Definitivamente se le están complicando las cosas a Sebastián Piñera. Hasta hace unos meses nadie dudaba que tenía la elección presidencial “en el bolsillo”. Primero apareció Guillier, quien aprovechó el inmovilismo e indecisión del empresario. Ahora todos los ojos están puestos no solo en cómo puede evolucionar el caso “Exalmar-Dominga” –el Cuarto Juzgado de Garantía dio lugar a la ampliación de la querella de Hugo Gutiérrez–, sino también en cómo saldrá jugando el ex Mandatario, más aún ad portas de entregar el último capítulo de la teleserie “el candidato”.

Piñera optó, comunicacionalmente, por contratacar frente al caso que apunta a su hijo y ejecutivos de confianza. Y lo hizo con todo. Las emprendió contra el acusador y, de paso, propinó duros golpes a la Nueva Mayoría, llegando a decir que muchos de sus integrantes estaban asustados de perder el poder porque “nunca le han trabajado a nadie”. En su manifiesto, “Yo Acuso”, señaló que todo esto se trataba de una campaña “canallesca” y les bajó el perfil a las acusaciones. Aunque no estuvo explícito en su relato, si dio a entender que él no necesitaba de este tipo de artimañas para ganar, y remató de manera desafiante: los ataques son una especie de estímulo para él. Se convierten en desafíos de aquellos de los que su vida exitosa ha estado plagada. Con toda humildad.

Seamos claros. El ex Jefe de Estado definió una estrategia correcta en tiempos de transparencia y cuestionamiento ciudadano. Pero esto supone un nivel de convicción total del triunfo judicial, ya que la apuesta es de un alto riesgo en caso de que el proceso siga adelante y el juez determine que alguna de las acusaciones fuera constitutiva de delito para cualquiera de los implicados. De esta forma, el “Yo acuso” podría convertirse en un búmeran. Casos similares abundan. MEO y Longueira en su momento denunciaron campañas para matar su imagen.

Tengo la impresión de que Piñera y su entorno se apresuraron en desplegar esta agresiva estrategia comunicacional. Sobre abusaron de las poco prudentes palabras del fiscal, quien señaló que no tenía antecedentes que relacionaran al ex Presidente. Pero, ojo, fue enfático en concluir su frase con un “por ahora”.

Paradójicamente, las principales críticas hacia el ex gobernante en este caso no han salido de la Nueva Mayoría. Más bien entre ellos ha prevalecido el silencio o tímidos llamados para que aclare la situación, como lo hizo Ricardo Lagos. Es cierto que la querella la presentó un diputado del conglomerado, pero la verdad es que nadie ha querido tener un rol muy protagónico para enfrentar al poderoso empresario.

Es un hecho que los principales ataques –literalmente, por el tono empleado– hacia Piñera vinieron de dos precandidatos presidenciales de la derecha: José Antonio Kast y Manuel José Ossandón.

Los argumentos utilizados por ambos no distan mucho de las críticas que ha recibido siempre el ex Presidente de parte del mundo hoy oficialista y la prensa. El senador por Santiago, en su réplica “Yo recuso”, señaló que la política debe estar distanciada de los intereses económicos y personales. Pero no se quedó ahí. Lo calificó de poco prudente, llegando incluso a decir que en el caso Exalmar Piñera había cometido un “pecado”, considerando que era obvio que por su rol de Jefe de Estado tenía información confiable de lo que podía ocurrir en La Haya. La verdad es que sus declaraciones fueron audaces y sus acusaciones graves. Una verdadera campaña “canallesca” contra Piñera.

Más allá de la genuina preocupación que puedan tener Ossandón y Kast por las conductas de su ex compañero de ruta, es evidente que ellos aprovecharon la oportunidad y la tomaron. Son candidatos que no han logrado prender en las encuestas. Creo que ambos entendieron que deben quemar sus cartas en este período, es decir, antes que se realicen las primarias. Y por supuesto, el rival directo se llama Sebastián Piñera.

Pero lo de fondo es que esta doble militancia entre negocios y política ha acompañado como sombra al empresario durante todos estos años. Queda claro que ni el fideicomiso ciego logró despejar las dudas. Tal vez, hoy cobra más sentido el hecho de que el país ha experimentado cambios brutales en poco tiempo. La resistencia que tuvo Piñera para dejar la propiedad de Lan, Chilevisión y Colo Colo al inicio de su Gobierno, en estos tiempos sería intolerable, incluso para los integrantes de Chile Vamos. Con los parámetros actuales, esa tozudez habría tenido un gran costo político para el entonces Jefe de Estado. Si Piñera quiere volver a ser Presidente, tendrá que hacer un esfuerzo real, más allá de los fideicomisos que no tienen credibilidad en la ciudadanía, capaz de soportar cualquier cuestionamiento o duda de esta dualidad que en el Chile de 2017 no es sostenible.

Y una reflexión final. En los últimos meses al abanderado del PR, Alejandro Guillier, le han “recordado” que fue rostro de las isapres en un spot o su paso por el directorio de la fundación de una empresa minera; incluso le refrescaron su participación en el caso del juez Calvo. En ese momento nadie habló de campaña canallesca. La verdad es que, en el Chile de hoy, esto ha pasado a ser parte de la realidad. Los candidatos deben pasar la prueba de la blancura en todos los ámbitos. Además de soportar la tensión y el asedio, deberán ser capaces de despejar las dudas de la ciudadanía. Y, por último, como diría Andrés Allamand, la política es sin llorar.

/Columna de Germán Silva Cuadra para El Mostrador

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