Los conceptos básicos sobre cómo funciona la reproducción humana se aprenden en el colegio, pero quizás no se desempeñen de la misma manera fuera de este planeta, donde para bien o para mal las cosas caen al suelo y uno no sale flotando al primer empujón. Pues bien, los científicos quieren saber cómo se pondría en marcha todo el asunto en el espacio, cómo los espermatozoides y los óvulos pueden unirse cuando no hay gravedad. Con ese objetivo, este mes de abril un cohete de SpaceX lanzará a la Estación Espacial Internacional (ISS) una misión llamada Micro-11, cuyo objetivo es comprobar, por primera vez, si el esperma humano -y por comparación, el de toro- «se menea» de la misma forma a unos 400 km sobre nuestras cabezas.

El experimento, llevado a cabo por el Centro de Investigación Ames de la NASA en Silicon Valley, California, pretende ahondar en el conocimiento de la biología de la reproducción en el espacio, de la que poco se sabe. En los mamíferos, incluidos los humanos, la fecundación ocurre cuando un espermatozoide se dirige hacia un óvulo y se fusiona con él. No desvelamos nada nuevo. Pero antes de que esto pueda suceder, la célula espermática debe activarse para comenzar a moverse. Después, para estar preparado para la unión con el óvulo, el esperma necesita moverse más rápido, y su membrana celular debe volverse más fluida.

Experimentos previos con esperma de erizos de mar y de toro sugieren que la activación del movimiento ocurre más rápidamente en microgravedad, mientras que los pasos previos a la fecundación ocurren más lentamente, o no ocurren en absoluto. Los retrasos o problemas en esta etapa podrían evitar que la fertilización se produzca en el espacio. Y eso, si alguna vez nuestra civilización tiene que abandonar este mundo para establecerse en otros, puede ser un gran problema.

Para este experimento, se enviarán muestras congeladas de dos tipos de espermatozoides de mamíferos, humanos y toros, a la estación espacial. Los de toro muestran cambios similares en el movimiento y otros marcadores de fertilidad al esperma humano. Sin embargo, los espermatozoides humanos son más variados en movimiento y apariencia. Por lo tanto, las mediciones del esperma de toro proporcionarán un control de calidad para garantizar que los investigadores puedan detectar diferencias sutiles entre ambas especies.

El equipo de astronautas descongelará las muestras y agregará mezclas químicas que activan el movimiento de los espermatozoides espaciales y la preparación para la fusión con el óvulo. Los investigadores usarán un vídeo para evaluar qué tal se mueven. Finalmente, las muestras se mezclarán con conservantes y se devolverán a la Tierra, donde se analizarán para ver si se realizaron los pasos necesarios para la fecundación y si las muestras del espacio difieren de las muestras de espermatozoides activadas en la Tierra.

Riesgo de infertilidad

Los científicos todavía no saben cómo un vuelo espacial de larga duración afectará a la salud reproductiva humana y si la infertilidad puede ser un riesgo para los futuros astronautas. La fortísima radiación -en la ISS soportan cien veces la de nuestro planeta- podría afectar gravemente a las células germinales, impidiendo el desarrollo de los embriones o provocando graves defectos. Como esperanza, el logro dado a conocer hace un año, cuando un equipo de investigadores japoneses mostraba al mundo crías de ratón completamente sanas nacidas a partir de esperma conservado durante nueve meses en la plataforma orbital.

Estos experimentos pueden ser el primer paso para comprender la viabilidad potencial de la reproducción en condiciones de gravedad reducida. Por un lado, son útiles para la investigación básica, ya que el entorno único de microgravedad puede revelar procesos y conexiones que no son visibles en el entorno normal de 1g en la Tierra. Pero, sobre todo, quizás algún día permitan a la humanidad enfrentarse a largas misiones de exploración espacial. Como explican los responsables del proyecto, una base exitosa en la Luna o en Marte puede requerir colonias de animales y plantas que se autoperpetúen y, nosotros mismos, quizás tengamos que hacerlo en el futuro para garantizar nuestra supervivencia en el Universo. Pero de momento, y sin saber las implicaciones, el sexo en órbita no parece una buena idea.

La astronauta de la NASA Kate Rubins trabaja en una instalación dentro del laboratorio Destiny de la estación donde se llevará a cabo el experimento Micro-11. Proporciona un entorno sellado para realizar experimentos científicos y tecnológicos
La astronauta de la NASA Kate Rubins trabaja en una instalación dentro del laboratorio Destiny de la estación donde se llevará a cabo el experimento Micro-11. Proporciona un entorno sellado para realizar experimentos científicos y tecnológicos

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