El 8 de marzo el diputado gremialista Jaime Bellolio comunicó por redes sociales que el gobierno cubano le había impedido el ingreso a la isla. El mensaje audiovisual lo grabó desde Miami, que desde hace 60 años es el epicentro de la disidencia castrista y refugio de Osvaldo Payá, uno de los principales activistas contra el régimen en el siglo XXI, fallecido en 2012 en un accidente de tránsito.

La prohibición de ingreso a la isla de Bellolio, como la deportación del diputado DC Miguel Ángel Calisto, ese mismo día, respondió a una decisión del gobierno de Raúl Castro -comunicada días antes- de restringir el ingreso a políticos iberoamericanos que vinieran a participar precisamente del Premio Osvaldo Payá, organizado por la hija del activista, Rosa María Payá, quien lidera la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia, además de dirigir la plataforma online, CubaDecide. Tampoco pudieron ingresar la país los ex presidentes de Colombia y Bolivia, Andrés Pastrana y Fernando Quiroga Ramírez.

“Aunque sabían bien y fueron advertidos de que con estos propósitos no serían bienvenidos en Cuba, Andrés Pastrana Arango y Jorge Fernando Quiroga Ramírez, expresidentes de Colombia y Bolivia respectivamente y el diputado chileno de la Unión Demócrata Independiente (UDI) Jaime Bellolio Avaria, se prestaron para participar de esta provocación en el territorio cubano, por lo que, basados en nuestras leyes y en normas internacionales, no se les permitió el ingreso a nuestro país”, consignó el comunicado de las autoridades cubanas.

Distinta suerte corrió El Mostrador, quien logró entrevistarse en La Habana con Rosa María Payá para conocer más sobre el proceso de cambio que busca la disidencia del gobierno de Raúl Castro.

-¿En qué consiste la plataforma digital CubaDecide?

-Hay dos dimensiones distintas de periodismo. El independiente, que es fundamental, porque como ves, este es un lugar no hay muchos medios, no hay acceso, entonces estos medios alternativos son la manera de aliviar la situación de desinformación. Realmente, si lo comparamos con hace diez años, hay más acceso a la información, aunque si lo comparamos con cualquier país libre, no es representativo. Esa es una tarea, y otra tarea es la de movilizar a la ciudadanía, para que tomen acción con la información que tienen, y de eso se trata CubaDecide, que es una plataforma ciudadana, donde trabaja gente que quiere que Cuba cambie.

-¿Cómo se pone en marcha esa movilización ciudadana?

-Tienen que haber gestos que los ciudadanos puedan hacer para presionar al régimen, para pedir apoyo internacional y enfocados a acciones concretas. Por ejemplo en los últimos tres meses, ¿cuál ha sido la campaña de los activistas? Ha sido “mañana, no vayas a votar, pero si vas a votar, si tienes miedo, si crees que puedes tener problemas en el trabajo, ve y anula, pon CubaDecide”. Eso es un gesto que tiene poco nivel de riesgo para el ciudadano que lo hace, porque en teoría es en secreto, pero manda una señal potente al régimen y a los otros cubanos, en el sentido de que no están solos y de que, de hecho, somos muchos más los que queremos cambios.

-¿Cómo ves la transición entre Raúl Castro y una eventual nueva estructura política? 

-Yo creo que cada situación se puede convertir en una oportunidad y, desde luego, este gobierno entra en un periodo de cada vez mayor vulnerabilidad en su proceso de sucesión, no creo que la oportunidad esté en la buena voluntad de ellos. La constitución es muy clara: el PC es el ente rector de la sociedad, pero aunque no lo estuviera, no se puede analizar la situación cubana como si fuera real, como si de verdad lo que viéramos fuese la estructura que funciona con pesos y contrapesos, no es así, ni siquiera estamos frente al politburó soviético, estamos frente a un aparato de inteligencia, dirigido por una familia y por generales, y los 605 diputados que ya están elegidos y que mañana van a estar en esa boleta, tienen la opción de decir sí, o de no existir. No es que la Asamblea Nacional se vaya a reunir el 19 de abril y vaya a escoger a un consejo de estado, no, eso ya está designado, y esos 605 son actores que van a estar ahí para hacer lo que Raúl Castro diga.

-¿Cómo te proyectas tu activismo en los próximos años? ¿seguirás los caminos de tu padre?

-Yo estoy dedicando todo mi tiempo a esta campaña porque creo que tiene una posibilidad de éxito, a pesar de lo cerrado que es el país y de los mitos que habitan en la comunidad internacional. Esto no aguanta más: vienen procesos de transformación. Tenemos la posibilidad de forzar que esa transformación sea hacia la democracia, y hay que movilizar a los cubanos sabiendo que el costo humano que eso significa. Todos en Cuba sabemos dónde está el problema: el problema es el sistema. La mayoría de los cubanos queremos un cambio de sistemas. También uno puede ver en la calle que la gente está mucho más dispuesta a hacer cosas, y mucho más la expresión de ese deseo, y de esa necesidad, es mucho más evidente ahora, y mucho más osada ahora, que lo que era hace 10 años atrás, y tiene que ver con el paulatino acceso a la información al día de hoy, y con un régimen que está perdiendo legitimidad por todas las razones, porque no tiene una sola oferta para la ciudadanía, pero también porque los líderes históricos están desapareciendo, pero también porque ha habido cierto giro en cuanto a la percepción internacional y se evidenció cuando restringieron el acceso a nuestros invitados para el premio.  Yo estoy convencida de que los cubanos, cuando pueden identificarse con una alternativa, cuando ven un camino que puede llegar a un cambio real, yo estoy convencida de que hay muchos que lo toman.

¿Lo que buscan es avanzar en el sentido del Proyecto Varela que a fines de los 90 impulsó tu padre?

-El proyecto Varela sucedió hace 20 años, en un momento donde no se podía enviar un mensaje de texto, donde el internet era un sueño que alguien había oído que existía por el mundo, y en esas condiciones, sin pendrive, se recogieron decenas de miles de firmas, decenas de miles de cubanos pusieron su nombre, su dirección, su número de identidad, que sabían iba directo a la seguridad del Estado, iba a ser entregado en la Asamblea Nacional, y le dijeron a la Asamblea Nacional: queremos que cambie el sistema.

-¿Cuál es la diferencia entre el proyecto Varela y lo que están impulsado ustedes?

-Es una alternativa más clara, una propuesta concreta. Tú puedes ver cuáles son lo cambios que se piden, y cuáles son mejor para tu vida, de eso se trata, de una propuesta concreta que cualquiera puede identificar y que además puede seguir. Hay acciones que puedes hacer para poner presión para que esa propuesta concreta sea una realidad. Es una apuesta tan probable como es probable vencer.

-Además de las plataformas online, qué otros mecanismos están impulsando?

-La presión política internacional. La que se está haciendo desde Washington y también desde Santiago de Chile. En mayo, el Senado chileno aprobó una resolución en la que Michelle Bachelet debía invitar al Gobierno cubano a hacer un plebiscito y apoyar la iniciativa de la ciudadanía, de llevar el sistema a plebiscito y preguntar a los cubanos si quieren elecciones libres y plurales y justas por primera vez en más de 65 años, y esa, es una petición muy parecida a la que acaba de firmar congresistas cubano-americanos. Un grupo del Senado y el Congreso norteamericano acaba de enviar una carta a Trump invitándolo a apoyar el derecho a decidir de los cubanos, para que pudieran tener un voto con garantías para cambiar el sistema. Ese es el tipo de lobby que a nosotros nos interesa hacer.

/Entrevista de Max Raide para El Mostrador

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