La llegada de este general al mando de Carabineros es muy positiva e interesante. Lo primero, aunque anecdótico, es su poco común nombre, Hermes, que impone una responsabilidad enorme, de la que me imagino estará consciente, sea por Mercurio o Trimegisto. Hermes, en los griegos es el mensajero de los dioses, es el único que puede transitar por los tres mundos: el cielo, la tierra y el inframundo. Trae de vuelta a la tierra a Perséfone capturada por Hades, y vuelve así la primavera al mundo. En Egipto es el origen de casi toda la sabiduría occidental. El mensaje es claro.

Entrando al tema, y como han ocurrido los acontecimientos, hoy se entienden muchas cosas. Por ejemplo, la salida de toda la plana mayor. Carabineros es una institución del Estado, no del gobierno de turno. Por cierto le reporta al gobierno como corresponde, pero no sigue el ciclo político sino el institucional de largo plazo. Carabineros entonces claramente falló como institución.

La delincuencia aumentó, la población le perdió el respeto al carabinero de la calle. La doctrina Bachelet era que la delincuencia era un problema social producto de la desigualdad de origen capitalista y por ello no se le podía reprimir. Asombrado lo escuché tal cual, personalmente del alto mando. Eso es en parte una gran verdad, pero no es la tarea de Carabineros hacer la política social; eso es tema esencial del gobierno.

Además de fallar en su función esencial del orden público, Carabineros falló en la probidad y estuvo sacudido por acontecimientos inéditos en nuestra historia que terminan nada menos que en un Huracán. Ya era demasiado, y sin embargo no pasaba nada, absolutamente nada. De manera cantinflesca se hizo volver al exdirector general de sus vacaciones, solo para decir en la puerta de La Moneda que lo respaldaba plenamente. Plop.

Hasta hoy nadie entiende realmente cómo Bachelet fue capaz de sostener como lo hizo al general Villalobos. La falta de transparencia en ese aspecto fue tremenda. Nunca ella fue capaz de referirse al tema. Y como ocurre siempre entonces, ese vacío es sustituido por las interpretaciones, conjeturas y rumores, que desgraciadamente siguen siendo la versión pública hasta ahora, y que de verdad no favorecen mucho a la exmandataria. Esta extraña conducta de Bachelet se refuerza con lo ocurrido con el administrador de La Moneda, con Peñailillo, con Arenas (todos financiados a través de organismos internacionales), con el premio a Javiera Blanco en el CDE, a Toledo con la notaría, y a Huerta en el Sename, todos con pasmosos resultados.

Carabineros era una de las instituciones mejor evaluadas por la población. Dejó de serlo por todo lo anterior. El alto mando debe representar sus requerimientos reales al gobierno y no comulgar con ruedas de carretas. El nuevo general debe poder representar con firmeza las propuestas de la institución, en sus temas de competencia: orden público y seguridad. Si el Ejecutivo vulnera lo esencial de esa propuesta, el alto mando debe renunciar siempre. Para eso existe la institución, y no se puede politizar ni menos abanderizar con ideología alguna. Lo más grave es cuando el Ejecutivo intenta abanderizarlo, como lo hizo Bachelet.

Hermes Soto debe proteger al carabinero de la calle, que debe ser respetado a todo trance, lo que la izquierda ya degradó. Yo no le pido que sea obsecuente a este gobierno, solo que entienda las jerarquías.
De manera odiosa e irresponsable ha sido atacado por un “honorable” de la República, antes de siquiera partir su función. Vergonzoso. Pero la mayoría lo apoyamos y estamos dispuestos a ayudar si lo requiere. Como dice el Quijote, si los perros ladran Sancho… ya sabemos el resto.

/Columna de Sergi Melnick para La Tercera

/gap