Zapallar es un lugar de descanso para algunos afortunados. Grandes casas, calles polvorientas, tranquilidad envidiable y una de las mejores bahías de Chile. Pero todos estos privilegios se olvidan en la calle Moisés Chacón.

Desde el origen del balneario personas adineradas llegaron a instalarse allí. Entre ellos estaba la familia Cañas, miembros de la aristocracia chilena de principios de siglo pasado, quienes construyeron su hogar de descanso a cuadras de la playa.

Pero con el tiempo la casa fue abandonada y hubo quienes aprovecharon la oportunidad para profanarla. Además de actos vandálicos, hay quienes afirman que en el lugar se comenzaron a hacer ritos para invocar al diablo. Era común encontrar ouijas, velas y cruces invertidas, entre otros objetos, que servían para la devoción de espiritus malignos.

Pero esos ritos terminaron una vez que el terreno fue comprado por un nuevo dueño. Llegó la remodelación y personal encargado de cuidara el hogar… Ahí comenzaron los problemas.

EL “SOCIO” DE ZAPALLAR

Sombras y espectros comenzaron a aparecer en la residencia. Vasos, pinturas y vasijas caían sin explicación ante la incredulidad de los trabajadores. No obstante, cada vez que les contaron a los dueños lo que ocurría jamás fueron tomados en serio.

Por miedo, algunos cuidadores dejaron el trabajo a los pocos días y solo los más valientes se quedaron, aunque sufrieron las consecuencias por ello. La actividad paranormal se hizo más violenta, los objetos ya no caían al suelo sino que eran lanzados con fuerza contra los trabajadores. Algunos acusaban ser empujados por sombras y otros afirmaban sentir repentinas sensaciones de ahogo.

El “socio”, como llamaban a la extraña presencia los cuidadores, fue haciéndose cada vez más intenso. Tanto que incluso lo acusan de iniciar algunos incendios dentro del hogar. La sensación de inseguridad era indescriptible.

Como en una película de terror, los trabajadores recibían en la casona llamados telefónicos y al levantar el auricular solo sentían el sonido de una respiración; luces se prendían solas y aspersores de agua alterados sin que nadie los tocara en meses. Pero hubo un hecho que casi termina en tragedia.

Una de las cuidadoras enfermó gravemente. Se quejaba que alguien le apretaba el pecho y el estómago. Estando sola entró en pánico. Al querer gritar no lo podía hacer. Su garganta quedaba seca, con los ojos casi cerrados. Entre dormida, comenzó a ver a personas vestidas con trajes de época que le decían que los acompañará, que juntos visitarían la casa. Semiinconsciente no quiso seguir las palabras que la sacaban del lugar, hasta que alguien llegó a salvarla para llevarla a un recinto médico. Allí fue operada de urgencia por una apendicitis fulminante.

Los hechos continuaron  hasta que un día el espectro pareció hablar. “¡Fuera, váyanse de mi casa!”, aseguran los testigos que gritó una voz desde la oscuridad de la casa. Un aire pesado se sentía por encima de los trabajadores de la casa.

NADA NI NADIE DETUVO AL “SOCIO” EN ZAPALLAR

En todo ese tiempo, ni los santos, crucifijos, ni el Salmo 91 de la Biblia pudieron proteger a quienes habitaron ese sitio. Antes de que todo terminara en desgracia, prefirieron renunciar. Así dejaron al “socio” y sus amigos espectros otra vez solos para que hicieran del lugar lo que estimen conveniente.

Siempre que el espíritu se apareció en la casa fue descrito como una persona con traje antiguo y rostro cansado. Vigilante y enojado.

Quienes estuvieron en el lugar aseguran que estos hechos ocurrían sólo cuando estaban los trabajadores. Mientras los actuales dueños estaban en la residencia todo transcurría en tranquilidad.

La calle Moisés Chacón guarda secretos que todos en Zapallar quieren conocer. Un lugar de misterio del cual es mejor resguardarse, aunque si busca tentar al destino, el “socio” puede volver.


FUNDACIÓN

En 1889 Zapallar se convirtió en comuna. Los primeros que habitaron el sector fueron familias adineradas que tenían sus casas de verano.


¿CÓMO LLEGAR?

169 kilómetros separan Santiago de la bahía de la Región de Valparaíso. El lugar en donde ocurren los hechos está a la entrada del pueblo.

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