A partir de los 25 años en promedio, comienzan a aparecer las primeras señales de envejecimiento en el rostro, como líneas de expresión, arrugas, flacidez, piel opaca, entre otros signos. Si a esto le agregamos los diversos factores ambientales que dañan día a día el cutis, como la contaminación, la exposición al sol, el tabaco y el alcohol, nos entrega como resultado una piel dañada, sin brillo y envejecida.

Si bien el uso de cremas y protector solar contribuyen a retrasar la aparición de arrugas, una vez que están es necesario tomar medidas rápidas para que no se hagan más profundas.

Hoy la tecnología nos ofrece una amplia variedad de procedimientos que contribuyen a mejorar la calidad de la piel y a disimular o borrar los signos de la edad. Uno de ellos, y el más usado por la población a nivel mundial y también en nuestro país es la toxina botulínica tipo A, más conocida como Botox®.

Estas “gotitas milagrosas” son inyectadas directamente en el musculo responsable de la gesticulación, relajándolo y evitando con ello la formación de la arruga. Es un procedimiento que tiene resultados muy naturales si es realizado por médicos entrenados en la técnica de aplicación.

La toxina botulínica tipo A es aplicada comúnmente en la zona de la frente, entrecejo y el área que rodea los ojos, también conocida como patas de gallo, logrando lucir una piel más joven.

Otro de los tratamientos mínimamente invasivos más utilizados por los médicos cirujanos para devolverle la firmeza y elasticidad a la piel, es el relleno de ácido hialurónico. “Esta  sustancia forma parte de nuestro cuerpo en forma natural, pero con el paso del tiempo se va perdiendo, dando paso a la aparición de arrugas. Los usos de este relleno son múltiples, ya que además de eliminar surcos y líneas de expresión, nos ayuda a redefinir  contornos de rostro y labios, y a reponer volumen en aquellas zonas donde se ha perdido”, señaló el cirujano Roberto Prado, miembro de la Sociedad Chilena de Cirugía Plástica (SCCP)

“El ácido hialurónico puede ser aplicado en diversas partes del rostro, sin embargo, las chilenas tienen predilección por dos zonas en particular: el surco nasogeniano (el paréntesis que se forma a ambos lados de la boca), y las ojeras. Gracias a la acción de reponer volumen, esa sustancia es ideal para eliminar esa antiestética hendidura que se produce abajo del ojo, y le devuelve el aspecto jovial al rostro” explicó Prado.

Y si de tratamientos más usados por las chilenas se trata, no podemos dejar de mencionar la rinomodelación, procedimiento a base de relleno de ácido hialurónico y que permite dar pequeños retoques a la nariz, hasta lograr la forma deseada.

Sin embargo, para que este procedimiento tenga buenos resultados y sin complicaciones, se requiere que el paciente cumpla con todas las recomendaciones que indique el médico tratante.

 

“Los consejos básicos que debe seguir cualquier persona después de una rinomodelación son evitar tocarse la nariz y usar lentes, sobre todo las primeras 48 horas de realizado el tratamiento, no asistir a saunas o hacerse tratamientos faciales que puedan afectar la zona. Además, es importante que la paciente no realice ejercicios o actividades que sean riesgosas para la nariz”, destaca el doctor Roberto Prado.

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