Pasó hace mucho y duró bien poco. Un decreto supremo, en julio de 1823, estableció que la naciente república chilena contaría con tres fechas cívicas de carácter nacional que, en conjunto, ilustrarían su proceso de emancipación. Así, el 18 de septiembre, que recordaba la instauración de la primera Junta de Gobierno, suponía el despertar del letargo colonial, mientras el 12 de febrero celebraría la Jura de la Independencia, en 1818. El 5 de abril, por último, marcaría la “consolidación” de esta última, pocos meses después, en la Batalla de Maipú.

Sin embargo, la tríada duró apenas un año. Empeñado en reducir los festivos cívicos, además de los religiosos, en 1824 el Gobierno dejó fuera al 5 de abril, arguyendo la necesidad de aumentar los días laborables y evitar ocasionales topes del “5” con la Semana Santa. En 1837, pasó igual cosa con el “12”, estimándose que la época de trillas y vendimias no era la apropiada, que ya había muchos gastos y que el “18”, después de todo, era un festejo más civil que militar.

Dado lo anterior, el Bicentenario chileno “en forma” fue el de 2010 y los 200 años del “12” y del “5”, ahora mismo, han tenido un perfil notoriamente más bajo. Pero no han sido olvidados. Esto quedó de manifiesto en febrero pasado, con el regreso vía redes sociales de las polémicas por el Acta de Independencia. Y también por estos días, en que La Batalla de Maipú, de Mauricio Rugendas, vuelve al Museo Histórico Nacional (desde La Moneda, como parte de la exhibición Hijos de la Libertad), en que la Municipalidad de Maipú anuncia desfiles y otras actividades conmemorativas, y en que un académico de la Usach lidera un proyecto de investigación que pretende dar con los restos de los cientos de soldados que cayeron en Maipú.

Porque incluso quien discrepe del historiador Fernando Silva, cuando dice que el 12 de febrero “en rigor supuso la Independencia de Chile”, admitirá que hay paño por cortar respecto de esta fecha. También variados insumos para examinar lo que el mencionado museo se permitió llamar “el otro Bicentenario”.

Ese domingo

La lucha “amenazaba ser formidable, porque los chilenos estaban sedientos de venganza y los españoles, envalentonados con su último triunfo”. Más conocido por su barrido científico del territorio nacional, el naturalista francés Claudio Gay publicó en 1856 el primer tomo de su Historia de la Independencia chilena, donde se tomó el tiempo para describir los pormenores de un acontecimiento bélico crucial, que en el resto del siglo sería abordado en detalle por autores como Vicuña Mackenna y Barros Arana (en La batalla de Maipú y en el vol. XI de la Historia General de Chile, respectivamente).

A un año exacto de la victoria en Chacabuco (12 de febrero de 1817), la Proclamación de la Independencia fue un acto del mayor simbolismo, que seguía el ejemplo rioplatense de explicitar un quiebre con España. Pero no garantizaba nada en sí mismo. Por el contrario, empujó al realismo y a criollos limeños a apurar el envío de tropas que enfrentaran a unos patriotas que se hacían fuertes en la capital, pero no tanto en las provincias.

Así, el 19 de marzo, las tropas comandadas por José San Martín fueron sorprendidas por las fuerzas a cargo del ex gobernador Mariano Osorio. El primero disponía de unos dos mil hombres más que el segundo y le había tendido una trampa, empujándolo hacia el río Maule. Pero Osorio consiguió infligirle una derrota severa, matando a unos 300 soldados e hiriendo al entonces Director Supremo O’Higgins, además de hacerse con la mitad de la artillería adversaria.

Tan contento estaba Osorio por su victoria, según cuenta Juan Luis Ossa en Armies, politics and revolution, que hasta se permitió escribir un soneto en el que llamaba a los suyos a consolidar lo ganado: “Marchad, pues, a Santiago en derechura”. En la capital, conocida la noticia, los patriotas cayeron en el nerviosismo, cuando no en el pánico: Manuel Rodríguez asumió el mando, pero O’Higgins, a quien creyeron muerto, no tardó en despacharlo y en diseñar, con San Martín, los siguientes pasos.

Ya a fines de marzo y bajo las órdenes del argentino, prosigue Ossa, “el ejército revolucionario se congregó en el Valle del Maipo (…) para evitar el avance de Osorio hacia la capital. El 5 de abril de 1818, los dos ejércitos se enfrentaron en una batalla sólo comparable en importancia con la de Rancagua”, aun si las condiciones eran bien distintas: esta vez peleaban unos 4.500 hombres por lado, muchos más que en el “desastre” de 1814; ahora se batallaba en una llanura abierta, mientras tres años antes fue en la plaza central de una ciudad, y “si las fuerzas realistas en Rancagua eran tácticamente superiores a los revolucionarios, en Maipú ambos ejércitos estaban igualmente preparados”.

O’Higgins, que había fundado un ejército profesional y una academia militar el año anterior, acogió gustoso la colaboración de San Martín. El argentino, a su vez, contaba con un triunfo para que más tarde su compañero de la Logia Lautarina lo ayudase a liberar al Perú (cuestión que efectivamente terminó ocurriendo, no sin un gran costo político para O’Higgins). Eso sí, dadas las recientes heridas, el llamado “Padre de la Patria” no estuvo en la batalla.

Las fuerzas patriotas estuvieron ese domingo integradas por tres divisiones y compuestas por soldados del Ejército de Chile y el Ejército de los Andes, más o menos la mitad del contingente total de ambas. La división a la izquierda fue liderada por Rudecindo Alvarado (cazadores) y en la derecha el mando recayó en Juan Gregorio de las Heras (granaderos), mientras en la reserva quedó a cargo Hilarión de la Quintana. La artillería de campaña se instaló en el centro, en tanto que la artillera volante, o de a caballo, lo hizo en los flancos. Operada por Manuel Blanco Encalada, la artillería patriota disparó no bien arrancó la batalla, mientras “una muchedumbre inmensa” de curiosos, según un oficial español, llenaba casi la llanura.

San Martín abrió fuego a las 11.30 de esa mañana. Media hora después, ordenó que las divisiones de Alvarado y Las Heras cargaran contra las fuerzas de Osorio. Y aunque los hombres de Alvarado se vieron doblegados por la división realista de José Ordóñez, los de Las Heras se impusieron a los de Joaquín Primo de Rivera. Acto seguido, San Martín ordenó que la reserva de La Quintana entrara a la batalla, lo que permitió a los patriotas mantenerse agrupados y causar importantes bajas al enemigo.

Los realistas, sin embargo, no se regalaron. El batallón español Burgos, que había luchado contra Napoleón en Bailén, daba batalla bajo el grito, “¡Aquí está el Burgos. Dieciocho batallas ganadas, ninguna perdida!”. Y de acuerdo con Francisco Encina, las demás fuerzas realistas siguieron su ejemplo, llevando a un combate furioso. Pero pese a la pachorra, Primo de Rivera y Ordóñez no pudieron detener a los insurgentes: a las 14.15, según escribiría San Martín en una carta, la batalla estaba decidida. Y aunque los realistas se retiraron en número y orden respetables, continuaba la misiva, todo indicaba que la destrucción sería completa antes del anochecer. O’Higgins, que se apersonó cuando la batalla estaba decidida, se fundió en un icónico abrazo con el argentino.

Los enviados de Macri a Maipú

Una delegación argentina del más alto nivel aterrizará este miércoles en Santiago para participar en los actos conmemorativos por los 200 años de la Batalla de Maipú. A esa comuna de la capital acudirán el jefe de gabinete del Presidente Mauricio Macri, Marcos Peña; el canciller Jorge Faurie; el secretario de Asuntos Estratégicos de la Presidencia, Fluvio Pompeo y el ministro de Defensa, Oscar Aguad. Eso sí, este último se espera que llegue este miércoles a Chile, para participar en la Fidae y en otras reuniones.

Además de acudir a los actos en Maipú, los personeros macristas esperan sostener las primeras reuniones formales con sus pares chilenos, en vista de la nueva administración de Sebastián Piñera. Al mismo tiempo, según el diario Clarín, se ajustarán los detalles de la visita oficial que haría el mandatario chileno a Argentina el próximo 25 y 26 de abril.

Ambos gobernantes, que mantienen una alta sintonía política, ya compartieron durante el cambio de mando en Valparaíso el pasado 11 de marzo, y antes de Buenos Aires se verán las caras en la Cumbre de las Américas en Lima, prevista para el 13 y 14 de abril.

De acuerdo con Infobae, “Argentina y Chile buscan relanzar la relación bilateral a partir de las coincidencias entre Macri y Piñera”. El portal agregó que “con la plana mayor” enviada por Macri a Maipú, “se dará el primer paso de una etapa de nuevo posicionamiento regional compartido”.

La búsqueda de los caídos

Las estimaciones acerca del número de muertos en Maipú varían y hay quienes, como el historiador Fernando Silva Vargas, hablan de 1.500. El Dr. Lucio Cañete y su equipo de la Facultad Tecnológica de la U. de Santiago no presumen de saberlo, pero piensan que pudieron ser unos 2.500. Este desafío es parte de la iniciativa “200 años en un año” de la Municipalidad de Maipú.

Cañete, impulsor del reciente redescubrimiento de un túnel de los hermanos Carrera en El Monte, convocó a colegas de las facultades de Ciencia e Ingeniería de la Usach, a quienes se suma la Unidad de Patrimonio del municipio. ¿La idea? Determinar cuestiones básicas. “No sé sabe con exactitud la cantidad de cadáveres ni su localización”, plantea el investigador. “Por eso, uno de los resultados de nuestro estudio es mejorar la precisión de la estimación de soldados muertos e identificar con mayor certeza donde estarían” (ello, sin hacer excavaciones). La idea, igualmente, es establecer cómo era la vegetación. Por de pronto, sabe que es distinta a la actual y que eso ayuda a entender las particularidades de la batalla.

(Para ver en detalle la infografía, haz click aquí o en la imagen)

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