Es muy posible que en cualquier viernes hábil de cualquier otro período del año, las cerca de 10 mil personas que ayer al mediodía aguardaban la apertura de puertas de Lollapalooza Chile hayan estado muy lejos del Parque O’Higgins: en una sala de clases, uniformados frente a su profesor de turno, o atrincherados tras un escritorio para replicar horas y horas de rutina laboral.

Pero ayer fue un día distinto. Por primera vez en sus ocho años de historia, el evento musical más convocante del país se montó un día hábil, extendiéndose a tres jornadas, en un viernes siempre sinónimo de tacos, horas punta y metro desafiando la paciencia de sus usuarios. Por lo mismo, la afluencia de espectadores en esos primeros minutos fue lenta, aunque no menos efusiva: las poleras negras de Pearl Jam, y las coronas de flores perpetuadas como el símbolo incuestionable de la cita, adquirían protagonismo en el interior del recinto, a la caza de los primeros números.Resultado de imagen para lollapalooza

A modo de ejemplo, apenas una centena de fanáticos disfrutó del inicio de cómo Asesinar a Felipes, los encargados de abrir la cita en uno de los escenarios centrales, el Itaú Stage. Con la marcha de las horas, el arribo del público fue creciendo, aunque siempre bajo un porcentaje menor que en las ediciones anteriores realizadas sólo sábado y domingo.

Pero tal panorama a momentos fue alentador. El Perry’s stage, levantado en el Movistar Arena y consagrado a la música electrónica, no se rebalsó en el inicio de la jornada, marcando una notoria diferencia con esa postal de sudor, baile y frenesí que se había dado en los otros años. Por lo demás, ese espacio contó con una estrategia renovada para evitar el tumulto agobiante: una suerte de cartel electrónico en su entrada, que semejaba un semáforo, indicaba si la capacidad del reducto estaba llena y si, por lo tanto, era mejor ir por otro escenario .Resultado de imagen para lollapalooza

Pese a las modificaciones, la cita mantuvo ese espíritu democrático que ha marcado su trayectoria. ¿Ejemplos? Cerca de las 18 horas, la banda danesa de heavy metal Volbeat lanzaba su fórmula gutural y acelerada en el escenario Acer, pensado para las propuestas más alternativas, con una pantalla de fondo que simulaba un gran incendio, llamaradas que trepaban por todos los rincones. A sólo escasos metros, el ex Gondwana Maxi Vargas asomaba desde las antípodas, era pura buena vibra: letras de pacifismo, espíritu positivo y esperanza en el futuro impregnaban una instantánea que semejaba un plácido paseo veraniego.

Tulio Triviño hacia lo propio en el show de 31 Minutos que marcó la mayor convocatoria del escenario infantil Kidzapalooza, mientras que David Byrne no era un muñeco. Era un héroe de verdad. Aunque, claro, tenía aspecto de marioneta: con su pelo largo, su figura esbelta y vestido de gris, estampó una de las mejores presentaciones de la jornada, con músicos y coristas que bailaban a su lado, con baterías sacadas de su eje y hits que fueron escritos hace 40 años en medio de la eclosión punk de Nueva York.Resultado de imagen para lollapalooza

En ese punto exacto de la tarde, nadie podía reclamar poca satisfacción: metaleros, cultores del reggae, familias completas y melómanos en la búsqueda de uno de sus faros artísticos gozaban a la par, en un espacio en común que ya parece destinado a esa tolerancia imposible de rastrear en otros lados.

Con el correr de la noche, no sólo llegó más gente, totalizando cerca de 80 mil personas, según cifras entregadas por los organizadores; también siguió latiendo esa oferta disímil del festival: Sinergia llenaba el escenario local con su rock de inspiración tan criolla y cotidiana, mientras los estadounidenses The National cubrían todo con su espesor sónico y su facha de intelectuales al servicio de las guitarras. Luego, LCD Soundsystem sumaría otro híbrido: electrónica con actitud rockera. O también al revés. Da igual: el proyecto de James Murphy también materializó una de las cimas del debut.

Toda una previa para el número de fondo, los grandes comensales del festín: el conjunto Pearl Jam cerraría una jornada histórica, que vuelve a consagrar a la cita como única en su especie, y que tiene en las jornadas de hoy y mañana otro desafío para demostrar su peso en la escena nacional.Imagen relacionada

/Escrito por Claudio Vergara para La Tercera

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