A partir de lo que viene acaeciendo en nuestro quehacer diario, quiero invitarles a reflexionar sobre un hecho que es indesmentible en nuestra sociedad en lo particular  y en el mundo en lo general, y que, en nuestro caso, lo hemos recomenzado a vivenciar con la cercanía de las elecciones presidenciables.

La feroz cacería del enemigo de turno, incluso y más grave aún, entre pares, que tiene como único objetivo apropiarse del botín, nosotros y nuestro nunca bien ponderado voto que conduce al éxtasis que produce el poder.

Hace ya mucho tiempo que la mayoría de nuestros supuestos líderes, -yo por lo menos no reconozco a ninguno como tal- , han perdido el horizonte en tanto y en cuanto al verdadero significado implícito en el servicio social, y la disputa es en realidad, por el poder y sus beneficios políticos, sociales y económicos. La “ideología” es el disfraz con que se ocultan y expresan las distorsiones enfermizas que hay detrás de la obtención del logro, del cetro, del poder y sus beneficios. Así y sólo así podemos entender las claudicaciones de principios en aras de la mantención de tales “beneficios”

Spinoza formuló muy claramente el problema del defecto socialmente modelado cuando analizando la sociedad hace cientos de años escribió:  “Muchas personas se sienten poseídas de un mismo afecto con gran persistencia. Todos sus sentidos están tan profundamente afectados por un solo objeto, que creen que este objeto está presente aun cuando no lo está. Si esto ocurre mientras la persona está despierta, se la cree perturbada.

Pero si la persona codiciosa sólo piensa en dinero y riquezas, y la ambiciosa sólo en fama, y poder, -el agregado es mío- no las consideramos desequilibradas, sino únicamente molestas, y en general sentimos desprecio hacia ellas. Pero en realidad la avaricia, la ambición, etc., son formas de locura, aunque habitualmente no las consideremos ‘enfermedades’.”

Estas palabras fueron escritas como dije, hace unos centenares de años, y  siguen siendo ciertas, aunque aquellos defectos han sido hoy culturalmente modelados en tan gran medida, que en general ya no se les considera molestos ni despreciables, sino aceptables, deseables, necesarios.

Hoy si una persona no es ambiciosa la rechazamos, incluso en la aceptación de un “futuro” yerno. Si no es ávido de las cosas materiales de este mundo, no lo queremos para nuestra hija. Son las reglas del juego actual.

Erich Fromm se preguntaba, ya en el año 1955, si puede estar enferma una sociedad.  Sus ideas lo llevaron a enunciar el concepto de “defecto socialmente modelado” que es el leitmotiv de nuestro artículo.

Decía el autor, que  “El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierte esos vicios en virtudes; el hecho de que compartan muchos errores no convierte a éstos en verdades, y el hecho de que millones de personas padezcan las mismas formas de patología mental no hace de esas personas gentes equilibradas.

Es decir, solemos suponer, ingenuamente, que el hecho de que la mayoría de la gente comparta ciertas ideas y sentimientos demuestra la validez de esas ideas y sentimientos. Es una falacia lógica que nos tratan de “meter en las tripas” , para que conjuguemos con ellos sus ideas y doctrinas o nos tratan de seducir con el canto de las sirenas, susurrando en nuestros oídos que allí se encuentra la solución a nuestras vidas.

Resumiendo, Fromm expresa lo siguiente en el libro “Psicoanálisis de la sociedad contemporánea”:

1)   Si una persona no alcanza los fines de espontaneidad, la libertad y la expresión auténtica de sí mismo, entonces tiene un defecto grave.

2) Cuando un defecto está presente en la mayoría de los individuos de una sociedad, entonces se presenta un “defecto socialmente modelado”.

3)  Cuando los defectos de un individuo son más graves que los de la mayoría de los integrantes de su sociedad, presenta una neurosis.

Es decir: si la mayoría de los individuos de una sociedad dada no alcanza las metas que impone la sociedad del momento, estamos ante el fenómeno de un defecto ‘socialmente modelado’.

Así tenemos entonces, o a un grupo de ambiciosos de poder, de fama, de dinero, capaces la mayoría de transgredir la normas y hasta sus principios, con tal de conseguir sus fines, sin importar los caídos, los “muertos en esta fratricida guerra” ,  o un gran grupo de “fracasados” que han encontrado en las enfermedades psicológicas el remedio para tamañas frustraciones. Alcoholismo; drogadicción; neurosis; psicosis; sexualidad distorsionada; embarazos adolescentes; el deseo sexual inhibido; suicidios, son el costo que la sociedad y la familia pagan por el defecto socialmente modelado, mientras tanto “los otros”, los lobos están en permanente cacería, no obstante como ya lo dijo Fromm, “Cuando se dice que el hombre es el lobo del hombre, SE OFENDE AL LOBO”

En realidad, para Fromm, un defecto socialmente modelado no es más que un comportamiento neurótico generalizado derivado por la estructura de la sociedad. Al causarlo la sociedad, ésta produce también las normas o mecanismos que le ayudan a algunos  individuos a vivir con tal defecto sin caer presas de la angustia ni hundirse en la locura, por lo tanto,  lo que viene a resultar ilusorio, en cuanto al estado mental de los individuos de una sociedad, es la “validación consensual” de sus ideas.

La gran cantidad de fármacos para “hacernos dormir, llorar, reír”, son parte de los mecanismos con los  que la propia sociedad enferma nos calma, para que no explotemos ante tanta angustia por nuestro fracaso en no ser como los demás, o como el modelo lo exige.

El abandono en que crecen nuestros hijos, los quiebres matrimoniales, y los excesos son parte de la “solución” neurótica a nuestro incoherente y esquizofrénico mundo.

VIAJANDO AL PASADO Y RECORRIENDO EL PRESENTE

El sentimiento de culpa y de ansiedad que las doctrinas de Calvino despertaban en las gentes es un ejemplo concreto de cómo ha vivido este proceso la humanidad, ya que, la persona que se sentía abrumada por la sensación de su impotencia e indignidad, por la duda incesante de si se salvaría o sería condenada al castigo eterno, que era incapaz de sentir la verdadera alegría, padecía un defecto grave.

Pero ese mismo defecto fue en aquella época, culturalmente modelado: se le consideraba particularmente valioso,  así́ quedaba el individuo protegido contra la neurosis que habría adquirido en otra cultura en la que el mismo defecto le produjera una sensación de inadaptación y aislamiento profundos.

Hoy este mismo sentimiento es la causal de las neurosis obsesivo-compulsivas.

Fromm decía en el libro señalado, algo que mantiene su nativa evidencia: “nos encontramos con personas que obran y sienten como si fueran autómatas; que no experimentan nunca nada que sea verdaderamente suyo; que se sienten a sí mismas totalmente tal como creen que se las considera; cuya sonrisa artificial ha reemplazado a la verdadera risa; cuya charla insignificante ha sustituido al lenguaje comunicativo; cuya sorda desesperanza ha tomado el lugar del dolor auténtico.

De esas personas pueden afirmarse dos cosas.

  1. Una es que padecen un defecto de espontaneidad e individualidad que puede considerarse incurable.
  2. Al mismo tiempo, puede decirse que no difieren en esencia de millones de otras personas que están en la misma situación.

Nos encontramos entonces,  y lo estamos observando y vivenciando día a día en nuestras propias vidas: hemos perdido el respeto por el otro; por la vida humana; por la propiedad ajena; por los sentimientos; ¿que  mejor demostración de la falta de empatía que el ejercicio irracional y hasta “criminal” en el uso del “poder” que dan hoy las mal llamadas ¿redes sociales”?

Hoy el valor de la dignidad y honra de una persona vale:

  1. la sumatoria de la cantidad de diarios que quiero vender,
  2. de los telespectadores que se pelean las cadenas para mantener los auspicios,
  3. de lo que me demoro en escribir unas líneas escondido en el anonimato artero y resentido,
  4. de los recordatorios asociados a un producto basados en la burla de un personaje público, y
  5. en el caso de la política, de los esfuerzos por convencernos que el otro es un demonio, un ladrón, un sinvergüenza, en suma, nuestro enemigo, un verdadero paria.

ENFERMOS DEL PODER

Sobre el defecto socialmente modelado habría mucho que escribir, verbigracia, como hemos desviado el camino de los códigos de selección natural de los machos y hembras alfas, y los hemos cambiado transformando en nuestro objeto de deseo a quién en realidad es secundario, etc., pero nos centraremos  en nuestra política, y para ello es necesario preguntarnos ¿Qué lleva a algunos a la infausta lucha por un escaño en el Congreso y/o ser el Presidente de un país? Es condenable la ambición?

Los estudios demuestran que subyacen aparte de los buenos propósitos:

  • Complejos de inferioridad;
  • Conflictos con la figura paterna;
  • Necesidad de reivindicar su autoimagen y autoestima,
  • Narcisismo y/o egocentrismo
  • Exhibicionismo
  • Personalidades obsesivo-compulsivas

Es decir, quizás en su niñez fueron:

  1. Objeto de bullyng,
  2. Poco queridos en su infancia,
  3. Muy criticados, amenazados y/o desvalorizados por la figura paterna,
  4. Crecieron con resentimientos sociales,
  5. Rechazados por el sexo opuesto,
  6. Un excesivo narcisismo,
  7. Todos estos elementos hay que sumarlos al adoctrinamiento ideológico, y
  8. A la sociedad que  te bombardea con el mensaje de que debes figurar, resaltar, brillar con luces propias,
  9. Sumado y no todo será malo, a las buenas intenciones de ayudar a mejorar la calidad de vida de nosotros, de los que no tenemos esas necesidades y ambiciones de poder.

Por lo tanto, podemos concluir que, aunque no existen actos inocentes, “Malgré Tout”, la ambición no es condenable, es parte de la ideología del mundo actual, si lo es el método, la estrategia que se usa para llegar a los propósitos de ella.

Atacar y sólo atacar es la necesidad del débil, del envidioso, del que predica valores y ética pero que la prostituye cada vez que habla, opina o se expresa sobre su rival. Es nocivo y pernicioso para el sistema. Necesitamos líderes inteligentes, no un montón de matones escondidos detrás de discursos falaces, destructivos, discursos que no dan de comer al pueblo, ni mejoran la calidad de vida de los mas necesitados, abandonados o enfermos de nuestro país.

Por todo esto y mucho más, levantemos nuestras voces, no somos el trofeo obtenido en el campo de batalla de la destrucción del otro, dignifiquemos nuestro rol de definidores del devenir de nuestra sociedad y el de nuestros hijos, dejemos de ser los corderos, la masa irracional que compra discursos construidos en base a nuestros resentimientos, a nuestras carencias explotadas emocionalmente en forma maquiavélica, usemos nuestra inteligencia para que, más allá de las barreras ideológicas presentes en este tipo de situaciones, ellos, NOS MEREZCAN.

 

COLORARIO

Sería necesario plantear aquí, que debemos, CREAR LA NECESIDAD de que  si una persona no llega a alcanzar la libertad, la espontaneidad y una expresión auténtica de sí misma, la consideremos como que tiene un defecto grave, y por lo mismo, incidir en que coexistan como  las metas que debe alcanzar todo ser humano.

Debemos inculcarlas desde la infancia, con ello lograremos que nuestros futuros líderes sean todo lo humano y altruistas que necesitamos que sean, para tener la certeza de que cada día que vendrá estará más lleno de respeto, felicidad y amor por nosotros mismos y por el otro y sus necesidades.

Por lo tanto, debemos comprender de una vez, que lo que elegimos no es a Miss o Míster simpatía, al Guapetón o miss Chile, elegimos a quién nos tiene que dar un grado de certeza que sabe hacer y realizar la tarea y la responsabilidad que está presumiendo que puede llevar a cabo tanto en lo individual como en la conformación de grupos y equipos de trabajo  y Ministeriales, y que tiene la suficiente capacidad empática para ayudar a salir de la indignidad a alguien igual a todos nosotros y por  último a administrar todos los recursos de nuestro gran país con la inteligencia necesaria y suficiente para poder realizar nuestros mas caros deseos: salud, vivienda y educación con justicia social para todos.

¿Conoce alguien así hoy?, entonces empiece a valorar su voto.

Victor Sforzini Sepúlveda