La muerte del último rinoceronte macho blanco del norte representa un nuevo eslabón del caos ecológico y medioambiental al que está sometido el planeta y hace resurgir el interrogante de cuándo se tomarán medidas concretas para evitar las crisis que se avecinan.

"Se nos acaba el tiempo": El ser humano, artífice de su propia destrucción

“La temperatura del planeta Tierra se elevó 0,85 grados centígrados en el último siglo, es decir, nuestra flora y fauna están expuestas a casi un grado más de temperatura”, advirtió el astrogeofísico mexicano Carlos Gay García, ganador del Premio Nobel de la Paz en 2007. Más aún, científicos agregaron que cuando la temperatura suba dos grados, muchas especies de plantas desaparecerán y más de la mitad lo hará cuando el incremento llegue a los 3 grados.

“El cambio climático lo está acelerando el hombre de una manera bestial”,  añade el paleontólogo de la Universidad Complutense de Madrid, Fernando Blanco, quien reclama la implementación de más medios para detenerlo y evitar así las terribles consecuencias que prevén los científicos y que, además de plantas y animales, tendrán una víctima más: el hombre.

Consecuencias

Además de ser el principal culpable del cambio climático, el ser humano también sufrirá sus consecuencias. Es que los científicos aseguran que, aunque disminuya la emisión de gases, en las próximas décadas el calentamiento global, por inercia, continuará su marcha. Por eso, advierten que en los próximos 25 años, el planeta tendrá, por ejemplo, inundaciones devastadoras.

El desborde sin precedentes de los ríos haría que poblaciones enteras queden amenazadas. Solamente en Norteamérica el número de personas expuestas a inundaciones pasaría, si no se toman medidas, de las 100.000 actuales a un millón. En China, unos 55 millones estarían en la misma situación.

Falta de agua

Más allá de las previsiones y las advertencias que realizan los científicos en torno a lo que le espera al hombre si no modifica sus conductas, algunas consecuencias del calentamiento global ya están a la vista. Ciudad del Cabo (Sudáfrica) está en crisis desde que comenzó a secarse su principal reservorio, lo que podría encontrar su punto terminal el próximo 9 de julio, bautizado como el Día Cero, es decir, el momento en que ya no habrá agua potable.

Las campañas para reducir su consumo permitieron prolongar esta agonía durante algún tiempo ―en un principio, el Día Cero estaba previsto para abril―, aunque según advirtieron las autoridades, la situación ya no tiene retorno.

Una familia pasea alrededor de una sección seca de la presa Theewaterskloof cerca de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, el 20 de enero de 2018

No obstante, la urbe sudafricana no es la única ciudad en riesgo de quedarse sin agua. Lima, la capital peruana, está en el mismo camino, en especial, por la menor cantidad de lluvias. “El cambio climático será un factor clave en un futuro escenario de desabastecimiento”, asegura Jorge Ramírez, jefe comercial de Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de Lima.

Especies en peligro

Con la muerte de Sudán, el último rinoceronte macho blanco del norte, al mundo solamente le quedan dos subespecies. Y mientras muchos hacen esfuerzos por conservar a las que están en peligro de extinción, el avance de la urbanización y de los intereses del hombre ponen a muchas en serio riesgo.

El último rinoceronte blanco del norte masculino sobreviviente nombrado “Sudán” pasta en Ol Pejeta Conservancy en el parque nacional de Laikipia, Kenia el 14 de junio de 2015

Un ejemplo de esto es lo que ocurre en Cancún (México), donde la construcción de ‘resorts’ pone en peligro a los ecosistemas marinos, además de aumentar las cantidades de basura, el desabastecimiento de agua y el tránsito vehicular, con la consiguiente contaminación del aire. Por eso, las autoridades locales ya comenzaron a condicionar los proyectos hoteleros para preservar algunas especies marinas.

No obstante y pese a los esfuerzos, algunos animales ya desaparecieron del planeta: en enero último, en EE.UU. dieron oficialmente por extinguido al puma del este de Norteamérica, del que desde 1938 no se tienen pruebas de su existencia.

La última oportunidad

Cambiar el curso de estos hechos es imperioso para evitar que la Tierra se vuelva cada vez más hostil. Y debe hacerse rápido. “Desde 1992, las emisiones de dióxido de carbono han subido un 62 % y la temperatura global se ha incrementado en 29 %, mientras que la abundancia de fauna de vertebrados ha caído un 29 %”, resume el ecologista de la Universidad Estatal de Oregón William Ripple, quien agregó que en el último cuarto de siglo hubo una reducción de 26 % en la cantidad de agua dulce por habitante, un aumento de 75 % de áreas muertas en los océanos y una caída de 120 millones de hectáreas en áreas forestales.

“Estas son tendencias alarmantes. Necesitamos los medios proporcionados por la naturaleza para nuestra propia supervivencia”, concluyó el especialista, una de los 15.372 personas de la ciencia que firmaron el artículo ‘Advertencia de los científicos a la humanidad: segundo aviso’, en el que afirman: “Pronto será demasiado tarde para cambiar el rumbo de nuestra trayectoria fallida y se nos acaba el tiempo. Debemos reconocer en nuestra vida cotidiana y en nuestras instituciones de gobierno que la Tierra es nuestro único hogar”.

/psg