Una oposición disgregada está siendo sorprendida por el gobierno que ha tomando la iniciativa desplegando un trabajo pre legislativo en los ejes que definió como fundamentales.La creación de las comisiones de Seguridad e Infancia, han mostrado división entre los partidos opositores.

Maya Fernández, como Presidenta de la Cámara de Diputados, envió una carta al Presidente Piñera restándose de participar en la de Infancia por considerar que es el Congreso Nacional donde deben discutirse los proyectos. Es más, le solicita a “confiar en las instituciones democráticas”, como si ello estuviera en cuestión.

Por su parte, el Partido Socialista en la práctica, usando similares razones ,en la práctica negó al senador José Miguel Insulza su participación en la comisión sobre Seguridad, aunque él diga lo contrario. Otros parlamentarios cuestionaron la legitimidad de esa instancia de discusión por no estar ellos en vez de otros (Ximena Rincón en vez de Patricio Walker) y por el hecho de haber sido “designados a dedo” por el Presidente. Lo extraño es que , cuando fueron parlamentarios de gobierno durante el período de la Presidenta Bachelet, no se les oyó chistar frente a las comisiones creadas por ella, designados sus miembros a dedo y con personas que no eran parlamentarios, como en los casos de las Comisiones Engel y Bravo. Ahora, les bajó el pudor.

Por eso es destacable que, contra la presión de sus aliados, el diputado Gabriel Boric haya decidido aceptado la invitación presidencial y se haya integrado a la comisión de infancia, pasando por alto tales argumentos. Al parecer primó en él el buen criterio de ejercer influencia en beneficio de un bien superior. No es el único de la oposición en participar, pero es destacable su actitud que revela, en definitiva, que ejerce un liderazgo basado en convicciones, aunque vaya en contra de su corriente.

No se equivoca el diputado Boric. La opinión pública no entiende los respingos de los políticos frente a causas que tienen carácter de urgentes. Hay un desprecio por el sentido común que le cuesta caro al mundo político.

Simplemente, el negarse a participar y las razones esgrimidas aparecen como una mezquindad. Que la diputada Fernández y otros no se preocupen, ya les llegará la hora de abordar el proceso legislativo y ojalá sean capaces de actuar con altura de miras que ahora no tuvieron y con el liderazgo -tan escaso- de quienes son capaces de poner el bien común por sobre el interés político pequeño.

/Escrito por Mariana Aylwin para El Dínamo

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