Los venezolanos jamás imaginamos que nuestra democracia, una de las más sólidas del continente, estuviese algún día amenazada como lo está hoy. Venezuela atraviesa la crisis más profunda de su historia, con hambre, escasez y violación sistemática a los derechos humanos. El régimen de Nicolás Maduro ha permitido el desenlace de una crisis humanitaria, en la que se estima que el número de desplazados solo es superado por las crisis de Siria y los Rohingyade Myanmar, y necesitamos del apoyo del mundo democrático para darle solución a esta compleja crisis.

Hace 4 años ya escaseaban los productos básicos, la gente hacía colas interminables para poder conseguir alimentos que a duras penas podían pagar. Los lideres políticos de oposición eran perseguidos, las licencias de medios revocadas y Venezuela tenía la segunda mayor tasa de homicidios del mundo.

Conscientes de que la situación se agravaría, mi esposo, Leopoldo López, líder fundador del partido político Voluntad Popular y hoy, preso de conciencia, hizo un llamado a la población, para que amparada en su derecho constitucional a la protesta, exigiera pacífica y democráticamente respeto a nuestros derechos. El régimen no tardó en desatar la fuerza desproporcionada en contra de los manifestantes y asesinó a 43 personas, en su mayoría jóvenes estudiantes.

Leopoldo fue acusado de incitar a la violencia, cosa que es falsa porque él nunca llamó a la violencia, más bien su llamado fue a la protesta pacífica y durante seis días estuvo en la clandestinidad. En ese periodo, el entonces presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, vino varias veces a mi casa con actitud intimidante con hombres con armas largas y con capuchas, a tratar de convencerme de que Leopoldo debía irse al exilio. Fueron días y horas de mucha angustia. El 18 de febrero acompañado de cientos de miles de venezolanos, Leopoldo decidió dar la cara en la Plaza Brion en Caracas, se entregaría ante una justicia injusta porque era inocente.

Sabía que su encarcelamiento dispararía las alarmas de la comunidad internacional y que el mundo democrático comenzaría a fijarse en Venezuela, pues hasta entonces la maquinaria comunicacional del régimen había logrado distorsionar nuestra realidad.

Tras entregarse, Leopoldo fue llevado a una cárcel militar, a pesar de ser civil. Lo torturaron psicológicamente, lo requisaban hasta 10 veces al día, desnudándolo por completo, en ocasiones lo levantaban a la mitad de la noche con un fusil en el pecho, le quitaban sus libros y sus escritos, escuchaban las visitas con sus abogados, grababan la visita familiar y, por si fuera poco, nos sometían a tratos denigrantes a su madre y mi, al entrar y salir de la cárcel nos desnudaban frente a nuestros hijos, Manuela y Leopoldo Santiago. Muchas veces, tras largas hora de espera bajo el sol con los niños, suspendían la visita arbitrariamente.

El juicio estuvo lleno de ilegalidades de principio a fin, jamás le fue concedido el derecho a presentar evidencia de su defensa y fue condenado a casi 14 años de prisión. Hoy sabemos que ese juicio fue una farsa, como lo han confesado la juez que emitió el auto de detención, el fiscal acusador, y la Fiscal General Luisa Ortega, todos en el exilio por haberse atrevido a denunciar esta grave realidad. Cuando escuché que la fiscal Luisa Ortega dijo que fue presionada por Diosdado para encarcelar a Leopoldo, respire verdad, porque están saliendo las pruebas de lo que tenemos 4 años denunciando. A pesar de los intentos del régimen por quebrarlo, Leopoldo se ha mantenido siempre firme y fuerte. Si bien nuestra familia ha sufrido terriblemente por la injusticia, nuestro dolor no se compara al del pueblo venezolano, madres que han perdido a sus hijos a causa de la violencia, padres que dejan de comer para alimentar a sus hijos, niños expuestos a morir por desnutrición, la persecución y la represión de un pueblo entero.

Cientos de funcionarios electos y líderes de oposición han sido arrestados, o forzados al exilio. Es un intento sistemático por silenciar a cualquiera que represente una amenaza para el régimen. Actualmente hay 373 presos políticos en la cárceles de Venezuela, expuestos a enfermedades como sarna y paludismo, y sometidos a tratos inhumanos y degradantes. Ellos son una clara demostración de la crueldad de la que es capaz el régimen de Nicolás Maduro.

También esa crueldad se ve reflejada en el control social y político para someter a la población. Como dice Leopoldo, él está preso, pero también está preso el pueblo de Venezuela, privado de sus derechos. La situación se ha vuelto crítica, y el régimen en lugar de dar soluciones, profundiza su autoritarismo.

En 2017, tras la decisión del Tribunal Supremo de Justicia de declarar en desacato a los Diputados de la Asamblea Nacional, volvimos a las calles. Lo hicimos armados de valor. Las fuerzas de seguridad y sus brazos civiles armados asesinaron a 157 ciudadanos. El uso desproporcionado de la fuerza incluyó impactos de bombas lacrimógenas directamente al cuerpo de manifestantes, disparos a quemarropa y arrollamientos. La situación ha repercutido más allá de nuestras fronteras, con un éxodo masivo de venezolanos. Ante esta alarmante situación, la comunidad internacional en un intento de darle solución a la crisis, nos convocó a participar en una negociación con el régimen. Nos acompañaron los cancilleres de Chile y México. Desafortunadamente, el régimen incumplió con los mínimos necesarios para garantizar la viabilidad del acuerdo y sólo sirvió para prolongar su estadía en el poder.

Nuestra tercera hija Federica Antonieta, nació en enero de este año, a pesar de llegar en un momento muy complicado nos llenó de esperanza, de fuerza, y nos da razones todos los días para seguir hasta, como dice Leopoldo, lograr que “todos los derechos sean para todas las personas”. Leopoldo no ha dejado de luchar un solo día por su pueblo y jamás lo hará. Hoy, los venezolanos pedimos a nuestros hermanos de la región, amparados en el principio universal que los derechos humanos no tienen fronteras, y por los mandatos legales que contempla la Carta Interamericana de Derechos Humanos, que nos ayuden a rescatar la libertad, exigiéndole al régimen que cumpla con sus obligaciones pues lo que está en juego no sólo es la democracia, sino la vida de los venezolanos.

/Escrito por Lilian Tintori, esposa del disidente Leopoldo López, para La Tercera

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