El Presidente Piñera ha planteado la necesidad de que los dirigentes políticos busquen acuerdos en las materias más importantes para los chilenos. Que, en esos temas, logren coincidencias en reformas que mejoren la eficacia de la sociedad en su capacidad de responder a problemas graves.
Sin embargo, en los últimos días hemos visto un progresivo deterioro en el tono del debate, particularmente a raíz de críticas a la gestión del gobierno pasado, por el mayor déficit estructural, el reciente fallo del Tribunal Constitucional, la próxima reforma tributaria y el protocolo de la ley de aborto. La expresidenta Bachelet reingresó al debate a pocos días de dejar el cargo y varios de sus exministros están actuando como una especie de gabinete en las sombras.
¿De qué depende que existan condiciones para alcanzar acuerdos? Dirigentes opositores han requerido que no se critique la gestión que acaba de terminar, colocando como ejemplo al ministro Valente que ha sido particularmente punzante en sus comentarios; otros han planteado que no se puede pretender convenir reformas en algunas materias y, al mismo tiempo, sostener ciertas posiciones en otras. Lo que parece sugerirse es que solo pueden haber acuerdos específicos en un ambiente de “atrás sin golpes”. Nada de esto tiene mucho sentido.
Lograr acuerdos no requiere que dirigentes de gobierno y oposición sean “amiguis” y la “buena onda” marque las relaciones políticas, eso es de una ingenuidad evidente, porque los acuerdos no los produce una sintonía de estados de ánimo, sino una determinada correlación de poder: una en que existen sectores que, siendo adversarios, aprecian ventajas para ellos en una agenda de ese tipo. Lo demás, como dijo el expresidente de izquierda que hoy solo es querido por la derecha, “es música”.
La misma izquierda que denuncia que no pueden haber acuerdos si se les critica, ahora demanda uno para reformar el Tribunal Constitucional. Por eso, los únicos puntos de encuentro posibles para el gobierno son los que se alcancen alrededor de aquellas posiciones suyas que conciten gran apoyo de la ciudadanía. Es allí donde restarse tiene costos altos y por eso, salvo en infancia, son improbables amplias coincidencias legislativas. Pero sí puede avanzarse en el Congreso con votos de centroizquierda que entienden que deberán elegir entre seguir alejándose de los electores moderados o, de una vez por todas, decidir independizarse de sus socios más extremos.
Si el Presidente quiere alcanzar acuerdos que lo fortalezcan, el camino no es otro que una agenda que debilite a la izquierda. Esa agenda es áspera por definición, tiene pocos puntos, une a Chile Vamos y divide a la oposición. Al gobierno no le faltan amigos en el Parlamento, le faltan votos. Esa diferencia no es climática, se llama política.

/Escrito por Gonzlo Cordero, abogado para La Tercera

/gap