Bachelet deja su segundo gobierno con una despedida de mal gusto. Sigue riéndose de más de la mitad del país que rechazó su gobierno y de su eventual sucesor. En la venida del papa fue poco elegante con el nuevo Mandatario elegido, al no incluirlo en la agenda. De mal gusto. Se fue a Cuba a darse un gustito personal, a saludar a un dictador sin motivo alguno. De mal gusto.
El enredo que ha logrado entre Carabineros, la PDI y la Fiscalía es simplemente legendario. Ya cuando la PDI allana a Carabineros algo muy feo está ocurriendo. El director de Carabineros sigue incólume a pesar de los continuos escándalos. Peor aún, en medio de todas estas crisis, éste se va de vacaciones y ya nadie sabe si con conocimiento de la autoridad o no. Le interrumpen abruptamente las vacaciones en Miami, lo hacen volver, solo para decirle que está totalmente ratificado en su cargo. Francamente de mal gusto.
A última hora en forma desesperada le traspasa US$ 70 millones a TVN para pagar la farra del canal, por cierto sin responsable alguno. No hay realmente ningún proyecto para la nueva TV, es solo evitar la quiebra. También se apresuran a crear 100 nuevas notarías sin transparencia alguna y sigue el escándalo nacional de esos monopolios creados por ley, a la par de los convervadores. Se ha investigado que los notarios pueden ganar hasta $ 60 millones al mes y los conservadores casi $ 200 milones.
Para seguir con el mal gusto, tratan de apernar a cuanto operador político hay en el aparato estatal; además, aceleran a dedo nombramientos en la Alta Dirección Pública. Todo de muy mal gusto. Pueden decir lo que quieran de los protocolos, pero invitar a Raúl Castro y Nicolás Maduro al cambio de mando es también de muy mal gusto.
Por cierto, es de muy mal gusto tratar de acelerar la agenda legislativa ideologizada luego de tan contundente derrota electoral. Pero así lo hace. A semanas de entregar el gobierno, el ministro del Interior se toma vacaciones. Puede ser legal, pero es de muy mal gusto. El ministro del Medio Ambiente se manda una fiestecita de cargo fiscal que cuesta $ 45 millones ($ 120 mil por persona), mucho más que un matrimonio de lujo. De muy mal gusto nuevamente.
Insinuar ella misma la necesidad de hacer una fundación para defender su legado es también de muy mal gusto. Primero porque el legado es ampliamente negativo y es un intento de constructo de la posverdad. De mal gusto. Los partidos políticos de la Nueva Mayoría se han convertido literalmente en partidos de empleados públicos, en esencia operadores políticos. El clientelismo es algo muy mediocre. Los hospitales quedan con una deuda estrafalaria. Universidades emblemáticas ya evaluan salir de la gratuidad por lo mal diseñada que ha sido. La mala ley de educación superior aprobada a último momento hace las cosas aún peor. El tema de la inmigración masiva y mal regulada es otro desacierto de la Mandataria, no por la migración en sí, sino por la oscuridad de su trasfondo, que merece una explicación que no se ha dado.
Con los problemas graves de déficit fiscal, Bachelet sobreejecuta el presupuesto público y logra el mayor déficit fiscal desde la UP, y se atreve a decir púbicamente que ha sido responsable en el manejo de las cuentas fiscales. De mal gusto. El desempleo termina lo más alto en nueve años, con decenas de miles de nuevos funcionarios públicos y cientos de miles en autoempleos precarios. Y a cuatro semanas de entregar el mando designa un nuevo embajador, algo que no se puede creer por el mal gusto.
En suma, además de un mal gobierno, su proceso de despedida ha sido muy poco republicano y de mal gusto.

/Escrito por Sergio Melnick para La Tercera

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