Cuando se presentó el programa del presidente Piñera en plena campaña presidencial, una de las propuesta que más llamó la atención fue la de aumentar de 15 a 20 días las vacaciones legales, lo que sería compensado con la supresión de cuatro feriados. Con 15 días festivos, nuestro país se encuentra en el rango alto de economías con el mayor número de feriados -a ello hay que sumar la proliferación de feriados regionales-, siendo solo superado por Colombia e India con 18 días no laborables y Argentina, Japón, Líbano, Corea del Sur y Tailandia, con 16. En materia de días de vacaciones Chile (15 días hábiles) está en la parte baja de la tabla, aunque superamos a algunos competidores directos como Argentina (14), Costa Rica (12) y México (6).
Al presentarse la propuesta, las principales críticas apuntaron a la alta probabilidad de que en la discusión política fructificara el aumento de vacaciones y las escasas posibilidades que tenía de materializarse la compensación con menos feriados. Y ha sido justamente el curso que ha tomado la discusión legislativa. La Cámara de Diputados aprobó en general el proyecto que aumenta a 20 los días de vacaciones, pero solo eliminó el feriado correspondiente al 12 de octubre. El avance del proyecto en estas condiciones constituye una mala señal. En la última década el PIB potencial se ha visto afectado por una baja inversión -sobre todo en el último quinquenio por los efectos que introdujo la reforma tributaria-, una caída en la productividad total de factores y un particularmente bajo crecimiento en las horas totales trabajadas. En momentos en que es indispensable retomar niveles de crecimiento acelerados, que apuntalen las remuneraciones reales, es contraproducente rebajar por ley la oferta laboral del país.
Con el nuevo mix (20 días de vacaciones y 14 feriados legales), nuestro país perderá competitividad en relación a nuestros socios de la Alianza del Pacífico y algunas economías de la región. Los ejemplos de Perú (22 días de vacaciones y 12 feriados legales), Colombia (15 días de vacaciones, 18 feriados) y México (6 días de vacaciones que pueden llegar hasta 12 y solo 7 feriados) revelan que la dirección tomada por nuestro Congreso es cuestionable.
El camino al desarrollo exige tomar decisiones impopulares. Aunque muchas economías desarrolladas gozan de extensos periodos de vacaciones, son lujos que pueden darse justamente por sus altos niveles de productividad y aun así -en muchos casos- están sujetos a revisión. En contraste, la productividad media del trabajador chileno sigue siendo baja en el concierto internacional, por lo que el diseño de políticas públicas debe enfocarse en apuntalar el desempeño del capital humano local, considerando los crecientes niveles de competitividad que enfrentamos.
Las tentaciones populistas que buscan congraciarse con electorados volátiles, terminan con daños graves y muchas veces irreversibles a la capacidad de crecimiento y ni siquiera son capaces de garantizar la paz social, como lo demostró el reciente periodo político. El liderazgo en materia económica que se espera de las nuevas autoridades demandará frenar iniciativas que son populares en el corto plazo, pero que en el largo plazo sacrifican generación de empleos y mejores remuneraciones para los trabajadores.

/Editorial del diario La Tercera

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