En 1994, cuando el presidente Eduardo Frei tuvo la “osadía” de solicitarle al entonces General Director de Carabineros y ex integrante de la Junta Militar, Rodolfo Stange, que debía renunciar al cargo por su supuesta obstrucción a la justicia en la investigación de un caso de violación a los Derechos Humanos, lo que le generó una crisis política de dimensiones a su gobierno, por la obstinación del uniformado de permanecer al mando de la institución por dieciocho meses más, no podía saber que casi veinticinco años después, uno de sus sucesores recién asumido Presidente, tardaría menos de veinticuatro horas en lograr cesar de sus funciones a la autoridad máxima de la policía uniformada.

Y es que lo que hoy en día parece ser una cuestión de la más mínima lógica democrática, que las Fuerzas Armadas y de Orden estén subordinadas al poder Ejecutivo, fue durante varios años un asunto tabú. Han de saber los más jóvenes, que al menos a lo largo de quince años, los enclaves autoritarios establecidos en la Constitución de 1980, como los senadores designados y vitalicios, la inamovilidad de los Comandantes en Jefe (incluyendo a Carabineros), las atribuciones del Consejo de Seguridad Nacional y la composición del Tribunal Constitucional, condicionaron el funcionamiento del sistema político chileno, al menos hasta el año 2005.

Así como es fácil juzgar la noche al otro día, es sencillo criticar en pleno funcionamiento democrático a quienes debieron gobernar y tomar decisiones en un período en que el camino estaba lleno de obstáculos, que había que ir eludiendo en forma cotidiana. Los llamados “poderes fácticos”, incluyendo los movimientos de militares con caras pintadas y trajes de combate frente al palacio de gobierno no eran un juego teórico. El miedo arreciaba con frecuencia y sus cultores hacían denodados esfuerzos para que así fuera.

La recuperación plena de la democracia, cuyo símbolo es el reciente cambio del sistema electoral, fue un proceso de largos años, construido con paciencia, con diálogo, con avances y retrocesos, sin revanchismos y “a pesar” de muchos que habrían preferido opciones más elitistas o autoritarias.

Sin embargo, aquí estamos, satisfechos y contentos, porque lo ocurrido el lunes 12 de marzo, con el Presidente de la República y el General Director de Carabineros, que probablemente provocó un dejo de sana envidia al ex presidente Frei, es una señal de que nuestra democracia se ha consolidado en los últimos años y de que sus instituciones, de verdad funcionan.

Columna de Tito Flores para La Tercera

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