Urano, séptimo planeta del Sistema Solar, es un mundo aferrado a sus secretos. Después de décadas de observaciones y una visita clave de la nave espacial Voyager 2 en 1986, este gigante gaseoso seguía sin desvelar la composición de sus nubes. Pero ahora, un componente clave ha podido ser confirmado. Y no resulta precisamente muy agradable.

Utilizando el telescopio Gemini North en Maunakea (Hawái), investigadores británicos han descubierto sulfuro de hidrógeno, el gas que le da a los huevos podridos su olor característico, en lo alto de las nubes de Urano. La presencia de este gas nocivo en la atmósfera del planeta gigante ya había sido planteada hace mucho tiempo, pero hasta ahora no había sido demostrada. Este resultado, publicado en la revista Nature Astronomy, resuelve un viejo misterio de uno de nuestros vecinos en el espacio.

Los datos de Gemini, obtenidos con un espectrómetro de infrarrojo cercano (NIFS), tomaron muestras de la luz solar reflejada en una región inmediatamente superior a la capa de nubes principal en la atmósfera de Urano. «Si bien las líneas que estábamos tratando de detectar apenas se notaban, pudimos detectarlas sin ambigüedad gracias a la sensibilidad de NIFS, combinadas con las exquisitas condiciones en Maunakea», explica Patrick Irwin, de la Universidad de Oxford.

Los astrónomos han debatido durante mucho tiempo la composición de las nubes de Urano y si el sulfuro de hidrógeno o el amoníaco dominan la cubierta de nubes, pero carecían de pruebas definitivas en ambos sentidos. Las líneas de absorción espectroscópicas (donde el gas absorbe parte de la luz infrarroja de la luz solar reflejada) son especialmente débiles y difíciles de detectar, pero «ahora tenemos la huella digital que atrapó al culpable», dice Irwin.

Amoníaco en Júpiter

La detección de sulfuro de hidrógeno en la cubierta de nubes de Urano (y presumiblemente en Neptuno) contrasta fuertemente con los planetas gigantes gaseosos internos, Júpiter y Saturno, donde no se ve sulfuro de hidrógeno por encima de las nubes, sino amoníaco. La mayor parte de las nubes superiores de Júpiter y Saturno están compuestas por hielo de amoníaco, pero parece que este no es el caso de Urano. Estas diferencias en la composición atmosférica arrojan luz sobre la formación e historia de los planetas.

Leigh Fletcher, miembro del equipo de investigación de la Universidad de Leicester, agrega que las diferencias entre las cubiertas de nubes de los gigantes gaseosos (Júpiter y Saturno) y los gigantes de hielo (Urano y Neptuno) probablemente se produjeron durante el nacimiento de estos mundos. «Durante la formación de nuestro Sistema Solar, el equilibrio entre el nitrógeno y el azufre (y, por lo tanto, el amoníaco y el sulfuro de hidrógeno recientemente detectado de Urano) fue determinado por la temperatura y la ubicación de la formación del planeta», explica.

Otro factor en la formación temprana de Urano es la fuerte evidencia de que los planetas gigantes de nuestro Sistema Solar probablemente migraron desde donde se formaron inicialmente. Por lo tanto, confirmar esta información de composición es fundamental para comprender el lugar de nacimiento de Urano, su evolución y cómo se produjo su migración.

Moriríamos asfixiados

Si bien los resultados establecen un límite inferior para la cantidad de sulfuro de hidrógeno que rodea a Urano, es interesante especular sobre sus efectos en los humanos, incluso en estas concentraciones. «Si alguna vez un humano desafortunado descendiera a través de las nubes de Urano, se encontraría con condiciones muy desagradables», dice Irwin. Pero el hedor no sería lo peor. «La asfixia y la exposición en la atmósfera negativa de 200º C compuesta principalmente de hidrógeno, helio y metano se cobrarían su precio mucho antes del olor», concluye.

Los nuevos hallazgos indican que aunque la atmósfera puede ser desagradable para los humanos, este extenso mundo es un terreno fértil para explorar la historia temprana de nuestro Sistema Solar y quizás para entender las condiciones físicas en otros grandes mundos helados que orbitan estrellas más allá de nuestro Sol.

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