Nada mejor que los verdaderos protagonistas de los mercados para definir qué se espera luego de la prisión del ex presidente Lula da Silva. Saben, como nadie, los impactos inmediatos y futuros de esa decisión. Es el caso de Christopher Garman, director para las Américas de la consultora norteamericana de riesgo político Eurasia. En una entrevista impecable del diarioFolha de Sao Paulo, el ejecutivo no dudó en calificar de “apresuradas” las reacciones positivas del mundo financiero ante la noticia de esa detención.

“El mercado financiero reaccionó de forma muy simplista con relación a Lula. Su prisión puede no producir cambios en el escenario: con la izquierda que permanece dividida; Jair Bolsonaro que sigue fuerte y Geraldo Alckmin que tiene dificultades para despegar”. Nada más preciso para definir el frágil escenario político que le aguarda a Brasil, donde cada vez es más manifiesta la desconfianza de la gente hacia la totalidad de la clase política.

El analista advierte que esta situación puede llevar a una paradoja de cara a las elecciones presidenciales de octubre: “Una segunda vuelta entre Ciro Gomes (una alternativa de la centroizquierda) y Bolsonaro (la ultraderecha)”. El ejecutivo añadió que “no es sensato” creer que Alckmin, el candidato presidencial del PSDB (la socialdemocracia) puede aglutinar a la derecha y al centro. Y en cuanto al diputado Bolsonaro, su adscripción a las recetas liberales y su cercanía con el economista Paulo Guedes (de orientación neoliberal) no garantiza que pueda “encaminar las reformas económicas”.

German agregó, durante esa entrevista: “Hay quienes dicen que la prisión de Lula vaciará la candidatura de Bolsonaro. Yo no concuerdo con esa visión. La base de apoyo de Bolsonaro es sólida. Pero él construyó su candidatura con un discurso anti-PT y anti establishment”.

Dicho en otras palabras, ese personaje canaliza la rabia de la gente contra la corrupción y la gran desilusión política que padece. Eso es muy palpable cuando se conversa con el ciudadano brasileño medio: “Sin Lula no hay candidato que pueda resolver. Salvo Bolsonaro”, le dijo a esta enviada el remisero Marcio Freitas. Esa categoría laboral resume el pensamiento de la clase media, con vivienda propia pero que precisa trabajar muchas horas para mantener un nivel de vida aceptable. “¿Y Marina Silva? ¿Y Geraldo Alckmin? ¿Y Henrique Meirelles?”, preguntó este diario. “No tienen ninguna chance”, respondió convencido.

Desde un ángulo bien diferente, el financista dijo lo mismo: “Es cierto que Bolsonaro al nombrar a Paulo Guedes como su economista redujo las preocupaciones del mercado. Pero también creo que se apuesta a que Alckmin pueda ganar las elecciones”. Esa sería una posibilidad si el ex gobernador de San Pablo, hoy convertido en el presidenciable del PSDB, entrara en la segunda vuelta junto con el diputado derechista.

Los dilemas acosan, también, al Partido de los Trabajadores. La agrupación se mantuvo a lo largo de 14 años en el poder y terminó de la peor manera posible: con la ex presidenta Dilma Rousseff derribada antes de terminar su segundo mandato y, ahora, con el ex presidente Lula preso. Se afirma que este lunes el partido debe hacer su próxima reunión en Curitiba. Por el momento, su única definición se refiere al líder preso.

“Nuestra prioridad es su libertad”, declaró la senadora Gleisi Hoffmann, titular de la organización. Y en ese marco, la candidatura presidencial de Lula solo podrá ser resuelta el día que el Superior Tribunal Electoral (STE) defina que por ser condenado en segunda instancia “no es elegible”. Claro que para eso hay tiempo hasta agosto próximo. Hasta entonces, la figura del ex mandatario y el objetivo de su libertad mantiene unido al Partido de los Trabajadores. “Más adelante se verá”, afirmó una fuente a este diario.

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