Explicaré el conflicto alrededor del dictamen del Tribunal Constitucional (TC) con una fábula. Don Lucroso Avidez y doña Lucrecia Codicia son dueños de Las Lucas SA, que vende cecinas. Lucroso y Lucrecia deciden crear la Universidad Los Tres Chanchitos (UTChan), pues han sabido que es un estupendo negocio. En Chile hay mucho “know how” en materia de sifonear recursos a empresas relacionadas por vía de contratos truchos o inflados. La UTChan se creará como corporación sin fines de lucro. Tendrá una junta directiva integrada por Lucroso, Lucrecia y sus tres Lucrositos.
Lucroso y Lucrecia discuten la conveniencia de que ellos dos participen en la junta directiva como representantes legales de Las Lucas SA, o bien como personas. La conclusión que sacaron es que da igual, puesto que siempre decidirán lo que les convenga, con o sin dictamen del TC. Entonces, para que la cosa luzca mejor serán miembros a título individual, no vaya a ser que los estudiantes se tomen el local por haber controladores con fines de lucro, aunque la UTChan no tenga fines de lucro.
Los dineros así fluyeron a los bolsillos de Lucroso y Lucrecia por vía de sus empresas relacionadas, a tal punto que se compraron un condo en Miami.
Pero no contaban con la señora Crisanta Pulcrosa, jefa de la Superintendencia de Educación Superior creada recientemente por ley, y seleccionada por ADP. Apenas ella se enteró de las sospechosas actividades, les mandó tres inspectores que comprobaron mucha extracción de lucro hacia otras empresas.
Como la Ley de Educación Superior, en lo ya aprobado en su artículo 78 – un cambio radical que pocos han comentado – tipifica esto como delito penal, formalizaron a Lucroso y Lucrecia. Se les acabó la fiesta.
En suma, independiente de la composición y validez del TC, todo lo que se ha chillado acerca de que le “devolvió el lucro a las universidades” es… exagerado. Pero la gritadera y la suspicacia tienen un legítimo trasfondo: tres décadas de Lucrosos y Lucrecias que se han enriquecido sideralmente, engañando a alumnos y llenándose los bolsillos a costa del Estado y las familias.
Por ende, este partido se juega de modo vital en que la selección de doña Crisanta Pulcrosa se haga con exigentes estándares de probidad y excelencia profesional, y que esta Superintendencia haga su tarea de manera rigurosa y transparente. Es ahí donde debemos estar atentos.
Alguien podría decir, en uso de su legítima ideología, que la educación superior es un bien de consumo, que no tiene nada de malo que haya emprendedores que se enriquezcan educando y dándole oportunidades a alumnos que no habrían asistido a la universidad si no fuera por ellos. Error. Este escándalo ya fue denunciado incluso por el Senado norteamericano, que ha descrito similares mega engaños, entre otros de la Trump University, Phoenix University y otros bucaneros. Además, el fin del lucro fue refrendado en esta Ley, y el propio ministro recién decretó su funeral.
No tengo nada contra el mercado y el lucro en los automóviles o el retail, si son transparentes, simétricos y bien regulados, con abundante información para los clientes. No es trivial. Recordemos las conductas predatorias que tuvo La Polar manejando las deudas de clientes de bajos recursos y que nunca entendieron lo que es la renovación de un crédito ni lo que es una tasa de interés. Cerca del 50% de los postulantes a la educación superior tampoco lo entienden, ni siquiera lo que leen. 75% de las carreras o programas de Chile jamás han sido siquiera visitadas por un par acreditador de la -hasta hoy tristemente ineficaz- Comisión Nacional de Acreditación.
Doña Crisanta Pulcrosa tendrá que ser una verdadera fiera. Solo se comenzará a cerrar este negro capítulo de 30 años de libertinaje en la educación superior cuando un primer Lucroso termine en la cárcel.

Columna en La Tercera de Mario Waissbluth, Educación 2020

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