No se debió invitar a Evo Morales a la transmisión del mando. El Gobierno se equivocó. A cambios de mando anteriores fue invitado. Entonces no había demandado a Chile.

Con Bolivia no tenemos relaciones diplomáticas, solo intercambio de cónsules, no hay embajador de Chile en La Paz. Las invitaciones a estas celebraciones -práctica latinoamericana, ni siquiera caribeña- se deben a los Estados con los que se mantienen lazos diplomáticos. Solo correspondería comunicar a ese Gobierno la inauguración del nuevo Presidente. Algo así como una participación informativa del acontecimiento, sin invitar a la celebración.

Bolivia rompió relaciones con Chile en 1978. Durante cuarenta años se ha negado a restablecerlas, a pesar de varios ofrecimientos nacionales. Uno de tantos fue la célebre propuesta del Presidente Ricardo Lagos. En la Cumbre de Monterrey, el 13 de enero de 2004, expresó: “Ofrezco relaciones diplomáticas aquí y ahora”.

Peor, la invitación a Evo Morales no responde al interés nacional, solo a su interés personal. La utilizará para su alicaída e ilegítima campaña presidencial -el 51% de los bolivianos declara no tener preferencia por ningún candidato, solo el 24% se inclina a su favor-. Más grave, su asistencia puede servir a su demanda marítima, contraria a nuestra soberanía territorial, pocos días antes de ser alegada en La Haya. Podría argumentar la intrascendencia de la disputa para el interés nacional, para la paz, la justicia y las relaciones vecinales.

Contra la prohibición expresa del artículo 148 de la Constitución boliviana, que impide la reelección por un tercer período, desconociendo el plebiscito en el que los bolivianos rechazaron otro intento de extender su mandato, Morales pretende, al igual que Maduro, gobernar indefinidamente. Se trata de un gobierno con sistemáticas transgresiones al Estado de Derecho, de rampante corrupción, creciente narcotráfico y economía en descomposición, que al igual que en Venezuela, después de disfrutar del boom de los precios de los hidrocarburos, y en su caso, del zinc, la plata y la soya, está exponiendo a su pueblo a una crisis económica y social de proporciones.

Demostrativo de las intenciones publicitarias que tendría la asistencia de Morales a las ceremonias chilenas es que el día antes, el 10 de marzo, proyecta que “organizaciones sociales” en Bolivia hagan ondear descomunales banderas de 10 metros de su “reivindicación marítima”.

Morales se resiste a mantener relaciones con Chile, ha presentado una demanda atentatoria a nuestra soberanía, ha agraviado reiteradamente a los chilenos, a sus gobernantes, a sus cancilleres y parlamentarios. No hay razones políticas, económicas ni diplomáticas para que Evo Morales participe en la transmisión del mando. Se debe retirar cuanto antes su invitación: su presencia agravia el interés nacional y a los chilenos.

/Blog de Hernán Felipe Errázuriz para El Mercurio

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