NUESTRA VIDA está llena de sociedades, como los negocios, el matrimonio, proyectos, comunidades, para llegar hasta la gran sociedad que construye un país. Las sociedades se regulan con algún tipo de estatuto, que puede ser formal o implícito. Ese estatuto es la base de las leyes que regulan o definen la equidad. Las sociedades solo prosperan cuando son justas, una palabra fácil de decir, muy difícil de definir y entender a cabalidad. Si no son justas más tarde o más temprano se destruyen.

La sensación de injusticia (inequidad) produce una experiencia de impotencia, da rabia, la rabia engendra odio y el odio lleva a la violencia. Eso es exactamente lo que ocurre en el Chile de hoy, fundamentalmente porque para un grupo no menor, el único criterio de equidad (justicia) es la igualdad y así la desigualdad adquiere el carácter de injusticia. La igualdad, sin embargo, es solo uno de los tres grandes principales principios de justicia en una sociedad. Hay casos en que efectivamente lo justo es la igualdad, pero hay casos en que lo justo es la discriminación, aunque suene extraño. El tema de la justicia se complica aún más cuando a los principios humanos le agregamos la justicia divina, muy relevante para muchos.

Resulta imperativo entonces que se debata ampliamente qué es realmente una sociedad justa. ¿Qué es realmente la equidad? Si por ejemplo, creemos que las notas del colegio deben ser iguales para todos, probablemente para la mayoría sería algo injusto y la calidad de la educación desaparecería. Lo mismo si los salarios fuesen iguales, independiente de la productividad y el esfuerzo. Las empresas quebrarían. Si en una catástrofe una familia numerosa recibe más ayuda que otra pequeña, a muchos les parecería justo, a pesar de ser desigual. Lo mismo ocurre si una persona muy enferma recibe más atención que otra menos enferma; eso sería justo para casi todos. Que la justicia sea realmente ciega a todos les parece justo (en nuestro país parece ser apenas tuerta). Pero la experiencia práctica es mucho más compleja que estos casos. En una guerra cambian los criterios de equidad. ¿Qué pasa cuando un fin “mayor” reclama una “injusticia”? Para casi todos matar es malo, pero matar en defensa propia no lo es tanto. Es un tema profundo que no admite slogans ni caricaturas simplistas.

En las discusiones actuales, para unos, abortar (matar) un niño es justo para la madre que así lo desea, pero para otros es absolutamente injusto para la vida que muere sin poder defenderse. En la educación el tema es muy complejo. Para algunos es fundamental premiar el esfuerzo y tener espacios para los destacados. Para otros no lo es. Para algunos es justo que el sistema de educación sea diverso, para otros es justo solo si es homogéneo con programas únicos. Para algunos es justo que se pague por la educación, para otros no.

Cuando una persona ha ahorrado toda su vida y juntado un patrimonio, y después lo hacen tributar por éste, para muchos es injusto, para otros es lo más justo. Así, por ejemplo, lo propone implícitamente Lagos, ya que es una propuesta oficial del partido que representa.

La injusticia emocionalmente constela siempre alguna forma de abuso, es decir, del uso de fuerza o poder de algún tipo (lograr que otros hagan algo a pesar de su voluntad). Por eso lo “injusto” (para quien lo considera así) da rabia, deteriora las confianzas y a la larga termina en violencia, y eso destruye las democracias. Por ejemplo, la Nueva Mayoría instaló la ideología de la retroexcavadora, y se olvidó de la equidad en muchos aspectos al pasar arriba de la otra mitad del país.

Los grandes acuerdos son el único camino para definir lo que cada sociedad considera justo o no. Es un arte, no una ciencia. En base a estos principios se construye el estado de derecho, y se empodera a la justicia y a la fuerza para garantizarlo. Cuando los policías son degradados por los ciudadanos y la sociedad o sus jefes lo permiten, se acabó el estado de derecho. Así nos ocurre hoy en Chile.

¿Qué pasa entonces si la sociedad no es capaz de ponerse de acuerdo en lo que es equitativo? Hay que recordar que la equidad es un principio de equilibrio, es decir, es por definición relativo. Darle a uno significa sacarle a otro. Lo justo tiene además una dimensión temporal. Podemos, por ejemplo, ser más equitativos hoy, pero a costa de la equidad futura y viceversa. Esto es lo que pasa en los gobiernos socialistas que reparten lo que hay, generando un bienestar transitorio, pero terminan en la pobreza generalizada. En suma, equidad es mucho más que solo igualdad, y debemos ponernos de acuerdo en los diversos criterios y espacios de ello en la sociedad. Si no lo hacemos, más pronto que tarde tendremos una nueva guerra de ideologías, y eso es el fin de la democracia. Hoy el ejemplo es Venezuela.

/Columna de Sergio Melnick para el diario La Tercera

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