Con seguridad, lo ocurrido en Francia con el ex frentista Ricardo Palma Salamanca pasará a engrosar la lista de prioridades y desafíos políticos, cuya perspectiva súbitamente cambia cuando quienes gobiernan pasan a la oposición y viceversa. En rigor, para sectores importantes del actual oficialismo no va a ser fácil apoyar la extradición de uno de los asesinos de Jaime Guzmán, cuando la derecha se encuentre instalada en La Moneda.

Estos vertiginosos cambios de “óptica” ya se observaron el 2010 en aspectos tan relevantes como la legitimidad del “modelo” y de la Constitución política, que adquirieron en la centroizquierda niveles de cuestionamiento nunca vistos mientras duró el largo ciclo de la Concertación en el poder. De modo similar, es probable que la mayor sensibilidad y apertura mostrada por la derecha ante lo que fueron las graves violaciones a los DD.HH. ocurridas en dictadura, hayan estado condicionadas también por el prolongado ‘castigo’ que significó estar por veinte años mirando al país desde la oposición.

De algún modo, entre las razones que explican el fracaso político del primer gobierno de Sebastián Piñera estuvo su incapacidad para anticipar y entender que la sola llegada de la derecha al gobierno por primera vez desde Pinochet, iba a ser una experiencia “traumática” para un segmento no menor de la ciudadanía. No haberse preparado para ese escenario, no haber dado nunca con sus “claves” profundas ni realizado un diseño para enfrentarlo, fue al final la base del déficit de gestión política exhibido por dicha administración.

/Escrito por Max Colodro para La tercera

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