Creo que fue de Boric un comentario que leí sobre el ministro Varela. Decía que hasta ahora solo le conocemos su veta humorística y no mucho más. Esta semana, el responsable de la educación en Chile lo confirmó. En La Tercera ya hablan de las “Varelicosas”, apelativo algo trillado, pero que deja en evidencia al personaje.
Quiso mostrarse como un “liberal”, como un padre “moderno”. Y nos contó lo que a todas luces resultó una anécdota más bien vulgar.Básicamente, que él mismo compra los condones a sus hijos (no sé si porque son tontos o tímidos), pero que no le importa porque ocupan hasta tres por noche, lo que -en opinión de esta alta autoridad estatal- los convierte en unos “campeones”.
¿Tendrán polola estos niños? ¿Serían ellas también catalogadas de “campeonas”? ¿Se sentirían orgullosas tras la confesión de su suegro? Ni me imagino cómo molestarán a partir de hoy a esos infantes incapaces de adquirir preservativos en la farmacia del barrio para protegerse en su lujuria.
El problema se agrava porque tanto la anécdota familiar como la obsesión del ministro por explicarnos su teoría del lucro, sirvieron esta semana de alimento para la movilización estudiantil y supongo que, tras los 100 mil niños en las calles, La Moneda ya tomó nota: las marchas volvieron y para quedarse.
Me contaron que el ministro Varela juega al tenis. Sabrá, entonces, que sus comentarios equivalen a lo que en ese deporte se llama “error no forzado”. O sea, un punto perdido sin mérito alguno para el rival, tal como Larraín tratando de zurdos a los jueces o Valente calificando de mentiroso al gobierno anterior.
Errores de campeones, señor Varela, que suelen presentarse cuando alguien sobreestima su inteligencia, rapidez y agudeza para responder a las impertinencias de los periodistas.
He leído críticas que se centran en el carácter evidentemente machista de la calificación que usted otorgó a sus criaturas sedientas de sexo. También hay otras que apuntan a la señal que representan para efectos de la educación sexual en el país, parte de cuya tarea le corresponde a usted como titular de la cartera.
Pero yo le voy a sumar dos calificativos más simples y directos. Lo suyo no fue una “frase innecesaria”, sino un chiste fome y ordinario. Asuma mejor su rol político, deje de pensar que nos hace un favor con su presencia y trabaje como hormiga y en silencio por generar los consensos que requiere la educación. Si no, lo suyo va a durar poco.

/Blog de El Contribuyente en el diario La Tercera

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