El anestesista chino Dong Tian, de 29 años, falleció a finales de la semana pasada a causa de un derrame cerebral que sufrió tras haber trabajado durante 35 días seguidos. Pese a que se había tomado unos días para cuidar a su enfermo padre, se ofreció para volver a trabajar cuando el nuevo brote de coronavirus comenzó a propagarse a gran velocidad por la región.

Tras más de un mes trabajando, el 29 de febrero mandaron al joven a casa para que se mantuviera en cuarentena.

Un dolor de cabeza repentino y la imposibilidad de emitir palabra alertaron al joven de que algo no marchaba bien. El médico murió pocos días después en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

Dong Tian, donde se encuentre en su camino por la eternidad, se merece un gran aplauso porque es unos de los héroes anonimos que conocimos gracias al coronavirus

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