Riquelme de “Gaucho”, otro caballo que tenía cualidades meritorias para entrar en la competencia.

Así comenzó el entrenamiento constante y la competencia entre ambos caballos. Gaucho logra el récord sudamericano con 2,33 mts y una semana más tarde Faithfull se alza en los 2,37 mts, teniendo como escenario el jardín del Coraceros.

Al mayor Rafael Monti, jefe de la Escuela de Equitación del Ejército se le entrega la dirección técnica del proyecto para batir el récord del mundo y cuando ya se acerca la fecha del Concurso Internacional, se acuerda cambiar el nombre de los caballos para darles un aire más nacional. Así Faithfull pasa a llamarse “Huaso” y a Gaucho se le denomina “Chileno”.

Durante todo el periodo de entrenamiento entre septiembre y diciembre de 1948, el caballo Huaso había estado bajo la preparación del soldado Julio Fuentes R. y al pasar los caballos a la preparación por los jinetes que debían llegar al Concurso Oficial fueron entregados al soldado Julio González Ibacache.

Se trataba de vencer el título mundial que ostentaba desde el 27 de octubre de 1938 el capitán de caballería Antonio Gutiérrez, del Ejército de Italia, quien montando el caballo “Ossopo” logró vencer la altura de dos metros cuarenta y cuatro centímetros (2,44). La competencia se llevaría a efecto durante el Concurso Hípico Internacional, al que concurrieron delegaciones de varios países sudamericanos.

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Aquel día 5 de febrero de 1949, sólo dos binomios se inscribieron para la prueba final de Salto Alto. El capitán Alberto Larraguibel en “Huaso” y el teniente Luis Riquelme en “Chileno”. Se comenzó con una altura de 1,83 mts., la que fue salvada limpiamente por ambos caballos, luego la vara subió a 2,14 mts., la que fue saltada a la primera tentativa por Huaso y por Chileno a la segunda, habiendo tropezado Huaso luego del salto, el capitán Larraguibel, tuvo que lanzarse a tierra espectacularmente, salvando sin lesiones.

De acuerdo con ambos jinetes, la vara subió a 2,47 mts., y también la adrenalina de participantes y público presente, ya que este sería el momento decisivo para batir el récord mundial. En las dos primeras tentativas el teniente Riquelme en “Chileno” botó el obstáculo con los anteriores, en la tercera tuvo una espectacular caída, afortunadamente sin consecuencias.

Llegado el turno al capitán Larraguibel, “Huaso” rehusó en la primera tentativa, en la segunda derribó con las anteriores y en la tercera salvó limpiamente el obstáculo, provocando la euforia general del público que se estimó entre cinco y seis mil personas.

Treinta años más tarde, entrevistado por el diario Las Últimas Noticias, y consultado sobre si esa hazaña no podría repetirse nunca más, decía: “Sólo es posible que se dé, como se me dio a mí, esa armonía perfecta de caballo y jinete, de equilibrio y velocidad y que haya otro hombre dispuesto a lanzar su corazón por encima del obstáculo e irlo a buscar, sin vacilaciones al otro lado”.

Respecto del salto, recordaba: “El momento más difícil fue la cúspide del salto. Mis ojos estaban a cuatro metros de altura y tenía la sensación de caer. La menor indecisión, el menor movimiento, reflejo de temor en ese momento… pudo hacer que la prueba terminara con una sonajera de palos, porque el animal estaba haciendo un esfuerzo grandioso para levantar sus patas posteriores por sobre las varas. Si hubiera presentido alguna vacilación en mí, “Huaso” habría dejado sus patas atrás y habríamos rodado juntos”.

“Yo llegué a tierra y no escuché un grito. Me pareció un momento eterno. Pensé que algo había salido mal, aunque no había sentido caer las varas. Entonces… hubo una explosión. Me levantaron en andas, lanzaron las gorras al aire, cantaron la Canción Nacional… hasta me arrancaron todos los botones de la casaca y al “Huaso” hubo que ponerle una guardia especial, porque hasta una semana después había gente que le sacaba los crines para guardarlos de recuerdo”.

Luego del majestuoso salto, hubo un vuelco en la vida de jinete y caballo. El Capitán Larraguibel fue enviado a Europa para estudiar equitación. De regreso en Chile participó en numerosos concursos, habiendo sido además Comandante del Regimiento Húsares de Angol, su tierra natal. Se acogió a retiro con el grado de Teniente Coronel, siendo ascendido por meritos extraordinarios al grado de Coronel el 4 de febrero de 1974, es decir, justo cuando se cumplían 25 años de su hazaña.

“Huaso”, luego de haber cumplido su magna prueba, tuvo derecho a descanso y cuando no era montado por el capitán Larraguibel podía corretear libremente por prados y jardines de la Escuela de Caballería. Finalmente murió el 24 de agosto de 1961, recibiendo los honores respectivos en recuerdo de su hazaña como el mejor caballo de la hípica de saltos en la historia de este deporte en Chile.

El Coronel Alberto Larraguibel Morales falleció 12 de abril de 1995, siendo sepultado en el Cementerio Católico de la capital. Dejaba atrás múltiples homenajes en vida por el logro de su gran hazaña que a más de sesenta años no ha podido ser igualada por binomio alguno.

 

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