Al cabo de ocho ediciones de Lollapalooza en Chile es un error decir que se trata de un festival exclusivo para gente de clase alta, en otras palabras un festival exclusivo para cuicos. El evento demostró que en su primera versión de tres días recibe a un crisol de personas de distinta procedencia, no es problema nuestro en cuantas cuotas pagaron la entrada los que supuestamente no asistían en las primeras versiones. Un ejemplo donde mejor se mostró este aparente cambio fue en los espectáculos de Pearl JamRed Hot Chilli Peppers y Mon Laferte, que reunió más gente que una misa del Papa Francisco en Chile.

Por otro lado, el festival nunca más podrá ufanarse de su puntualidad y rigor técnico. Una tormenta en Buenos Aires retrasó el traslado de varios equipos y obligó a reprogramar y reducir varios shows como el de Royal BloodChance The Rapper,The Neighbour y Spoon, que cambió de sábado para domingo.

Los problemas técnicos dejaron dos furiosos. La primera fue Mon Laferte, que se quejó de no tener una pantalla para mostrar sus visuales, hablando expresamente de “maltrato” a los artistas chilenos. El otro fue Liam Gallagher. El ex Oasis no aguantó y después de cuatro canciones, se retiró indignado después de lanzar una diatriba en inglés contra la organización. Aunque Brandon Flowers de The Killerstrajo algo de consuelo a los fans y tocó Wonderwall uno de los hits de Oasis.

De Mon Laferte, se pueden decir muchas cosas, como que su perfil es una mezcla de Gilda con Amy Winehouse y Margot Loyola. Esta vez incluyó una sección de tres cuecas acompañada de David “Rulo” Edelstein, ex Los Tetas. La artista nacional de mejor presente que actuó en el festival, ya no necesita explotar tanto su timbre de rythm & blues para conmover al público, que frente a sus éxitos saca pañuelos blancos y corea a todo pulmón. Aunque sus canciones no estén tan a la altura de los tiempos y hablen de mujeres dispuestas a todo para conseguir el amor y atrapadas en relaciones tortuosas. Una marca de la factoría mexicana a la que la ex chica Rojo le debe su actual carrera. Entre los chilenos también destacaron Cordillera el nuevo proyecto de Angelo Pierattini, Alain Johannes (hijo de Javier Astudillo, “Danny Chilean”) junto a los hermanos Foncea y el funk probado de Latin Bitman.


Lo que sigue intacto en Lollapalooza es la capacidad para interpretar la nostalgia como pasó con Pearl Jam y Red Hot Chilli Peppers. Ambas bandas desplegaron su máquina de éxitos. En el caso de los californianos, pagando una deuda con el sonido de su presentación anterior de 2014. Anthony Kiedis, cada vez más distante, junto al bajista Michael “Flea” Balzary igual sostienen un adamiaje que actualmente recuerda lo mejor del rock clásico, especialmente cuando despliegan intensos solos de guitarra bajo y batería antes de interpretar algunas canciones. Respecto de Pearl Jam solo confirmaron la relación eucarística con el público chileno dejando su segundo show impecable en menos de una semana. Y sabemos que no será el último.

Pero además es destacable la capacidad de los programadores de la franquicia, que estuvo simultáneamente en Argentina y continúa en Brasil, para traer al Parque O’Higgins algo de lo mejor del presente como los neoyorkinos de frenesí disco LCD Soundsystem o The Killers y Lana del Rey que convocaron a buena parte del público en la última jornada del domingo.

Aunque lo mejor será que en Lollapalooza podemos ver algo de lo que viene para el futuro. Es el caso de Anderson Paak & The Free Nationals y Chance The Rapper, el rapero de Chicago del corral de Kanye West. En el caso de Anderson Paak su explosiva mezcla de hip hop, funk, jazz y soul (es exagerado pero se ve y suena como una cruza entre James Brown, Prince y Stevie Wonder) hizo explotar al público y a muchas mujeres que antes de una canción corearon “mijito rico” probando que la sangre negra lleva una ventaja a la hora de la conquista. Lo de Anderson Paak, que canta, baila y toca batería como un enfermo delirante, es hip hop para enfrentar la semana, para conducir a la playa y enamorar a cualquiera, que por cierto soporte sus letras picantes. Casi todas sus canciones tienen el rótulo “explícito” en Spotify.

Mientras, Chance The Rapper uno de los patrones del hip hop a los que hay que poner atención junto a otros como Frank Ocean o Lupe Fiasco, tuvo que reducir a 45 minutos su presentación. De todas maneras logró dejar felices a sus fans e incorporar otros nuevos como las niñas detrás mío que llegaron a él por una recomendación a la entrada y de seguro lo van a incorporar en sus listas de canciones.

Si hablamos de futuro, ahí está la australiana Tash Sultana que nos recuerda en parte a la francesa Zas, pero con el bullicio dulce de PJ Harvey o Fiona Apple. La cantante que partió en las calles de Melbourne, puede sentarse a esperar que aparezcan sus imitadoras en el panorama regional.

Ahora, la categoría leyenda es solamente para David Byrne. El ex Talking Heads de 65 años vino a presentar su nuevo disco American Utopia, con un despliegue teatral y sonido compacto, el escocés dejó en las nubes a los fans con sus versiones de Once in a Lifetime y Burning Down The House. Aunque hubo quejas a gritos por la ausencia de uno de sus grandes éxitos Psycho Killer.

Finalmente, nos queda la lección de todos los años. Nunca será un mal negocio comprar las entradas en verde. Siempre habrá algo para escuchar, del presente, el pasado o el futuro.

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