La sabiduría popular señala que una infidelidad es el signo más claro de que algo funciona mal en la pareja, que el que engaña es profundamente infeliz o que hay dificultades por superar en el dormitorio. Parece lógico: ¿qué clase de persona enamorada y contenta sería infiel a su pareja y buscaría fuera lo que tiene en casa? Sin embargo, recientes investigaciones han sacado a la luz el otro lado de la infidelidad, ese que no está relacionado con la insatisfacción en el día a día sino, más bien al contrario, con el engaño como una paradójica señal de que todo va bien.

Quizá la pista más reveladora sea la que mostró Helen Fisher y que publicó en su libro ¿Por qué él? ¿Por qué ella?, editado por Holt. Sorprendentemente, su encuesta mostró que el 56% de los hombres y el 34% de las mujeres que engañaban a sus parejas estaban muy felices con su matrimonio. No es la única investigación que ha mostrado resultados semejantes. La autora de No solo amigos: protege tu relación de la infidelidad y cura el trauma del rechazo (Atria Books) Shirley Glass señalaba en dicho volumen que los hombres no suelen estar insatisfechos en su matrimonio antes de cometer una infidelidad.

Queremos tenerlo todo, y por ello somos infieles aunque no seamos desgraciados

Algo que también ocurre con las mujeres. Este mismo año, un estudio realizado por la American Sociological Association aseguraba que las mujeres infieles no tenían, por lo general, ninguna intención de abandonar su matrimonio, con el que se encontraban satisfechas. Si lo hacían, era por añadir pasión y romanticismo a su vida y darle un empujón a su vida emocional tomando quizá el camino más largo. Ahí se encuentra precisamente el quid de la cuestión.

Felizmente infiel

Lo que estas investigaciones ponen de manifiesto es que las aventuras fuera del matrimonio no tienen como objetivo buscar una nueva relación que sustituya a la ya existente, que sería vista como un reducto del pasado que aún no nos hemos atrevido a dejar atrás, sino una forma de potenciar nuestra experiencia vital. Es a lo que se refiere el psicólogo Ed Diener cuando habla de nuestra aspiración a la ultrafelicidad, que puede ser perniciosa en cuanto que identifica el bienestar con conseguir el máximo posible en todos los aspectos de la vida. Según dicha lógica, aquellas personas felices que deciden traicionar a sus parejas lo hacen porque, de esa manera, viven una existencia plenamente romántica sin tener que renunciar a los beneficios de la vida en común.

A medida que pasa el tiempo, la pasión y la lujuria parecen jugar un papel cada vez más secundario pero en peligro la estabilidad de la relación

La desaparición del romanticismo inherente a toda relación a largo plazo suele ser una causa frecuente de infidelidad.

Muchas personas se sienten decepcionadas al ver cómo la pasión desaparece pasado un tiempo en la relación, e incluso más cuando se dan cuenta de que es algo inevitable en la vida en pareja y que no depende de con quién se esté, sino de cuánto tiempo hayan pasado juntos. Es lo que se desprende el estudio publicado por la ASA: la infidelidad es una forma de recuperar la chispa perdida sin la necesidad de forzar la relación en la que se es feliz. Es lo que recuerda también el Grupo de Psicoanálisis Contemporáneo en el análisis de Infiel de Adrien Lyne publicado en Psychology Today.

El personaje interpretado por Diane Lane no es infiel no porque ya no conecte con su pareja, sino porque este juega un rol completamente diferente en su vida. Es un compañero, un alma gemela, el apoyo moral e intelectual. Pero, a medida que pasa el tiempo, la pasión y la lujuria parecen jugar un papel cada vez más secundario puesto que parecen poner en peligro la estabilidad de la relación. ¿En qué sentido? “La lujuria no es políticamente correcta”, explica el artículo; la gasolina del matrimonio es lo previsible y lo cotidiano. La exploración de los límites de la relación, tanto sexuales como emocionales, se dejan al margen puesto que se perciben como un factor desestabilizador.

Un engaño salvó mi matrimonio

Esta visión del sexo como elemento conflictivo de la relación puede ser lo que ha llevado a muchos a afirmar que una infidelidad puede salvar una relación. ¿De qué manera? Algunas señalan que dicha relación las permite tener el control sobre un aspecto de su vida privada que no pueden manejar en su matrimonio; otras, que supone un equilibrio emocional respecto a su cómoda relación en el hogar. Pero también es un acto de descubrimiento para muchas personas, que encuentran en la comparación con sus amantes eventuales aquello que echan de menos en su relación oficial, y por lo tanto, aquello en lo que deben esforzarse.

Este proceso de revelación, tanto de los problemas de la relación de pareja como de la propia persona, es lo que puso de manifiesto una investigación publicada en Sexuality & Culture llamada «Te quiero, pero te engañé». Esta concluía que, en muchos casos, la relación extramatrimonial está asociada con un momento transformador de autodescubrimiento. En muchas ocasiones, y como ocurre con los personajes de Infiel, la relación adúltera tiene como objetivo relajar la dependencia emocional de una única persona que puede abandonarnos o desaparecer un buen día.

El miedo a fracasar en una relación sexual también puede conducir al adulterio

Como puso de manifiesto un par de experimentos reveladores publicados en el Journal of Familiar Psychology, al contrario de lo que la mayor parte de la gente piensa, no son aquellos que mantienen un perfil huidizo en sus relaciones los que incurren en más infidelidades, a pesar de que muestren grandes reparos a la hora de comprometerse con otra persona, sino los ansiosos. Estos son, según la clasificación realizada por la teoría del apego, aquellos que sienten un miedo constante por el abandono y que, paradójicamente, pueden propiciar que su pareja sienta que no es capaz de corresponderles en la relación, haciendo que esta reevalúe sus sentimientos y busque una vía de salida.

Las razones por las que una persona puede ser infiel son, como hemos visto, muy variadas, e incluso de índole meramente fisiológica. Como señalaba un grupo de investigadores de la Universidad de Indiana, el miedo a fracasar durante la relación sexual, sobre todo si ya ha ocurrido en el pasado, puede provocar que se cometa una infidelidad, puesto que se sienten más seguros con alguien que no conoce su historial a quien quizá no vuelvan a ver, no con esa mujer a cuyo lado se acuestan noche tras noche. Hay algo que está fuera de toda duda: sea la razón que sea, el viejo paradigma que equiparaba un affaire extramatrimonial con el fracaso de un matrimonio se encuentra muy desencaminado.

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