“Victoria”, llamaba insistentemente Adolfo Zaldívar los últimos días, acostado en su dormitorio de la casona que habitó por años en Vitacura.

Victoria se llamaba su abuela. Pero también así se llama su última nieta, de sólo tres meses.

Cuando María José, la hija mayor de los cuatro que tuvo el «colorín» con Alicia Larraín, escuchaba a su papá, corría a ponerle en los brazos a la pequeña y sentía que en algo alegraba sus últimas horas.

Ayer María José Zaldivar fue nombrada subsecretaria de Previsión Social y recpordó así el legadode su padre

“Mi papá no era un hombre duro. Era puro corazón y por eso era tan apasionado”, retruca.

Abogada y Licenciada en Historia de la UC, cuenta que cuando tenía sólo 12 años hizo de “secretaria” de Zaldívar para el proceso de inscripción de la DC en los registros electorales. “El papá no le confió las fichas a nadie más que a mí porque yo soy súper ordenada”, recuerda.

Tenían planeado formar juntos una oficina de abogados cuando terminara el gobierno de Piñera. Y hasta habían hablado de un viaje familiar a Salta en febrero, y de otro a Disney con sus nietos…

Cuenta que el «colorín» pasó sus últimos días en paz, con la familia. Sólo lo podían visitar su hermano Alberto, y su amigo de toda la vida, Jorge Garay. Escribió hasta el final y ella pretende ordenar todo y, quizás, hacer un libro. “Últimamente escribía sobre el tema de la integración, pero también mucho sobre lo que se debe hacer con la clase media”.

-¿Cómo fueron las últimas horas con su padre?

-Fue un proceso súper lindo, tranquilo, muy íntimo. Afortunadamente estábamos todos juntos. El papá de alguna manera esperó que llegaran todos, porque había dos que no estaban, Francisco y la Ana María. Y fue precioso porque estábamos todos alrededor de su cama, tomándole la mano, haciéndole cariño y abrazándolo. Nosotros somos una familia que también nos reímos harto, entonces entremedio también nos reíamos, pero seguíamos rezando. Abrazándolo, haciéndole cariño y el se fue de a poquito, poquito.

-¿Se daban cuenta de que se estaba muriendo?

-Sí, fuimos viendo como se iba yendo. De alguna manera acompañándolo y diciéndole que estuviera tranquilo. Incentivándolo a que dejara de pelear.

-¿Peleó hasta el final?

-Mi papá estaba convencido que salía de ésta. La peleó entera.

-¿Y cómo reacciona cuando se da cuenta de que perdió la batalla contra el cáncer?

-Yo creo que para él fue un golpe muy duro, porque le habían salido todos los exámenes bien, pero en diciembre salió un examen que demostraba que había pequeños núcleos que atacar, y había que hacer tres quimios más, aparte de las 10 que ya se había hecho. Entonces dijo «pucha, hice todo, di toda la pelea y no funcionó, y entonces tengo que partir de nuevo ¿tengo la energía? no sé». Ahí hubo un cambio. Fue súper rápido, a mediados de diciembre.

-¿Pasó las fiestas en la clínica?

 

Lo que sí mi papá se dio cuenta que la vida le había dado una nueva oportunidad para volver a poner en su lugar la prioridad de las cosas, y puso como primera prioridad a su familia y a sus hijos, y a mi mamá. A mi mamá se volcó por entero. Y siguió haciendo política.

“Nunca le dejó de doler” que lo echaran de la DC

-El siempre fue visto como un díscolo, como un duro. ¿Se reconcilió con personas de las que estaba distanciado en los últimos días?

-Es que yo no creo que mi papá era un hombre duro. El era puro corazón y por eso era tan apasionado. Por eso le dolían las cosas profundamente, las deslealtades, las injusticias.

-¿De la DC sintió un reconocimiento? Se ha dicho que al final tuvo un acercamiento con el partido.

-El siempre fue un humanista cristiano, los principios y los valores que nos transmitió eran el humanismo, la justicia, la verdad, y por parte de la DC, estaba el tema de la reconciliación de alguna manera… Yo creo que al papá nunca le dejó de doler todo lo que pasó (con su expulsión del partido) y por eso es tan lindo que personas que tuvieron desavenencias con él fueran a verlo y le dieran un reconocimiento a la justicia con la que él había actuado, independiente de si estuvieron de acuerdo.

-Se ha planteado la idea de una militancia póstuma en la DC. ¿Cree que a él le habría gustado?

-El se fue reconciliado con todos, y se mostró muy agradecido por la preocupación que le manifestaron distintos militantes y dirigentes por su salud, sobre todo en el último tiempo. Pero a mi papá no le habría gustado volver a la DC, el quedó profundamente desilusionado por la forma en la que fue expulsado. Ese hecho, a sus ojos, demostró que su partido se había alejado de los principios que lo inspiraban y por los que había luchado. A el lo echaron por pensar distinto y atreverse a manifestarlo, lo echaron por defender a la clase media y trabajadora de Chile.

/Entrevista de Paula Pincheira para La Segunda

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