Tras la cumbre en Singapur, el Presidente estadounidense Donald Trump y el líder norcoreano Kim Jong Un enfatizaron que la declaración firmada por ambos traerá un “enorme cambio” al mundo. Sin embargo, varios analistas calificaron como “vago” el documento, lo que obligaría a poner en manos de los diplomáticos la continuación del proceso hacia el desarme nuclear de Pyongyang. Por ello, algunos gobiernos asiáticos y europeos prefirieron hablar más de un “primer paso” que de una cumbre “histórica”. Y es que tras la cita de más de cuatro horas en el Hotel Capella, muchos apuntan a un acuerdo con muchas interrogantes. En definitiva, una cumbre más bien “simbólica”.

De partida, el primer punto del acuerdo sostiene que Estados Unidos y Corea del Norte “se comprometen a establecer nuevas relaciones” bilaterales, según lo establece “el deseo de los pueblos de los dos países para la paz y la prosperidad”. En ese sentido, en la conferencia de prensa posterior a la cumbre, Trump aseguró, en relación a su encuentro con Kim, que “hemos desarrollado un lazo muy especial”. Las muestras de cordialidad de Trump con el líder norcoreano, a quien dio palmadas en los brazos, fue cuestionada en EE.UU. “Despreciar al primer ministro canadiense (en el G7) y celebrar su ‘fantástica’ relación con el dictador norcoreano es pivotar bastante sobre el papel de EE.UU en el mundo”, dijo Ben Rhodes, exasesor del Presidente Barack Obama.

“EE.UU. y Corea del Norte unirán sus esfuerzos para construir un régimen de paz duradero y estable en la península coreana”, señala en el segundo punto de la declaración. Esto es, para la firma de un acuerdo que ponga fin formal a la guerra de Corea (1950-1953) que Trump espera se produzca “pronto”. Sin embargo, para Justin McCurry, corresponsal del diario británico The Guardian, “aquí no hay un compromiso directo para formalizar esos sentimientos con un tratado de paz que reemplace el armisticio firmado al final de la Guerra de Corea en 1953”. “Eso requeriría la participación de China y otros países que tomaron parte en el conflicto”, escribió.

El tercer punto de la declaración, a juicio de los analistas, es uno de los “más problemáticos”. “Al reafirmar la Declaración de Panmunjom del 27 de abril de 2018, Corea del Norte se compromete a trabajar hacia la completa desnuclearización de la península coreana”. Así lo destaca James Acton, codirector del Programa de Política Nuclear del think tank Carnegie Endowment for International Peace. En su cuenta de Twitter lo explica así: “El lenguaje de desnuclearización es débil y carente de significado por tres razones: (Hablan de trabajar) “hacia”; para Norcorea, “la desnuclearización de la Península de Corea” no es igual a desarme unilateral, y “al reafirmar la declaración de Panmunjom, EE.UU. en efecto concede que la desnuclearización de Corea es parte del desarme global”, señaló Acton.

“Este (punto) no cumple con el largamente perseguido objetivo de Washington de desmantelamiento completo, verificable e irreversible del arsenal nuclear de Corea del Norte, sino simplemente reafirma la posición de Kim después de su cumbre con (el Presidente de Corea del Sur) Moon Jae-in”, escribió McCurry. Ankit Panda, editor de The Diplomat, portal especializado en Asia, manifiesta cuestionamientos similares. “El acuerdo no tiene ningún sentido en materia de desnuclearización y coloca a la alianza entre EE.UU. y Corea del Sur en una ruta peligrosa”, explica a La Tercera. En todo caso, Trump dijo que no retirará las sanciones hasta que la desnuclearización llegue a “un punto de no retorno”.

El último punto de la declaración señala que “Estados Unidos y Corea del Norte se comprometen a recuperar los restos de los prisioneros de guerra/desaparecidos en combate, que incluye la inmediata repatriación de los que ya han sido identificados”. A juicio de McCurry, corresponsal de The Guardian en Tokio, “A Japón le decepcionará que el texto no mencione a los ciudadanos japoneses que fueron secuestrados por agentes norcoreanos durante la guerra fría”. Según el portal militar Stars and Stripes, “los restos de unos 5.300 miembros del servicio estadounidense se encuentran desaparecidos en Corea del Norte y son potencialmente recuperables”.

Por otra parte, Trump sorprendió tanto a funcionarios militares surcoreanos como estadounidenses al anunciar tras su cumbre con Kim que pretende poner fin a los ejercicios militares conjuntos con Corea del Sur. Su justificación: cuestan “un dineral” y, además, son “una provocación”. La Casa Azul presidencial de Corea del Sur afirmó que necesitaba “determinar el significado preciso o las intenciones” de la declaración de Trump. La fuerza de EE. UU. en Corea del Sur, de casi 30.000 soldados, emitió casi de inmediato un comunicado en el que subraya que “no ha recibido instrucciones” sobre una cancelación de las maniobras. Para el exjefe de la CIA, Michael Hayden, el cese de los ejercicios militares anuales con los aliados surcoreanos constituye “una concesión significativa”.

La situación de los DD.HH. queda fuera de la declaración conjunta de Kim y Trump. Un hecho que gatilló críticas incluso desde el Partido Republicano. Paul Ryan, el portavoz de la Cámara de Representantes, tachó al régimen de “brutal” y abogó por mantener “la máxima presión económica” a base de sanciones.

Con todo, Trump abrió la puerta a una segunda “cumbre o reunión” con Kim este mismo año. En ese sentido, la agencia norcoreana KCNA informó hoy que “Kim invitó a Trump a visitar Pyongyang en un momento oportuno, y Trump invitó a Kim a viajar a EE.UU.”. “Los dos líderes aceptaron con mucho gusto las respectivas invitaciones”, agregó. Según el diario surcoreano JoongAng Ilbo, la primera cita podría llevarse a cabo en julio, mientras que la segunda se celebraría en Washington, en septiembre.

Según KCNA, la cumbre en Singapur supuso “un giro radical” en las relaciones bilaterales. Sin embargo, a juicio de Panda, “Corea del Norte termina siendo el ganador con la cumbre”. Acton, en tanto, cree que la cita “fue una farsa, y el respiro solo será temporal”.

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