Estaba cerca. Lo sentía. El título parecía ahí, cerquita. Al Manchester City de Pep Guardiola -parecía- no le pesaba tener que lograr un triunfo ante su clásico rival, el Manchester United de José Mourinho. Al final del primer tiempo ganaba 2-0 y con este resultado se coronaba campeón de la Premier League. Pero el United, en un arranque feroz en el segundo tiempo, lo igualó con dos apariciones de Paul Pogba. Y después volvió a golpearlo: con un tanto de Smalling se lo dio vuelta. Para la historia.

El City se demoró 25 minutos en romper el cero en el Etihad Stadium, allí donde la Selección de Jorge Sampaoli le ganó a Italia hace unas semanas. Fue su capitán, Vincent Kompany, el que de cabeza puso el 1-0.

Apenas cinco minutos después, la ventaja tranquilizadora llegó y fue con un golazo de Ilkay Gündogan. El alemán jugó una pared con Sterling, recibió y de primera giró sobre sí mismo para definir ante De Gea.

De todos modos, esa fiesta presunta e inicial quedó rota en el inicio del segundo tiempo. Con dos jugadas a ritmo de vértigo y dos apariciones de Paul Pogba, el United igualó el partido y modificó el escenario. La fiesta cambió de lado.

Lo que siguió en ese segundo tiempo para el United fue un Teatro de los Sueños en territorio ajeno: con un gol de Smalling estableció el 3-2. Lo dio vuelta. Sorprendió. Gozó.

Es cierto: ganar el derby es el mejor modo de festejar un título. Y para Pep Guardiola, ganarle el duelo al portugués José Mourinho significaba algo más de morbo al desenlace de la que para muchos es la mejor liga del planeta.

En cualquier caso, el inminente título del City queda algo opacado por la paliza que recibió en la semana en Anfield, donde el vertiginoso juego de los de Klopp resultó una pesadilla para los reyes de la posesión.

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