ES CURIOSO lo que sucede con Piñera. En teoría, muchos lo critican por su forma de ser, por sus negocios, por lo que dice o hace. En la práctica, la mayoría lo eligió presidente una vez y, ahora, es uno de los favoritos para volver a La Moneda.

¿Por qué sucede esto? En parte, porque no es el prototipo de la persona simpática, empática, esto es, no anda por la vida tratando de agradar. Tiene esa agudeza que muchas veces molesta, hace comentarios inadecuados y es muy poco tolerante a la tontera.

Bueno, para una cultura que vive para los likes de Instagram, evidentemente Piñera no califica.
Además, es un hombre de negocios, palabra que para muchos es maldita, porque la asimilan a abusos y trampas de todo tipo. No por nada, desde siempre lo viven tratando de pillar en algo, como queda claro esta semana. Finalmente, es rico, muy rico, algo que también aparece como un problema en ciertos sectores.

Bueno, si esto es así, ¿por qué la gente vota por él? ¿Es una suerte de mal necesario? Yo le veo de otra manera. Es verdad que Piñera no se podría ganar el premio en el tema de las llamadas habilidades blandas. Pero en las otras, las duras arrasa, partiendo porque es un trabajador incansable, el que se levanta más temprano y se acuesta más tarde. Es exigente como nadie, consigo mismo y con los demás. Estudia los temas más variados y tiene opinión fundada sobre ellos. En suma, es un tipo capaz como pocos. Esto no significa que sea infalible. Se equivoca como todos, pero al menos hace la pega. Y todo esto es fundamental en el escenario que hoy vive Chile, donde sucede justo lo opuesto.

En cuanto a su actividad empresarial, contra todo lo que se dice, la verdad parece ser que la gente no ve un problema en aquello. Por el contrario, parecen tener alta valoración por el esfuerzo, el trabajo y, de paso el éxito que ello implica. Por eso, Piñera no dudó en decir que los ataques que vivió esta semana, responden a personas que no conocen la palabra trabajo y que han vivido siempre de la prebendas del Estado. Finalmente, respecto de que hace trampas, que actúa fuera de la ley, bueno eso es algo que hay que probar. Se habla mucho de aquello, pero hasta ahora, los dos casos presentados son muy débiles. Todos saben esto.

Igual afecta. Por eso, para algunos, sería ideal que Piñera no fuera rico y exitoso. Que no fuera tan arriesgado, que tuviera menos inversiones que, aunque sean legales, lo expongan a acusaciones de conflictos de interés. Pero, entonces, estaríamos hablando de otra persona. Y, de seguro, una que no ganaría una elección. Por el contrario, la mezcla de político exitoso y hombre de negocios exitoso, arriesgado, trabajador, exigente y jugado como pocos parece que vende bien. Incluso no siendo muy simpático, ni empático. Y si lo quieren de nuevo en La Moneda, hay que comprar el paquete completo. Ese que, hasta ahora, le hace sentido a la gente, por mucho que se diga lo contrario. Lo demás es música, porque si Piñera, aburrido, decidiera bajar su candidatura, serían más los viudos que los contentos.

/Blog de Andrés Benítez para el diario La Tercera

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