En una semana marcada por lo paranormal, por matinales, estelares y hasta noticiarios jugando a cazar fantasmas donde nos los hay, vale la pena echar una mirada hacia lo que la TV nos está ofreciendo como lo más atractivo y normal que hay: la violencia de pareja que encierra “Doble tentación”.

El reality de Mega ha construido en sus meses de emisión un espacio que va más allá de lo que las anteriores producciones lideradas por Ignacio Corvalán solían ofrecer: entretención basada en el coqueteo, seducción, celos -y a veces sufrimiento- que protagonizaron las parejas amenazadas por terceras personas en “Amor a prueba” (2014) y “Volverías con tu ex” (2016).

Desde temprano “Doble tentación” mostró estar un paso más allá de todo lo anterior, escalando hacia la violencia explícita como un atributo más de su bien elaborada oferta de entretención adulta. Porque si antes Oriana Mazzoli se distinguía como una chica reality atípica por su alto nivel de conflictividad, el casting de este programa supo encontrar a varias -y varios- más.

La violencia que se ejerce no está ligada solo con el género en “Doble tentación”. Le toca por igual al hombre y a la mujer. En el espacio se han validado, desde el momento en que se han emitido, y soliviantado, a través de las dinámicas de convivencia y competencia, continuas agresiones entre estos participantes que terminan por convertirse en referentes de juventud.

“Me das asco”, es una frase recurrente. “Eres un poco hombre”, una declaración continua. Y “te voy a romper la cabeza”, una amenaza que zanja cualquier discusión. Hay más: “Muñeca inflable”, “patética”, “ridícula”, “desesperada”, “inútil” y “babosa” son algunos de los adjetivos con que las chicas se suelen relacionar. Puede que los digan solo dos o tres, pero son presenciados sin reacción del resto que está ahí para escuchar, televidentes incluidos.

Si la violencia en las relaciones de pareja ha sacado a miles de personas a marchar por las calles es porque decenas han terminado en las morgues de un hospital. A estas alturas, tener un espacio televisivo donde se normaliza, e incentiva, esa forma de violencia resulta más irresponsable que reprochable. Es un negligente, más que imprudente, sentido de la realidad social.

Porque, si se quisiera, “Doble tentación” podría encontrar parejas que aceptan tener relaciones no exclusivas y que, por lo tanto, no considerarían que se les agrede con la entrada de un tercero a la relación. Pero, claro, eso no tendría conflicto, no sería tan atractivo como ver a parejas tan celosas y despechadas que hacen de la violencia -psicológica, verbal o física- algo de lo más normal. Tomar esa opción sí que es paranormal. /Blog de Claudia Guzmán para El Mercurio

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