Nicolás Jarry alcanzó esta semana el mejor resultado de su corta carrera profesional luego de vencer a Stefano Travaglia y clasificar por primera vez a los cuartos de final de un torneo ATP. Lo hizo en Quito, una ciudad que se ha transformado en su capital en el tenis.
No hay ningún otro lugar en el que a Jarry le vaya tan bien como en la ciudad ecuatoriana. Mientras para algunos jugadores los 2.850 metros de altura y la alta humedad que se siente en el Club Jacarandá se transforman en una problema, para el chileno es un punto a favor.

“A nadie le acomoda mucho jugar en esas condiciones, pero mi juego hace más daño, especialmente el servicio”, explica Jarry, y los resultados están a la vista. Hace tres años superó la fase previa del certamen y se clasificó por primera vez a un cuadro principal: Lajovic cortó su ruta en octavos de final. Ahora la barrera ya está superada.

En el Challenger de Quito su dominio ha sido aún más evidente. En 2014 alcanzó ahí su primera final en el circuito (perdió ante Horacio Zeballos) y el año pasado se cobró revancha venciendo a Víctor Estrella -tricampeón del ATP de Quito- en semifinales y a Gerald Melzer en el partido por el título.

Sus buenos números jugando en altura no terminan ahí. En la temporada pasada, donde Jarry rompió por primera vez la barrera del Top 100, fue campeón en Medellín (1.495 metros sobre el nivel del mar) y finalista en Morelos (1.169 metros). Ahora la altura otra vez aparece de su lado.