El anuncio de elecciones presidenciales en Venezuela, convocadas para el 20 de mayo y con los principales dirigentes de la oposición proscritos, fue el “último empujoncito” de muchos para decidir emigrar del país que parece secuestrado por un gobierno incapaz de reconocer la crisis humanitaria que vive.

Isa, como le dicen sus amigos, está rodeada de maletas. Para hacer un “viaje sin retorno”. Con esas palabras define lo que será su partida de Venezuela, su patria, la tierra que la vio nacer, donde echó raíces, donde sobrevivió al cáncer. A donde llegaron sus padres como inmigrantes españoles. Donde nació su hijo. Donde él no podrá crecer. Aunque venía meditando desde el año pasado buscar otro destino, el anuncio de elecciones presidenciales en las que el presidente Nicolás Maduro aspira reelegirse, conocido el 7 de febrero, fue “la gota que derramó el vaso”. Isabel emula al presidente Maduro para justificar su decisión.

—El hecho de que yo (Maduro) diga voy hacer unas elecciones, con un pueblo que está pasando hambre y (él) no le da ninguna solución… Tú estás diciendo yo me voy a perpetuar, para yo hacer lo que digo que quiero hacer, pero no doy soluciones, nada es en pro del pueblo. Hay algo que yo nunca olvidaré cuando estudié filosofía. Marx decía “cuando tienes al pueblo ocupado buscando comida, el pueblo no piensa”, no tiene tiempo de ser opositor. La situación de la política ha generado un declive en todo lo que es educación, economía, principios básicos del hogar.

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