No hay día en que las secciones sobre política internacional hablen de Venezuela. La actual crisis política y social que vive el país caribeño no deja indiferente a nadie y ha abierto diversas discusiones en cuanto a su tratamiento. Con todo, hay un diagnóstico que es compartido: la situación en esa nación es complicada, aunque las diferencias surgen a la hora de establecer las causas.

Asimismo, afirma que la creación de instituciones como Unasur y la Celac sirvieron a ejercer una hegemonía bajo el discurso del antiimperialismo, lo que “logró mantener coaccionado a gobiernos que no comulgaban con esa corriente -como la anterior gestión de Piñera Echenique en Chile o Calderón Hinojosa en México- so amenaza de movilizaciones y disturbios sociales”.

Todos estos gobiernos tienen varios factores en común. Para Vilar, uno de ellos es el caudillismo y el populismo, que han sido características permanentes en la historia latinoamericana y que, según él, tuvo como máximo exponente, al argentino Juan Domingo Perón.

Asimismo, destaca “el marketing del éxito” que han empleado varios gobernantes latinoamericanos a la hora de exponer sus ideas, donde Fidel Castro tenía un sitial preponderante. En esa línea, el autor destaca “la imperiosa necesidad de los sociatas XXI de tener enemigos para justificarse: internos (“la derecha”, cuando ellos muchas veces lo son más que cualquier opositor) y externos (“el imperialismo yankee”, eso en épocas que ya Latinoamérica cambió para quienes ahora se interesan: los chinos).

También, recalca la “manipulación de los medios de comunicación” y el “histrionismo populista”. Caída No obstante, para Vilar el socialismo ciertamente se debilitó por culpa del menor consumo de materias primas de parte de países como China e India, “y ninguno de los gobiernos del socialismo XXI había trabajado en hacer sostenible sus economías ex post al final de los altísimos precios si no, más bien, habían propendido a crear redes de dependencia mediante transferencias económicas -necesarias temporalmente para sacar a amplios sectores de la pobreza pero generadoras de clientelismo y los famosos ‘ni ni’-, a la vez de crear obras faraónicas improductivas muchas de ellas y generadoras de corrupción todas”.

“¿La consecuencia? El retorno a la pobreza de amplios sectores de la nueva clase media emergente y la salida de gobiernos de esa tendencia -integrantes y aliados- de varios países donde gobernaban: Paraguay, Argentina, Brasil, Ecuador, al que pronto seguirá probablemente El Salvador (las elecciones legislativas y municipales de marzo pueden ser indicadores fundamentales del cambio de signo político) y que en Bolivia se ha manifestado en un rechazo mayoritario al prorroguismo y en la caída del apoyo a la gestión gubernamental”, explicó.

El caso de Brasil es particular porque, asegura Vilar, el gran apoyo que actualmente ostenta el ex Presidente Luiz Inácio Lula da Silva “tiene más que ver con el rechazo a la clase política, a pesar de que él es parte de ella y del esquema de corrupción, y con la falaz asociación ilusoria en sectores populares de que el boom económico de sus dos gobiernos era consecuencia de él y o de la coyuntura internacional, no repetible por ahora”.

De todos estos países, el académico sostiene que “hasta ahora, Nicaragua y Bolivia han podido capear lo más grave de la crisis, ambos beneficiados -aunque al decirlo parezca una paradoja- por la pequeñez de sus economías y por tener sectores importantes al margen de la economía y el consumo en niveles urbanos: Nicaragua un amplio campesinado, Bolivia un sector indígena campesino amplio.

A esto se une, para Nicaragua por el apoyo permanente de Venezuela -vía abundante suministro preferencial de petróleo por Petrocaribe, en situación similar que con Cuba- y para Bolivia por sus exportaciones de gas natural a Brasil y Argentina pero, en ambos caso, en mengua”.

El futuro

Actualmente, se ve cómo Latinoamérica ha dado un giro a la centroderecha. Eso se ve plasmado en países como Chile, Argentina, Brasil o Perú, aunque en estos dos últimos los gobiernos sufren una seria crisis de representatividad.

Para Vilar, esto pasa por la “ineficiencia” de la clase política de dar “respuestas a los reclamos de la población pero, con mucho, como rechazo a la corrupción generalizada, por lo que esa crisis de representatividad abarca a todos los políticos sin distinción de ideologías”.

Así las cosas, y de cara a los diversos procesos electorales que se registrarán en la región, como los de México, Colombia, Cuba, Venezuela, Paraguay o Brasil, el autor dice que “las elecciones podrían reconformar el panorama político regional hacia una tendencia u otra”. “Ya el año anterior, Chile y Argentina afirmaron su opción con la centroderecha.

Las derrotas -que auguro- de López Obrador y Lula da Silva en México y Brasil y la segura continuidad a la derecha en Colombia -con la probable victoria de Iván Duque Márquez y el potenciamiento del neouribismo del Partido Centro Democrático- ajustarían un eje centroderecha-derecha entre los grandes: México-Colombia-Perú-Chile-Brasil-Argentina, con la afinidad de muchos otros y la debilidad creciente del eje socialista 21 residual: Cuba-Nicaragua-Bolivia-Venezuela.

Lo contrario, menos posible, alargaría un poco el fin de la corriente y les provocaría menos gobernabilidad”, sentencia.
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