Dicen por ahí que Bachelet mantuvo a Villalobos en su puesto porque no le quedó alternativa. Esta tesis conspirativa parte de la base que el exdirector de Carabineros habría sabido “cosas” o participado en ciertas complicidades que volvían poco recomendable alguna acción más drástica.
Como consecuencia, el hombre se mantuvo porfiadamente en su posición, pese a que resultaba evidente lo que ocurriría a partir del 11 de marzo. Lo que no alcanzo a entender es qué ganó con eso. Igual lo removieron de su puesto, igual terminó con la pintura más que dañada e igual se quedó sin pega (aunque, de seguro, con todos los beneficios del retiro).

Tampoco me cabe en la cabeza que el exministro Campos obedeciera órdenes superiores con el objeto de favorecer el exfiscal Toledo, para luego volverse un duro intransigente frente al decreto de cierre del penal de Punta Peuco. Menos me explico que Bachelet tardara cuatro años en implementar una decisión que apenas requería un par de arreglos en la prisión de Colina y que, en cambio, optara por perseguir a su ministro en los últimos minutos del descuento.

Sospecho, más bien, que el famoso decreto nunca fue tal y que, a esas alturas, Campos parecía el chivo expiatorio menos complejo para el objetivo final de velar por la estrategia del legado. Pero les resultó mal, porque Campos se fue de lengua, como mal les resultó en general todo este cuento del legado.
Ni hablar que el broche de oro lo puso el humorista de siempre (es cierto, estoy hablando de ti, Nicolás) con su gran descubrimiento final. ¡Oh, sorpresa! Fíjense que el déficit es mucho mayor, pero bueno, qué le vamos a hacer a estas alturas, lo lamentamos mucho, fue un penoso error y bla, bla, bla. Si lo que dice es cierto, entonces me ofrezco para obsequiarle una calculadora, incluso de las científicas.

Mientras tanto, los chicos listos de Giorgio ofrecieron otro ejemplo de su verdadero rostro. Nada de la pretendida independencia, ni de la supuesta novedad frente a los viejitos de la Nueva Mayoría. Cuando se trata del poder, los chicos se sentaron rápidamente a negociar sus puestos en la Cámara de Diputados. Esta comisión para ti, esta presidencia para mí. Pero ojo, nos advierten, que es solo cuestiones formales, nada de compromisos de fondo. Muchachos, ese cuento ya lo hemos escuchado demasiadas veces.

/Columna de El Contribuyente en La Tercera

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